Elegir es un ejercicio diario, pero hay que aprender que si elegimos bien, aún con los inevitables altibajos la vida siempre será mejor. Sigue estos consejos
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| Shutterstock/StunningArt |
A diario hay
que hacer elecciones: eliges entre desayunar huevos o cereal, tomar el autobús
o salir en auto, ir por la misma ruta o por un atajo, llevar abrigo o algo más
ligero, en fin. De cada decisión resulta una consecuencia. Pero cuando se trata
de la parte espiritual, hay que aprender que debemos elegir bien porque
podríamos jugarnos hasta la salvación. Para reflexionarlo mejor te dejamos
algunos consejos.
1. Educa tu
voluntad
Los humanos
solemos elegir entre lo que perciben nuestros sentidos, esa ha sido la forma en
la que aprendimos a reconocer olores, sabores, sonidos, texturas, escenas
bellas… por eso, existe una sentencia que dice que "las apariencias
engañan".
Es importante
recordar que nuestra voluntad define qué vamos hacer en la vida y las
elecciones que tomamos a diario. Por eso, educar la voluntad significa usar
esta potencia del alma para ordenar nuestra conducta tomando la decisión que
más se apegue al bien.
Un ejemplo
bastante trillado puede ser la persona que se pone a dieta. Necesita mucha
"fuerza de voluntad" para no autocomplacer su antojo por la comida y
vencer los malos hábitos que ha llevado durante mucho tiempo para no romper su
buen propósito. De lo contrario nunca bajará de peso.
En lo
espiritual recordemos que Cristo narró una parábola en la que un señor dio a
sus servidores diferentes cantidades de dinero. El que recibió una moneda la
enterró. El señor lo castigó porque no fue fiel en lo poco.
Para ser fieles
en lo mucho, en nuestro caso como cristianos, será obedecer a Dios y servirle
fielmente, haciendo uso de nuestros talentos para alcanzar la salvación. Pero
para eso necesitamos una buena dosis de voluntad fuerte y educada.
2. Acepta la
Palabra de Dios con integridad
Unido al punto
anterior está la obediencia a la Palabra de Dios y sus mandamientos. Por eso es
necesario formar nuestra fe para decidir el mayor bien, porque para el
cristiano, elegir el mal nunca debe ser una opción.
No existe un
mal menor. Así es que, todo lo que atente contra los mandatos de Dios -
especialmente si tienen que ver con la vida - está en contra de Su voluntad.
Por eso debemos
aceptar la Palabra de Dios con integridad y no manipular los mandamientos;
creámoslo bien y entendámoslo claramente: son eternos y nunca pasarán de moda
ni la Iglesia tiene poder para modificarlos. Seamos dóciles a la voz de Dios.
3. Niégate
algunos gustos
Otra manera de
ayudarnos a fortalecer nuestro espíritu es sacrificarse un poco. No se trata de
imponernos castigos corporales que atenten contra nuestra integridad, sino de
algo más simple: niégate algunos gustos.
Puede ser que
se nos antoje un helado, ver algún programa, consultar las redes sociales, en
fin, comer o hacer algo que nos cause placer y que podamos prescindir de ello
por unas horas o hasta días. Esas pequeñas acciones agradan a Dios y nos hacen
más fuertes.
Y por supuesto,
no te pongas en riesgo. Si tienes alguna debilidad grave, nada tienes que hacer
en donde sabes que peligrarás porque es casi seguro que cederás a la tentación.
Es como aquel
hombre que, a sabiendas de que tenía un problema de alcoholismo conservaba las
mismas amistades malas que no dejaban de invitarlo a beber. Tenía el firme
propósito de dejar el vicio pero no cortaba don las malas influencias.
4. Medita la
Palabra de Dios
Dios no pide
imposibles. Cada vez que tengas oportunidad lee un pasaje del Evangelio y
medita la Palabra del Señor. Él te hablará hasta lo más profundo de tu corazón.
Entonces tendrás claro que debes hacer para continuar con tu vida, pero llena
de Él y haciendo las obras que le agradan, amando al prójimo como a ti mismo.
5. Confiésate
a menudo
Por último, el
consejo que el católico nunca deberá ignorar porque le ayudará a mejorar en
todos los aspectos de su vida: la confesión frecuente, con plena confianza en
la misericordia de Dios.
El que revisa
su conciencia cada noche y se prepara reflexionando sobre su vida hará una
buena confesión. Es muy útil utilizar una guía y, si es necesario, anotar los
pecados y las veces que se han cometido para decirlos al sacerdote sin olvidar
ninguno.
Haz un
propósito firme de enmienda para que poco a poco, esa falta que se ha
convertido en tu talón de Aquiles se vaya debilitando hasta vencerla por
completo.
Es obvio que la
vida nos depara situaciones alegres y tristes, problemas y desencantos, pero si
elegimos bien seremos más felices y estaremos satisfechos porque nuestros
esfuerzos estarán encaminados a cumplir con la voluntad de Dios, que siempre
será la mejor elección.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
