Hace unos años, la parroquia del Buen Suceso en Madrid (España) puso en marcha una pastoral de apoyo al duelo perinatal, para acompañar a los padres de hijos fallecidos en el periodo de vida gestacional o poco después del parto
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| Cada vela representa a un hijo fallecido y presentado en el templo. | Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa. |
El
acompañamiento espiritual culmina en la fiesta de la Presentación del Niño en
el Templo, que este año se ha celebrado también en otras dos parroquias de la
Archidiócesis de Madrid (San Alberto Magno y Santa María de la Merced, en Las
Rozas), la parroquia de Nuestra Señora de la Bonanova en Barcelona, la de San
Braulio en Zaragoza y la de San Antonio de Padua en Algeciras.
Mariana y
Archibald conforman un joven matrimonio que, hace unos meses, compartía
con alegría la noticia de que estaban esperando un hijo. Sin embargo, la
providencia tenía otros planes: "Perdimos a nuestro hijo a las nueve
semanas de gestación. Fue muy doloroso y muy triste porque era un niño muy
esperado y sobre todo muy querido”, explica Mariana a ACI Prensa.
Cuando
descubrieron la propuesta de esta pastoral de acompañamiento al duelo perinatal
"fue como una caricia del Señor que nos acompañaba en el dolor”,
resume.
Al concluir la
Misa en la que han presentado a su hijo Juanito en el templo, como hicieron
José y María con Jesús, comparte que “ha sido un regalazo poder hacer cierto
que él ha vivido, que su alma merece la pena. Al presentársela al Señor nos
hemos quedado con muchísima paz de que está en los brazos de la Virgen y que
nos está esperando para cuando lleguemos al cielo”.
“Mi hija Fátima
vio a Inés en el cielo”
Sara y Pablo
están casados desde hace seis años. Junto a sus dos hijas vivas, han presentado
este lunes en el templo a sus hijos Inés y José, fallecidos durante la
gestación, la primera en el año 2024.
“Ha sido todo
un camino muy bonito, desde el 24 hasta ahora, y el día de hoy ha sido como un
poco el culmen. Y ha sido bonito porque, gracias a Dios y a esta propuesta,
hemos podido ver un bien en esos niños, y como que todo está bien hecho y es
bueno”, explica Pablo a ACI Prensa.
Esa mirada
esperanzada no es ajena al sufrimiento y al dolor.
"Hemos
tenido que hacer un camino de ver dónde está el Señor en esto, qué sentido ha
tenido la vida de nuestros hijos. Y ha sido muy bonito poder vivirlo ahora de
esta forma, sin quitar todo el camino hecho, que también en el sufrimiento uno
se encuentra al Señor y encuentra esa esperanza”, añade Sara, quien considera
que la experiencia está siendo muy beneficiosa para su vivencia de la fe, como
matrimonio y como padres.
Sus hijas han
vivido todo este proceso con gran naturalidad. Tanta, que la mayor, Fátima, fue
la primera que supo que había muerto su hermana Inés. Fue durante un viaje en
coche a Córdoba, tierra natal de Pablo.
“De golpe mi
hija empezó a señalar en el cielo a un punto fijo y a decir: ¡Es Inés, es Inés!
Y nosotros: ¿Una nube con forma de bebé? No, no, es Inés [respondió Fátima]. A
los cinco días me hice una ecografía, me confirmaron que no había latido. Pablo
preguntó: ¿Cuánto tiempo lleva más o menos desde que ha fallecido? Y nos
dijeron: Cinco días. Coincidía con ese martes en el que mi hija Fátima vio a
Inés en el cielo”, relata Sara.
Las 8
estaciones de luz de la octava antes de Navidad
En este
itinerario espiritual, impulsado por la funeraria especializada En vela, los padres son
convocados una vez al mes a unos encuentros de oración basados en las lecturas
previstas para la octava antes de Navidad, desde el mes de marzo hasta
noviembre.
Belén Moya,
coordinadora de esta
pastoral en la parroquia del Buen Suceso, explica a ACI Prensa que, tras
una lectura, en grupos, hacen un ejercicio de “manducación, que es como ir
repitiéndola, como si fuera masticarla para que vaya empapando, que vaya
calando”.
Tras unos diez
minutos de silencio, los padres y madres pueden compartir lo que esta oración
ha dejado en su corazón y, para terminar, rezan juntos a la Virgen.
Aunque no es
imprescindible acudir a todas las sesiones, la coordinadora lo recomienda
vivamente pues “la palabra va abriendo luz en la grieta de tu corazón”.
Al concluir
estas sesiones a mediados de diciembre y en enero se tienen dos encuentros
preparatorios para la Misa de la Presentación en el templo, en la que los
padres llevan una vela con el nombre de sus hijos ante el altar.
Así se culmina
el proceso, “porque al estar en asamblea, invocando al Espíritu Santo con el
sacerdote en el altar y presentar las velas de nuestros hijos, el Espíritu
Santo derrocha gracias y empieza como una nueva manera de ver a esos hijos”,
resume Belén Moya.
Intercesores de
sus familias
Minutos antes
de comenzar la ceremonia, el párroco de Buen Suceso, P. Enrique González
Torres, recibe a ACI Prensa en su despacho. Está a medio revestir, con el alba
puesta y tiene sobre su mesa el libro en el que quedan inscritos estos hijos,
hoja a hoja, donde estampa su rúbrica.
En la fiesta de
este año, hay familias que han presentado, uno, dos, cinco y hasta siete hijos
ante el altar, hasta completar el número de 52.
“Qué bonito es
poder acompañar a estas personas, recibirlas en la comunidad, en la Iglesia,
abrazarlas y acompañar este proceso, que no solamente es un proceso de duelo en
el que ponemos nombre a la persona querida y fallecida y la sacamos del
anonimato, del silencio, sino que, además creyendo en la intercesión de Cristo,
en el poder de su sangre, creemos que se convierte en un intercesor por la
propia familia”, detalla.
Por eso es
importante registrarlos, con su nombre y apellidos, incluso poniendo los
nombres de quienes hubieran sido sus padrinos si hubieran sido
bautizados.
Llevar a los
hijos al cielo
El P. González
recuerda que, en el bautismo, se reconoce que “el nacimiento verdadero no es
dar a luz, sino dar a luz la vida eterna”, lo que es equivalente a decir que
“la misión de los padres en esta tierra, a la luz de la fe, es llevar a los
hijos al cielo”.
“Nuestro
destino es la vida eterna y solamente es un código binario, 0-1. Eternidad con
Dios, y es el cielo, o eternidad sin Dios”, lo que permite al ser humano la
libertad de acoger o rechazar a su creador, añade el párroco.
Los niños no
bautizados “no ha hecho ningún rechazo explícito”, pero sí tienen el pecado
original propio de nuestra naturaleza caída. Así, surge la pregunta sobre cuál
es su destino de eternidad.
“Es necesario
el bautismo para la salvación”, explica, pero también es cierto que un
catecúmeno, que ha expresado su deseo de ser bautizado, si muere puede recibir
exequias.
De modo
análogo, se puede decir de los bebés no bautizados, cuyos padres han expresado
su voluntad de bautizarlos, que "Dios tiene mil caminos para derramar su
gracia” de forma extraordinaria.
Con la
inscripción en el libro de la presentación en el templo, padres como Mariana,
Archibald, Sara y Pablo, dejan constancia del deseo profundo del corazón que
sostiene una esperanza: la de encontrarse de nuevo con sus hijos en la
eternidad junto al Padre.
Por Nicolás de
Cárdenas
Fuente: ACI Prensa
