6 PISTAS PARA LLEGAR A DIOS, DEL HERMANITO JEAN-CLAUDE

El cofundador de la Comunidad del Cordero falleció el Domingo de Pascua de 2026 

Community of the Lamb

Yves Chupin, el Hermano Jean-Claude, cofundador de la Comunidad del Cordero, fallecido el Domingo de Pascua de 2026 en Francia, deja seis pistas para llegar a Dios.

Las siguen 170 Hermanitas y 40 Hermanitos, que pasaron con él sus últimos días en el lugar de encuentro internacional de la Comunidad del Cordero

1. Paciencia

“No hay prisas. Solo el amor de Dios nos apremia, y el amor de Dios es paciente, dulce y benevolente”.

Esta indicación la recibió Jean-Claude de sus hermanos franciscanos en su periodo de formación, y la recordaba décadas después. 

Acoger cómo es en realidad el Padre, que siempre espera a sus hijos, anima a decidirse por Él a pesar de las dificultades, y a perseverar.

2. Evangelio

“Por encima de todo, debemos sumergirnos en los Evangelios para ser modelados personalmente por Cristo”, invitaba.

Jean-Claude vistió siempre el hábito franciscano, y trató de seguir la invitación del Concilio Vaticano II de volver al espíritu de los fundadores.

Mientras servía como párroco en 13 pueblos de los alrededores de la ciudad francesa de Vézelay, se encontró con un grupo de dominicas enviadas para vivir en su propia congregación una experiencia de mayor oración y pobreza.

Con ellas se vinculó profundamente hasta el punto de que sus hermanos franciscanos lo alentaron a atender espiritualmente a aquellas mujeres con las que iniciaría Comunidad del Cordero.

En su acompañamiento, siempre animó a centrarse en lo esencial. “No tengas más cultura que Jesús y su Evangelio”, escribió a un Hermanito.

Jean-Claude pasaba horas en oración memorizando, repitiendo y profundizando en el Evangelio. 

3. Pobreza

“Postrarse ante el Pobre y no postrarse ante un pobre es una contradicción que hay que intentar por todos los medios extirpar de nuestra vida”, animaba.

Así como un leproso ayudó a san Francisco a abrazar a Dios, a Jean-Claude le ayudaron las personas sin techo.

Él sintió una persistente llamada a vivir como ellas y pidió con perseverancia a sus superiores poder responder. 

Finalmente, cuando tenía 50 años, el año 1982, fue enviado en misión a vivir con esos pobres día y noche, acompañado por dos franciscanos.

“Cuando lo vimos salir a la calle, no era una hazaña: era un sí al Señor”, relata una Hermanita.

Vivió entre los sin techo durante 11 años, sin actividades precisas más allá de escucharles y celebrar misa, tratando de abajarse y dejándose configurar con Cristo pobre y crucificado.

4. Confianza

Es “Jesús el autor de toda evangelización”, escribió el Hermanito Jean-Claude a una Hermanita del Cordero. 

Confiar en Cristo aparece ahora como una de las mayores riquezas que el franciscano compartió con la Comunidad del Cordero, a la que acompañaba en sus capítulos trimestrales.

En sus homilías, compartía su pasión por el Evangelio y animaba a acercarse cada vez más a Jesús el Pobre.

“¡Cuánto me gustaría morir pobre en medio de los pobres!”, confesó una noche Jean-Claude. 

Y lo logró, porque, tras pasar sus últimos años en una ermita de Saint-Pierre, falleció rodeado de los Hermanitos y Hermanitas del Cordero, la Iglesia pobre para los pobres que soñó el Papa Francisco, tan amigo de esta Comunidad.

5. Amistad

“La humildad es la clave de la amistad”, afirmaba. Y también lo vivía, cultivando y disfrutando de la vinculación con amigos de toda edad, origen y condición.

Jean-Claude “respiraba y vivía la felicidad de Dios”, destaca una Hermanita convencida de que su alegría provenía de amar como Jesús.

Cuando le acogían en una casa y le ofrecían algún servicio, él guardaba el contacto y más tarde escribía o telefoneaba. 

Su dulzura contribuía a compartir la propia historia con confianza y libertad y a establecer relaciones auténticas.

Muchos pudieron apreciar su capacidad de asombro y su “corazón universal”, expresados en sencillas expresiones como “gracias”, “maravilloso” y “cuenten con mi oración”.

6. Entrega

“La alabanza perfecta es la ofrenda de sí mismo”: lo predicó y lo vivió, donándose en la juventud y en la vejez, incluso en la debilidad más extrema.

“También yo quiero dar mi vida por mis hermanos”, repetía, invitando a entrar por la puerta estrecha del Evangelio viviendo el perdón y la caridad fraterna.

Su cuerpo sin vida será enterrado este jueves 9 de abril en el enclave francés de Saint Pierre, cerca de Prulla, el histórico monasterio donde nació la orden de predicadores. 

Patricia Navas

Fuente: Aleteia