EL AMOR TIENE UN PRECIO Y TAL VEZ NO LO SABÍAS

El amor no es lo que imaginamos: una hermosa historia con un final feliz. Amar tiene un precio y a veces es tan alto que vale la pena sacrificarse

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Nos acostumbramos a ver en las historias ficticias que el amor romántico termina con un final feliz. ¡Ah! y además, el personaje malo paga el precio de sus fechorías con un terrible castigo. Pero, ¿eso es amar de verdad? ¿Acaso el sufrimiento va en contra de bien?

EL precio de amor

Innegablemente, nadie desea sufrir en esta vida. Hacemos todo lo posible para eludir el dolor. Por eso no nos extrañemos de las decisiones que se están tomando en muchos países para quitarle a la gente los problemas que conlleva la vejez, las enfermedades y los bebés inesperados, entre otras situaciones que ahora se califican como "males" para la sociedad.

Así mismo, para entender el verdadero amor hay que dirigir la mirada hacia Jesús. Él nunca prometió que viviríamos sin sufrimiento, por el contrario, a sus discípulos los previno para que esperaran persecuciones, maltratos y vejaciones. Porque el cristiano no puede ser menos que su Maestro.

Él pagó el precio más alto que podría darse por causa del infinito amor que Dios nos profesa: la sangre de su único Hijo, porque ninguna riqueza en el mundo puede superarla en valor.

La verdadera prueba del amor

En efecto, dice san Pablo que "el amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Cor 13, 7). De ninguna manera leemos que nunca habrá sufrimiento y que todo será de color de rosa. Eso se lo dejamos a los cuentos de hadas.

Cristo pagó por nuestros pecados con dolor infinito, solo por amor a nosotros. Él nos ha puesto el ejemplo. Es por eso que en la época de la comodidad, nos asustan las palabras que nos enfrentarán con la vida. Pero no hay Resurrección sin Viernes santo.

Negarnos a nosotros mismos será la prueba del verdadero amor hacia Dios y al prójimo. Y se traduce en hacer el bien, en preferir a los demás antes que a nosotros. Como el hermano mayor que fingía beber leche de la botella para que su hermanito saciara su hambre.

El amor es entrega, sacrificio y don de sí. Solo así se explica que la madre y el padre trabajen tantas horas para alimentar a sus hijos. Pero todas estas acciones deben estar inspiradas en la prueba suprema del amor: Jesucristo crucificado por el perdón de nuestros pecados.

No quedaremos sin recompensa

Por eso, después del sufrimiento vendrá la recompensa. Con gran esperanza escuchemos al Apóstol Pablo:

 Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por él no serán vanos (1 Cor 15, 58).

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia