Después de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy consideraremos su forma jerárquica
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| Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News |
El Papa
continuó con su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano
II y centró su reflexión en el tema: "Constitución dogmática Lumen
gentium. Sobre el fundamento de los Apóstoles. La Iglesia en
su dimensión jerárquica (Lectura: Ef 2,19-20)". Lea aquí las reflexiones
del Pontífice durante la Audiencia General de este miércoles.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Continuamos con las catequesis sobre los documentos del Concilio
Vaticano II, comentando la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la
Iglesia (LG). Después de haberla presentado como pueblo de Dios, hoy
consideraremos su forma jerárquica.
La Iglesia Católica encuentra su fundamento en los apóstoles,
que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico; y posee una
dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de la
santificación de todos sus miembros.
Este Orden sacro está permanentemente fundado sobre los
apóstoles (cfr. Ef 2,20; Ap 21,14) en cuanto testigos autorizados de la
resurrección de Jesús (cfr At 1,22; 1Cor 15,7) y enviados por el Señor mismo en
misión al mundo (cfr. Mc 16,15; Mt 28,19).
Como los apóstoles están llamados a custodiar fielmente las
enseñanzas salvíficas del Maestro (cfr. 2Tm 1,13-14), transmiten su ministerio
a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e
instruyendo la Iglesia «gracias a aquellos que les suceden en su ministerio
pastoral» (CIC, n. 857).
El capítulo III de la Lumen Gentium, titulado Constitución
jerárquica de la iglesia, y particularmente del episcopado, profundiza en esta
sucesión apostólica fundada en el Evangelio y en la Tradición. El Concilio
enseña que la estructura jerárquica no es una construcción humana que sirve
para la organización interna de la Iglesia como cuerpo social (cfr. LG, 8),
sino que es una institución divina que tiene como finalidad perpetuar hasta el
final de los tiempos la misión que Cristo dio a los apóstoles.
El hecho de que esta temática se afronte en el capítulo III,
después de que en los dos primeros se ha contemplado la esencia verdadera y
propia de la Iglesia (cfr. Acta Synodalia III/1, 209-210), no implica que la
constitución jerárquica sea un elemento sucesivo respecto al pueblo de Dios:
como nota el Decreto Ad gentes, «los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo
Israel y, al mismo tiempo, origen de la sagrada Jerarquía» (n. 5), en cuanto
comunidad de los redimidos por la Pascua de Cristo, establecida como medio de
salvación para el mundo.
Para captar la intención del Concilio, es oportuno leer bien el
título del capítulo III de Lumen gentium, que explicita la estructura
fundamental de la Iglesia, recibida de Dios Padre mediante el Hijo y llevada a
cumplimiento con la efusión del Espíritu Santo. Los Padres conciliares no
quisieron presentar los elementos institucionales de la Iglesia, como podría
dar a entender el sustantivo “constitución” si se entiende en el sentido moderno.
El documento se concentra, en cambio, en el «sacerdocio
ministerial o jerárquico», que difiere «esencialmente y no sólo en grado» del
sacerdocio común de los fieles, y recuerda que «se ordenan el uno al otro, pues
ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo» (LG, 10). Así, el
Concilio trata el ministerio que se transmite a hombres que son investidos de
sacra potestas (cfr. LG, 18) para el servicio en la Iglesia: se detiene,
especialmente, en el episcopado (LG, 18-27), y luego en el presbiterado (LG,
28) y el diaconado (LG, 29) como grados del único sacramento del Orden.
Con el adjetivo “jerárquica”, por tanto, el Concilio quiere
indicar el origen sacro del ministerio apostólico en la acción de Jesús, Buen
Pastor, así como sus relaciones internas. Los obispos, ante todo, y, a través
de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en latín,
munera) que los llevan a estar al servicio de «todos cuantos pertenecen al
Pueblo de Dios» para que «tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin,
alcancen la salvación» (LG, 18).
La Lumen gentium recuerda varias veces y de manera eficaz el
carácter colegial y de comunión de esta misión apostólica, reafirmando que «el
encargo que el Señor confió a los pastores de su pueblo es un verdadero
servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diaconía, o
sea ministerio» (LG, 24). Se comprende entonces por qué San Pablo VI presentó
la jerarquía como realidad «nacida de la caridad de Cristo para realizar,
difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del
ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia» (Disc. 14
de sept. de 1964, en Acta Synodalia III/1, 147).
Queridas hermanas y queridos hermanos, pidamos al Señor que mande a su
Iglesia ministros que sean ardientes en la caridad evangélica, estén entregados
al bien de todos los bautizados y sean misioneros valientes en todos los
lugares del mundo.
Papa León XIV
Fuente: ACI Prensa
