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| Un momento del «Madrid Live Meeting» organizado en 2024 por la archidiócesis de Madrid |
La pujanza de los nuevos movimientos eclesiales que, en obediencia a lo que perciben como soplo del Espíritu y con un lenguaje desacomplejado y fiel a la tradición evangelizadora de la Iglesia, han transformado la realidad sociológica de España, ha merecido la atención de la Conferencia Episcopal Española, que acaba de publicar la Nota doctrinal Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón), refiriéndose a ellos.
Se trata de un
documento elaborado por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la CEE, «sobre el papel de las emociones en el acto de la fe».
Y en ella, los obispos evidencian cómo «en los últimos años se aprecian signos
que indican un renacer de la fe
cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada
'generación Z'».
Un renacer que, sin
embargo, no está exento de peligros, especialmente, según la CEE, «el riesgo de un reduccionismo 'emotivista' de
la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y
buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual».
Sin citar ningún movimiento ni diócesis
En la Nota, los
obispos evitan citar de forma explícita a ningún movimiento concreto. Algo no
frecuente en las publicaciones de Doctrina de la Fe, que tiende a corregir de
forma concreta a aquellos autores o movimientos que se desvían de la recta
ortodoxia eclesial, precisamente para evitar que la «sombra de la
sospecha» pueda recaer en quien no debe y salvaguardar la fe de los
fieles.
No
obstante, los obispos parecen estar refiriéndose a nuevos métodos que
generan una enorme atracción, como los empleados por realidades como Hakuna,
Effetá, Emaús, Alpha o los grupos de la Renovación
Carismática. Sin embargo, en los eventos y encuentros de ese tipo de
realidades se aprecian unas formas casi idénticas –aunque, eso
sí, con muy diferente afluencia de público–, a las que han
empleado las propias diócesis españolas en eventos como Betel,
que lleva a cabo la archidiócesis de Barcelona, el WoW Fest que
organizaron de forma conjunta las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá, el Madrid
Live Meeting que llevó a cabo la archidiócesis madrileña en 2024, o
la PEJ 2022 que se celebró en Santiago de Compostela,
organizada por la propia Conferencia Episcopal.
El peligro del «abuso espiritual»
Sea como
fuere, y bien se refieran a realidades no diocesanas, bien sea
una autocrítica hacia sus propios métodos pastorales, como
explican los prelados que integran la Comisión de Doctrina de la Fe, el
excesivo peso del lenguaje emotivo en las expresiones de la fe puede alejar del
verdadero encuentro con Cristo, y derivar en un «bombardeo emocional», que
puede «llegar a considerarse una forma de 'abuso espiritual'».
E incluso
detallan cómo este tipo de «abusos espirituales» pueden incurrir en formas de
«presión emocional del grupo», para que «los individuos se vean obligados a
sentir lo mismo que los demás, para no automarginarse de la experiencia».
También
piden estar especialmente alerta para evitar que haya grupos de naturaleza
sectaria, ajenos a la verdadera vida de la Iglesia, que se sirvan de «la
utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas, que
desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio
sobre las conciencias, anulando la autonomía de las personas, o para
cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad
moral».
«Abusos litúrgicos» y uso del Santísimo
De forma
especialmente prolija con respecto al resto de puntos de la Nota, los obispos
llaman la atención sobre los posibles «abusos litúrgicos», sobre todo en el
contexto de la adoración eucarística.
«Las
iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración
'espiritualista' desencarnada o unas celebraciones litúrgicas
intimistas y efectistas», explican. Y alertan de que «se corre el peligro
de reducir la liturgia a un mero 'devocionalismo' que potencia el subjetivismo
sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental».
De nuevo
sin citar realidades concretas que puedan ser identificadas por los fieles, los
obispos alzan la voz para denunciar genéricamente cómo «en algunos ambientes
se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo
prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que
desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo
Sacramento».
Y señalan
cómo «el sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el
respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas, que evitará el
subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso
de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual».
La creatividad del Espíritu
Al más
puro estilo de la parábola evangélica del trigo y la cizaña, y también en
consonancia con las palabras del Papa Francisco que decía preferir «una Iglesia
accidentada a una Iglesia enferma por no moverse», los obispos destacan
que este tipo de riesgos se producen, precisamente, por el reverdecer
de la fe en nuestro país.
Un
reavivamiento, además, que no parte –según asegura la Nota de la CEE– de ningún
tipo de audacia eclesial o episcopal, sino de la propia acción de Dios: «La
Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el
Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones
eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o
la revitalización de su fe», aclaran.
Y ponen
en valor cómo «estos nuevos métodos o herramientas de evangelización
representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como
Madre, vuelve una y otra vez a 'ponerse en camino para rescatar a los hombres
del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de
Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud'», apunta la Nota.
Llamar a la conversión, no a la emoción
Los
obispos también destacan la importancia de que los llamados «encuentros de
impacto», así como cualquier otro tipo de acción evangelizadora, no se limiten
a «acompañar» a la persona dejándola en su misma situación vital,
ni a generar emociones, sino que deben proponer una llamada real a la
conversión de vida.
«En todos
estos métodos –señala el documento–, en mayor o menor grado, tienen un peso
importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer 'impacto'
en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo». Sin
embargo, «a ello le ha de seguir la configuración de la vida de los
cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado
como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo», indican.
Porque «el
anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino
testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de
transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida»,
indica la Nota.
Años volcados en lo social y lo teórico
Los
obispos también reconocen que este «vuelco emotivista» que perciben en los
jóvenes puede haberse producido como resultado de la desatención a la
vida espiritual que se ha dado en las décadas anteriores, y en las que el
discurso eclesial se centraba, sobre todo, en la acción solidaria y en la
reflexión teórica.
«En
determinados momentos de la historia de la Iglesia –reconocen– la
balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas
verdades reveladas, o al compromiso y a la acción, con
incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la
catequesis o el apostolado».
Tras ese
tiempo de «asentimiento intelectual» y de llamada «al compromiso y a la acción»
solidaria, ahora, «en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo
emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno
de los 'signos de los tiempos' o una llamada que anima a recuperar la
importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en
la vida cristiana».
Seis criterios de discernimiento
Lejos de
quedarse en una mera disertación teórica, los obispos aportan en su nota una
serie de seis criterios para «ayudar al discernimiento y
acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas, para que puedan
crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a
la Iglesia».
En
concreto, el anuncio trinitario del kerygma, la llamada a asumir la cruz, la
formación, la apertura a todas las realidades eclesiales, el ejercicio de la
caridad, y el cuidado de la liturgia. Y los desgranan.
En primer
lugar, los obispos proponen recuperar una evangelización centrada en
el anuncio del kerygma: la muerte y resurrección de Jesús,
hijo de Dios Padre, y su presencia en la Iglesia a través del Espíritu Santo.
Así, un
modo de evitar que haya grupos que presenten como «evangelización» otro tipo de
discursos de carácter no eclesial, o que traten de desviar el foco hacia
personas (fundadores, líderes, etc.), es garantizar «que la oración cristiana
no pierda su identidad trinitaria, y que el primer anuncio, así como
los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la
acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre».
En segundo
lugar, los obispos piden que la evangelización no oculte la dimensión
de sacrificio que entraña la conversión del corazón (y que suele
implicar un cambio radical en la forma de vida de la persona). «A una fe basada
solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz»,
pero «no se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar
en nuestra carne los sufrimientos de Cristo».
Por eso,
explican que «el encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su
persona y su mensaje», sin dulcificarlo ni mutilarlo. «No hay encuentro con
Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo,
pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina».
Y de ahí
que insistan, como tercer aspecto, en la importancia
de la formación como «medio primordial que permite integrar la verdad
en el amor». «Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su
profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un
acto vacío y ciego», añade la Nota.
Los
obispos también indican que una cuarta «piedra de toque» para
los grupos evangelizadores es no encerrarse en sí mismos, ni
reclamar una suerte de «pureza de sangre» o una superioridad moral frente al
resto de la Iglesia: «Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el
carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la
Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la
riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos
evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir
que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para
otros», indican.
El
compromiso en la vida pública
Como quinto
criterio, la Nota señala la importancia de que el encuentro con Cristo
que propician este tipo de nuevas realidades eclesiales cristalice en un compromiso
público concreto, tanto por la vía de la caridad directa como
por la vía de la presencia pública de la fe.
«La fe no
puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en
la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que
transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no
somos capaces de 'tocar la carne de los últimos', no estamos siendo fieles al
Evangelio», afirma categóricamente el documento episcopal.
Y matiza
que «el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el
ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más
pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la
paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento
para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas
eclesiales».
Por
último, el sexto criterio de discernimiento es respetar
y cuidar «la belleza de la liturgia» no como un aspecto
«meramente formal», sino como un modo de entrar «en el misterio de Dios». «Por
eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y
gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante Él y a adentrarnos en su
belleza».
Además de
recordar la importancia de que todos los nuevos movimientos y realidades
eclesiales se sometan a la autoridad de los obispos, la Conferencia Episcopal
concluye invitando a todos los fieles a «abrazar la fe en la totalidad de
sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y
los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia
creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo 'de corazón a
corazón'».
José Antonio Méndez
Fuente: El Debate
