León XIV recibe a los miembros del Movimiento de los Focolares que participaron en la Asamblea General y los exhorta a mantener vivo “el carisma de la unidad” de la fundadora Chiara Lubich, como un signo para un mundo marcado por la violencia y la barbarie
El Santo Padre con los participantes en la Asamblea General del Movimiento de los Focolares |
El Pontífice
invita además a la transparencia y a la participación de todos dentro de la
comunidad, y agradece a los numerosos focolares que “con dedicación heroica,
continúan viviendo en el mundo una vida de oración, diálogo y trabajo”.
El Papa León
XIV recibió en audiencia este sábado 21 de marzo a los participantes de la
Asamblea General del Movimiento de los Focolares (Obra de María), que se
celebra del 1 al 21 de marzo en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, cerca
de Roma. El encuentro reunió a 320 participantes de 150 países. En dicho
contexto, Margaret Karram fue reelegida presidenta para un segundo mandato, y
el nuevo copresidente es el padre Roberto Eulogio Almada, sacerdote
ítalo-argentino. Además, fueron elegidos los 20 consejeros y consejeras
generales del Movimiento.
Se trata de la
cuarta Asamblea tras la muerte de la fundadora Chiara Lubich (1920-2008), a
quien el Pontífice evocó
al inicio de su discurso al destacar el carisma que dio forma a la
comunidad: la unidad entre todos los seres humanos, fruto y reflejo de la
unidad de Cristo con el Padre: “Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, lo
eres en mí, y yo en ti”.
El Obispo de
Roma subrayó que se trata de “una semilla simple, pero poderosa”, capaz de
atraer a miles de personas, suscitar vocaciones, generar un impulso de
evangelización y promover obras sociales, culturales y económicas, así como el
diálogo ecuménico e interreligioso.
Asimismo,
resaltó que hoy existe "una gran necesidad de esta levadura de
unidad", pues el veneno de la división y del conflicto tiende a contaminar
los corazones y las relaciones sociales, "y debe ser combatido con el
testimonio evangélico de la unidad, del diálogo, del perdón y de la paz".
“También a
través de ustedes, Dios ha preparado, en las últimas décadas, un gran pueblo de
la paz, que justamente en este momento histórico está llamado a servir de
contrapeso y de barrera frente a tantos sembradores de odio que llevan a la
humanidad de vuelta a formas de barbarie y violencia.”
Más allá del
testimonio de unidad, prosiguió el Santo Padre, el Movimiento tiene la
responsabilidad de mantener vivo el carisma tras la muerte de Chiara Lubich. En
esta etapa, que también marca un relevo generacional, los miembros están
llamados al discernimiento para comprender qué aspectos del apostolado deben
conservarse o abandonarse. Esto requiere transparencia, pero también
fraternidad, sinceridad, franqueza y, sobre todo, humildad por parte de todos
los miembros del Movimiento.
“Chiara Lubich
afirmaba que la premisa de toda norma es la caridad”, recordó el Papa,
subrayando la importancia de la libertad personal y de la escucha de la propia
conciencia, ya que la unidad no debe vivirse como uniformidad de pensamiento,
de opinión ni de estilo de vida.
El Sucesor de
Pedro concluyó su alocución agradeciendo al Señor por “la gran familia
espiritual que nació del carisma de Chiara Lubich”, y por los focolares que,
“muchas veces con dedicación heroica”, continúan viviendo en todas partes del
mundo una vida de oración, trabajo, diálogo y evangelización.
“Los animo a
continuar su camino y los bendigo de corazón, invocando sobre todos ustedes la
intercesión de la Virgen María, para que los proteja y los acompañe siempre con
su ayuda materna. ¡Gracias!”
Bianca
Fraccalvieri
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News