Creó, desde un principio, al hombre y a la mujer, ambos dotados de dones increíbles, pero después del pecado original, ¿por qué Dios nos hizo iguales a Él?
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| No-Te Eksarunchai |
Dios nos ama
infinitamente, tanto que no dudó en rescatarnos del terrible pecado original
que desencadenó todos los demás pecados que la humanidad comete a diario, sin
embargo, quiso hacernos iguales a Él en vez de exterminarnos para
escarmentarnos por nuestra soberbia y desobediencia, ¿por qué lo hizo?
El infinito
amor de Dios
El Génesis nos
presenta la historia de la creación, en la que expone claramente que Dios hizo
todo el universo para el ser humano, a quien creó a su imagen y semejanza (Gn 1,
26-27).
El papa León
XIV ha explicado en la catequesis de la Audiencia General del miércoles 14 de enero de 2026 que
"Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a
Él en su Hijo".
El Papa afirma:
"...
en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de
nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza
mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5),
sino en la relación con el Hijo hecho hombre".
Lo que en un
principio era imposible para el hombre, Dios lo quiso hacer en su Hijo Jesús.
Por eso, ya no somos llamados "siervos" sino "amigos".
Desde ese
momento, nada podrá separarnos de su amor, agrega León XIV:
"En la
Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir
a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera
definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su
amor".
Cultivemos
la amistad con Dios
Pero así, como
en la amistad humana, la relación con Dios "se alimenta del intercambio de
palabras verdaderas". El Pontífice agrega que "la Constitución Dei Verbum nos recuerda
también esto: Dios nos habla. Y afirma que "la palabra posee una dimensión
reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos
revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él".
Ese diálogo se
realiza, primero, mediante la escucha "para que la Palabra divina pueda
penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones".
Y nosotros
"al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle
lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos".
De ahí la
necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la
amistad con el Señor.
Hablémosle
en la oración
León XIV expone
cómo se realiza la oración:
"Primeramente,
en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes
decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos
habla por medio de la Iglesia".
Pero no es
todo, también hay que hacer "oración personal, que tiene lugar en el
interior del corazón y de la mente" por eso el cristiano debe dedicar
tiempo durante su jornada y en semana a "la oración, a la meditación y a
la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también
hablar de Él".
El Papa deja
una última enseñanza:
"Si
Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla,
cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra
salvación".
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
