La “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”
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| Saludo del Papa a los fieles angoleños a su llegada a la explanada de Kilamba para la santa misa (@Vatican Media) |
En la primera
misa presidida en Angola, León XIV recuerda el dolor del país afectado por una
larga guerra civil, pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en
el camino” e insta a superar viejas divisiones para construir un futuro de
esperanza sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.
Construir un
país en el que se superen para siempre las viejas divisiones y dar un futuro de
esperanza a los jóvenes que la han perdido. Fue la invitación del Papa León en
la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de
Kilamba, esta mañana 19 de abril.
Hablando en
portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice inició su homilía
agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su
reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el
que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús
(cf. Lc 24,13-35).
Lea
el texto completo de la homilía del Papa
El Papa repasa
la escena de los dos discípulos del Señor, quienes “con el corazón lastimado y
triste” salen de Jerusalén para regresar a Emaús. “Decepcionados y derrotados”
después de haber visto morir a Jesús, en el camino “hablaban sobre lo que había
ocurrido” – dice León XIV - necesitan “compartir lo que han vivido, aunque
corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza”.
En esta escena
inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país
bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de
fraternidad”.
La
conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo
que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado
a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones,
de recursos malgastados y de pobreza.
El riesgo de
perder la esperanza y paralizarse
Ante esta larga
situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma
suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse
paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor,
también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro
lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”:
El Señor se
acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su
compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia,
a mirar más allá del dolor (…) Para nosotros, y también para ustedes, queridos
hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a
empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión
de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.
Mantener la
mirada fija en Jesús
La compañía del
Señor la experimentamos en la oración, en la escucha de su Palabra y sobre todo
“en la celebración de la Eucaristía”, recuerda el Papa, “donde nos encontramos
con Dios”. Y advierte que hay que estar “siempre atentos a aquellas formas de religiosidad
tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes,
pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos
mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”. De ahí su
exhortación:
Permanezcan
fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la
mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la
Eucaristía.
Convertirse en
pan partido para transformar la realidad
A esta certeza
de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de
aliviar las heridas y reavivar la esperanza, precisa León XIV, indicando que
también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en
cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en
cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.
Una Iglesia que
reavive la esperanza perdida
Ante los
problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza que sufre
Angola, el Papa León pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en
el camino y escuchar el lamento de sus hijos”, que “sepa reavivar la esperanza
perdida”: “obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y
laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y
ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de
construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y
solidaridad hacia quienes más lo necesitan”.
Construir la
esperanza del futuro
“Con la gracia
de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la
realidad” es el aliento del Sucesor de Pedro.
“También
nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre
las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que
la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el
compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los
numerosos jóvenes que la han perdido”
Concluyendo su
homilía, el Santo Padre exhorta a “mirar hacia el futuro con esperanza y
construir la esperanza del futuro. ¡No tengan miedo de hacerlo!"
María
Cecilia Mutual
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
