Los niños pueden llegar a hacer mucho ruido durante la Santa Misa y esto es un desafío... y no sólo para los padres
![]() |
| © Shutterstock |
Los niños
pueden llegar a hacer mucho ruido, y esto plantea un desafío para tres grupos:
el clero, los padres y el resto de la congregación. Esta es una duda que
ronda la cabeza de muchos con regularidad, y ha sido puesta en discusión por el
obispo de Arundel y Brighton, como se informa en el Daily Telegraph.
Los niños
pueden llegar a hacer mucho ruido, y esta pregunta plantea un desafío para tres
grupos de personas:
El clero
En primer
lugar, el clero. Puede ser un agente distractor para el sacerdote
cuando, a mitad de la Oración Eucarística, un niño comienza a llorar a todo
pulmón. Algunos sacerdotes, ancianos en particular, podrían encontrar esto como
un gran obstáculo para lograr que la oración sea más o menos posible.
Esto puede ser
cierto en algunas iglesias modernas que tienen una terrible acústica que
magnifica cada ruido, y más aquellos que son agudos. Uno se siente un poco mal
por el clero, al menos una parte del tiempo, pero lo que realmente deben hacer
es muy simple: sonreír, soportarlo y seguir adelante.
Deben elevar
la mente y el corazón a Dios, y continuar como si
estuvieran en la capilla más silenciosa del convento. Después de todo, muchos
sacerdotes celebraron misa en campos de batalla con
proyectiles estallando alrededor de ellos, y claramente continuaron sin
quejarse.
Si el sacerdote
detiene la misa y exige que el niño se vaya, y esto sucede a veces, hay que
decirlo, esto llevará a los padres a la vergüenza pública y
asegurará que nunca regresen a la iglesia. Además de eso, los padres no
necesitan saberlo, ellos ya saben que el comportamiento del niño no es el
adecuado, y ya están, probablemente, haciendo todo lo posible para mantenerlo
callado.
Los padres
¿Qué deben
hacer los padres? Ellos son el segundo grupo a ser desafiado por el
niño. Ellos probablemente están haciendo todo lo que pueden ya; después de
todo, viven con su hijo a tiempo completo. Son expertos en gestión de niños.
Ellos podrían
sacar al niño si es posible hacerlo en silencio y discretamente, porque a veces
esto crea más bullicio de lo que ahorra.
Pueden sentirse
muy avergonzados por el comportamiento de su hijo, y el sacerdote debe dejarles
claro que realmente no importa. Después de todo, una iglesia
extremadamente tranquila también sería una iglesia muerta, y más si estuviera
libre de niños.
El resto de
la congregación
Esto nos lleva
al tercer grupo de personas: el resto de la congregación. Podrían
sentirse tentados a sentirse orgullosos, y un poco presumidos, al ver a la
madre y el padre tratando de controlar a dos o tres niños aparentemente
incontrolables, y piensan que sus propios hijos, ahora adultos mayores, se
comportaban mucho mejor en sus días. Bueno, tal vez lo hacían, porque en sus
días no había televisores en todas las paredes de la casa, y las cosas eran
mucho más tranquilas en general.
Por experiencia
propia sé que en África, los niños se comportan perfectamente en la iglesia, y
a menudo se sientan durante misas muy largas sin inquietarse, pero sus poderes
de concentración no se han arruinado de la misma manera que los de los niños
occidentales.
Pero la presunción sobre
cómo sus propios hijos nunca se habrían comportado así, jamás es correcta. El
resto de la congregación necesita transmitir a los padres luchadores que no
desaprueban a sus hijos, que los niños son bienvenidos, que simpatizan y
que están dispuestos a dar una mano si es necesario.
Unidad en la
congregación
Esto último es
bastante importante. Si un niño se separa del grupo familiar y se dirige a la
vela votiva, por ejemplo, cualquier adulto podría intervenir, sobre
todo si los padres están ocupados con sus otros niños. Todos necesitamos
ayudar y todos tenemos que asumir la responsabilidad.
Si una madre
tiene varios niños hiperactivos con los que literalmente está luchando ella
sola, ¿por qué no ofrecer sentarse con ella y darle una mano? Esto no sucede
con tanta frecuencia, por lo que puedo ver, y realmente es una lástima.
La gente suele
decir que no se conocen, lo que hace las cosas incómodas, o que sienten que las
ofertas de ayuda serían intrusivas. Esto en sí mismo es una señal de que la
congregación no se ha gelificado, que son un grupo de extraños. Si conocen al
niño en cuestión, creo que sería mucho menos probable que se sintieran
incómodos si ese niño hace ruido. Los extraños a menudo se molestan, los amigos generalmente
son más tolerantes.
Tenemos que
hacer que la gente se sienta bienvenida. Las personas a las que se le da la
bienvenida incluyen a niños y a sus padres. Una iglesia que da la bienvenida a
los niños será una iglesia acogedora, en la cual todas las
personas, con o sin hijos, se sentirán felices.
Artículo publicado
por Píldoras de fe
Fuente: Aleteia
