¿QUÉ TIENEN EN COMÚN LA TRISTEZA PROFUNDA Y EL PECADO?

A veces la tristeza puede deberse a un pecado no perdonado y hasta escondido; por eso, Dios nos ayuda a superar el pasado y a no mirar hacia atrás

Lara Danielle CC

Una enfermedad muy común en este siglo es la depresión. Por supuesto que existen condiciones clínicas que se revisan para dar un diagnóstico acertado, pero al tener relación con la salud emocional no es raro que afecte la parte espiritual. Por eso deberíamos revisar nuestro pasado -y la conciencia del pecado - para localizar el posible "foco de infección".

Tristeza profunda

No se trata de sustituir la consulta con un profesional, de ningún modo, sino de revisar nuestro interior para detectar alguna situación que puede dañarnos aún de forma inconsciente o incluso que al recordarlo provoque tanto dolor que prefiramos ignorarlo.

Porque la depresión es una forma de tristeza profunda que aqueja a la persona hasta el grado de impedirle vivir en paz. Muchas pueden ser las causas, pero independientemente de algún trauma psicológico, pudiera ser el caso de algún pecado cometido y no confesado lo que nos tiene tristes e inquietos. Por eso, es aconsejable seguir estos:

1. RECONOCER

Tal vez la falta sea tan grave que nos provoque vergüenza extrema. O bien, la ocultamos para que nadie sospeche de lo que hicimos. Sea lo que sea, lo importante es reconocer que existe ese hecho y no esconderlo más, de otro modo no podrá sanar.

2. ACEPTAR

Una vez reconocido, viene la parte de la aceptación. Ya ocurrió, es momento de entender que no podemos cambiar las cosas anteriores, pero sí podemos hacer algo por lo que viene de ahora en adelante. No tengas miedo.

3. ASUMIR

Hazte cargo de tu asunto. Asumir significa responsabilizarse. Es como aquel niño que arroja una piedra y rompe un cristal. Reconoce su error, lo acepta y asume las consecuencias: soporta el regaño del padre y cubre la indemnización al afectado.

Dios no está al acecho de sus hijos para echarles en cara sus fallos, por el contrario: tiene los brazos abiertos para recibirnos con amor, pero por un mero acto de justicia debemos pagar por el mal hecho.

4. ENMENDAR

Ahora, enmienda tu error. Poner remedio a la herida infligida es lo que conviene a quien ha llegado hasta este momento. ¿Hablaste mal de alguien y se vio afectada su buena fama? habla bien y exalta sus virtudes. Si robaste, devuelve. Si mataste, haz penitencia. Si fuiste infiel, pide perdón y conviértete en el mejor de los hombre o mujeres.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

"Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo posible para repararlo (por ejemplo, restituir las cosas robadas, restablecer la reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas).

La simple justicia exige esto. Pero además el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó" (CEC 1459) .

Acude a la confesión

Pero para poder lograrlo, es indispensable confesarse. No hay bálsamo más reparador que la gracia devuelta al alma que estaba muerta por el pecado.

"Toda la fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda amistad" (Catecismo Romano, 2, 5, 18). El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios.

En los que reciben el sacramento de la Penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, "tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual" (CEC 1468).

Sigue estos pasos con todo esmero y verás que tu depresión pronto desaparecerá.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia