"La Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos.”
En la Audiencia
General celebrada en el Aula Pablo VI, León XIV continúa las catequesis sobre
la Constitución conciliar "Dei Verbum", explicando que el Señor
"elige hablar" en términos humanos a través de las Escrituras. Su
anuncio —advierte— no debe descuidar su origen divino, pero tampoco perder
contacto con las esperanzas y los sufrimientos de los creyentes, evitando un
lenguaje "anacrónico".
"La
Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas
semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la
Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a
los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo,
puedan conocerlo y amarlo". Con estas palabras, el Papa León XIV abrió su
catequesis en la Audiencia General de este miércoles 4 de febrero de 2026,
celebrada en el Aula Pablo VI, en el marco del ciclo de
reflexiones dedicadas al Concilio Vaticano II, que comenzó el 7 de enero
pasado.
El Pontífice
invitó a redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de la
Iglesia, no como un texto del pasado, sino como un acontecimiento vivo, capaz
de interpelar hoy la existencia concreta de los creyentes.
Dios habla
con palabras humanas
León XIV
recordó que los textos bíblicos no fueron escritos en un lenguaje celestial o
sobrehumano. "Dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden
entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una
relación", observó, subrayando que hacerse comprender por el otro es ya
"un primer acto de amor".
Por eso
—explicó— Dios elige hablar usando lenguajes humanos y, así, distintos autores,
inspirados por el Espíritu Santo, han redactado los libros de la Sagrada
Escritura. Como enseña Dei Verbum, "las palabras de Dios
expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana",
del mismo modo que el Verbo eterno del Padre "se hizo semejante a los
hombres" (DV, 13).
“Por tanto,
no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la
condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse
cercano a ellos.”
Autor divino
y autores humanos
El Papa repasó
luego el largo camino de reflexión de la Iglesia sobre la relación entre el
Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Durante siglos
-acotó- se insistió casi exclusivamente en la inspiración divina, hasta el
punto de considerar a los hagiógrafos como meros instrumentos pasivos.
La reflexión
contemporánea, en cambio, ha revalorizado su aportación, tal como recoge el
Concilio Vaticano II, que afirma que Dios es el autor principal de la Sagrada
Escritura, pero reconoce a los hagiógrafos como "verdaderos autores"
de los libros sagrados (cf. DV, 11). "Rebajar la operación humana a la de
puro amanuense no es glorificar la operación divina". Y añadió con vigor:
"¡Dios no mortifica nunca al ser humano ni sus potencialidades!".
Interpretar
la Escritura sin reducirla
De este
equilibrio se desprende, afirmó León XIV, que toda lectura de la Escritura que
descuide una de sus dos dimensiones -la divina o la humana- resulta parcial. De
ello se desprende, dijo el Papa, que "una correcta interpretación de los
textos sagrados no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han
madurado y de las formas literarias utilizadas; es más, la renuncia al
estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, corre el riesgo
de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que
traicionan su significado".
“Este
principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: si pierde
contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres,
si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta
ineficaz.”
Por ello, el
Pontífice precisó que, "en cada época la Iglesia está llamada a proponer
de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia
y de alcanzar los corazones".
En este
contexto, recordó las palabras del Papa Francisco en la exhortación
apostólica Evangelii gaudium: "Cada vez que intentamos
volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan
nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más
elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual".
Una Palabra
viva para hoy
Al mismo
tiempo, León XIV alertó contra una lectura reductiva que olvida el origen
divino de la Escritura y la considera solo como "un texto del pasado"
o un objeto de análisis técnico.
“Más bien,
especialmente cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura
pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus
problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que
asumir. Esto solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los
textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró”
Citando a san
Agustín, León XIV insistió en que quien no edifica el amor a Dios y al prójimo
a partir de la Escritura "aún no la ha entendido". El origen divino
de la Palabra recuerda, además, que el Evangelio confiado al testimonio de los
bautizados no puede reducirse a un mensaje meramente filantrópico o social,
sino que es "anuncio alegre de la vida plena y eterna" donada por
Dios en Jesucristo.
Al concluir su
meditación, el Papa invitó a dar gracias al Señor porque, en su bondad,
"no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su
Palabra". Y exhortó a los fieles a orar para que "nuestras palabras,
y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se
narra".
Fuente: Vatican News
