Cada vez que fijamos nuestra mirada en Jesús colgado en un crucifijo, podemos recordar cuánto amor y paciencia tuvo por aquellos que lo mataron
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| Zvonimir Atletic | Shutterstock |
Cada vez que
vemos un crucifijo deberíamos pensar en que Jesús nos pide amar al enemigo. En teoría, es
fácil "amar a tus enemigos", pero cuando se trata de poner
nuestra fe en práctica, es otra cosa muy distinta.
Los
"enemigos" pueden abarcar una amplia variedad de personas con las que
nos encontramos a diario. Podría ser la persona que nos corta el paso en la
autopista o que nos da un pulgar hacia abajo en las redes sociales.
Incluso podrían
ser famosos o figuras políticas con los que no estamos de acuerdo, personas que
se encuentran en el extremo opuesto del espectro político.
En muchos de
estos casos, simplemente no nos vemos capaces de amar a esa otra persona. Son
nuestros enemigos y, en secreto, quizá deseemos que pierdan su influencia y su
poder de golpe.
Sin embargo,
Jesús nos ha desafiado a amarlos y a perdonarlos activamente por cualquier mal
que hagan.
Mira al
crucifijo
San Elredo sugiere
en su Espejo del amor que dirijamos nuestra mirada hacia Jesús
y su Pasión y aprendamos de él:
"La
perfección del amor fraternal reside en el amor a los enemigos. No podemos
encontrar mayor inspiración para ello que el recuerdo agradecido de la
maravillosa paciencia de Cristo. Él, que es más hermoso que todos los hijos de
los hombres, ofreció su hermoso rostro para que los pecadores lo escupieran;
permitió que aquellos ojos que gobiernan el universo fueran vendados por
hombres malvados; desnudó su espalda para recibir los azotes; sometió esa
cabeza que infunde terror en los principados y potestades a la agudeza de las
espinas; se entregó para ser burlado y vilipendiado, y al final soportó la
cruz, los clavos, la lanza, el hiel, el vinagre, permaneciendo siempre gentil,
manso y lleno de paz".
Va más allá en
su reflexión y nos exhorta a mirar a Jesús y cómo incluso puso excusas a sus
enemigos:
"No
bastaba con rezar por ellos: también quería disculparlos. Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen. Son grandes pecadores, sí, pero tienen poco
juicio; por eso, Padre, perdónalos. Me están clavando en la cruz, pero no
saben a quién están clavando en la cruz: si lo hubieran sabido, nunca habrían
crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Creen que es un
transgresor de la ley, un impostor que dice ser Dios, un seductor del pueblo.
He ocultado mi rostro de ellos, y no reconocen mi gloria; por eso, Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Fijar la
mirada en el Salvador
San Elredo
concluye escribiendo: "Si [un alma] desea evitar que este fuego del amor
divino se enfríe a causa de las heridas recibidas, que mantenga los ojos de su
alma siempre fijos en la serena paciencia de su amado Señor y Salvador".
Jesús nos dio
el ejemplo supremo de amar a nuestros enemigos, incluso a aquellos que nos
hacen daño físico. Él nos muestra el camino a seguir, desafiándonos a no odiar
a nuestros enemigos, sino a amarlos e incluso a disculparlos.
Esto no
significa que debamos apoyar las malas acciones de nuestros enemigos, sino que
debemos ser amables y compasivos con ellos. Debemos desear que se salven y que
algún día entren por las puertas del Cielo.
Debemos desear
que estén en el Cielo con nosotros, alabando a Dios por su infinita
misericordia.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia
