Todos tenemos un límite y puede ser que durante la Cuaresma desees esforzarte mucho, pero si espiritualmente estás agotado, conviene que hagas esto
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La Cuaresma es el tiempo litúrgico de la
penitencia, la oración y el ayuno. Sin embargo, con la vida frenética que
llevamos puede ocurrir que tu fuerza mental disminuya y espiritualmente te
sientas agotado.
Por eso,
conviene tomar las cosas con calma y evitar algunas situaciones que resulten
contraproducentes. Te mencionamos algunas que pueden ayudarte a vivirla mejor.
1. Elige hacer
solo un sacrificio
Cuando se habla
de sacrificio no
significa que tengamos que recorrer un tramo largo de rodillas o ponernos
cactus espinosos en la espalda, como hacían algunas personas en la antigüedad.
No se trata de lastimar el cuerpo, sino de renunciar a algo que nos cueste
trabajo.
Pero tampoco
significa que tengamos que hacer muchos sacrificios al mismo tiempo. Elige uno
que puedas hacer bien, por ejemplo, regalar alguna prenda de vestir que te
guste, dejar de comer postre, alejarte por algunas horas de las redes sociales,
en fin, renuncia a algo que te complazca de manera especial y puedas ofrecerlo
a Dios.
2. No te compares
con otras personas
Algo que puede
provocar agotamiento profundo es empeñarse en imitar a otras personas. Toma en
cuenta que no todos tenemos la misma resistencia, ni la misma salud o
posibilidades económicas. Mucho menos poseemos las mismas cualidades
espirituales, por eso, compararte con otros solo te provocará frustración.
Quizá alguien
pueda hacer un ayuno muy prolongado, pero si por cuestiones médicas tú no
puedes hacerlo, no significa que tu obra tenga menos valor a los ojos de Dios.
Recuerda que para Él es importante lo que tienes en tu corazón y las
intenciones que te mueven para realizar tus acciones. Por eso dice San Pablo:
"En
realidad, no pretendemos ponernos a la altura de algunos que se elogian a sí
mismos, ni compararnos con ellos. El hecho de que se midan con su propia medida
y se comparen consigo mismos, demuestra que proceden neciamente (2 Cor
10, 12).
3. No conviertas
la oración en presión
Orar es hablar
con Dios. Pero si sientes que te presionas porque no puedes ponerte un horario
fijo, no te preocupes. Dios está disponible las 24 horas del día.
Por supuesto
que puedes hacer una rutina y rezar laudes por la mañana, bendecir cada comida,
al medio día recitar el Ángelus, a las 3 de la tarde la coronilla de la Divina
Misericordia, por la noche rezar el santo rosario y dar gracias con las
completas antes de acostarte.
Pero si no te
es posible, simplemente habla con Dios. Consúltale cada decisión. En lugar de
hablar contigo mismo, dirígete a Él. Dice el salmo:
"¡Gusten y
vean qué bueno es el Señor! ¡Felices los que en él se refugian!" (Salmo
34, 9)
4. Prueba con un
tipo de oración diferente
Ahora bien, de
vez en cuando intenta hacer oración de contemplación. ¿Cómo es? sencillamente:
no hablar. Dios conoce tu corazón y sabe tus necesidades. Ve a la iglesia,
siéntate frente al Santísimo, míralo y déjate mirar por Él.
Este tipo de
oración es el más profundo y el más difícil de lograr, pero haz la prueba. Pasa
algo de tu tiempo con Jesús y abandónate en sus benditas manos.
5. Haz todo con
amor
Tal vez te
parezca poco lo que haces para agradar a Dios, pero en lo que sí debes exigirte
es en el amor. No dejes que la indiferencia o el afán por cumplir releguen lo
fundamental al último lugar.
Tal vez demos
pocos pasos, pero que sean firmes, seguros y abundantes en amor a Dios y al
prójimo. Ese es el consejo de san Pablo a los Corintios:
"Todo lo
que hagan, háganlo con amor" (1 Cor
16, 14).
Que tu Cuaresma
sea abundante en frutos espirituales.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
