En la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro, León XIV continúa el ciclo sobre los documentos del Concilio con la primera catequesis dedicada a la Constitución «Lumen gentium» sobre la Iglesia
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Es el
instrumento de Dios para «unir en sí mismo a las personas y reunirlas entre
ellas» gracias a «la acción reconciliadora de Jesucristo». Y «sacramento de
salvación» a través del cual el Padre nos hace «partícipes de su vida gloriosa»
alimentándonos con su cuerpo y sangre.
La Iglesia es
expresión del designio de Dios para la humanidad: «unir a las personas con Él y
entre sí» gracias a «la acción reconciliadora de Cristo». Es «sacramento de
salvación» a través del cual el Padre nos hace «partícipes de su vida gloriosa
con el alimento de su cuerpo y su sangre», y signo de reconciliación entre los
pueblos en una humanidad dividida. Es cuerpo de Cristo resucitado y el único
pueblo de Dios peregrino en la historia». Así reinterpreta el papa León XIV, en
la catequesis de la audiencia general de hoy, 18 de febrero, el mensaje
fundamental de la Constitución dogmática conciliar sobre la Iglesia Lumen
gentium, aprobada el 21 de noviembre de 1964. Con la catequesis titulada «El
misterio de la Iglesia, sacramento de la unión con Dios y de la unidad de todo
el género humano», continúa así el ciclo sobre «Los documentos del Concilio
Vaticano II», iniciado el 7 de enero y continuado con cinco citas sobre la Dei
Verbum.
En la Iglesia
atraídos por el Amor de Cristo
El Papa
recuerda inmediatamente que el Concilio, para explicar el origen de la Iglesia,
utilizó el término «misterio», tomado de las Cartas de San Pablo, en particular
de la Carta a los Efesios. No quiso decir, por supuesto, «que la Iglesia es
algo oscuro o incomprensible», sino todo lo contrario. El apóstol de las
gentes, de hecho, utiliza el término misterio para «indicar una realidad que
antes estaba escondida y ahora ha sido revelada». El plan de Dios, de hecho, es
«unificar a todas las criaturas gracias a la acción reconciliadora de
Jesucristo», que «se llevó a cabo en su muerte en la cruz».
Esto se
experimenta ante todo en la asamblea reunida para la celebración litúrgica:
allí las diversidades se relativizan, lo que cuenta es encontrarse juntos
porque nos atrae el Amor de Cristo, que ha derribado el muro de separación
entre personas y grupos sociales (cf. Ef 2,14).
Jesús nos llama
con su cruz y vence toda división
Para San Pablo,
explica León XIV, el misterio «es la manifestación de lo que Dios ha querido
realizar para la entera humanidad». Una humanidad «fragmentada», que los seres
humanos no logran reparar, aunque siempre tienden a la unidad. Es Jesús quien,
por medio del Espíritu Santo, «venció las fuerzas de la división y al mismo
Divisor».
Encontrarse
juntos celebrando, habiendo creído en el anuncio del Evangelio, y vivido como
atracción ejercitada por la cruz de Cristo, que es la manifestación suprema del
amor de Dios; y sentirse convocados juntos por Dios: por eso se usa el término
ekklesía, es decir, asamblea de personas que reconocen haber sido convocadas.
Así pues, hay una cierta coincidencia entre este misterio y la Iglesia: la
Iglesia es el misterio hecho perceptible.
La Iglesia,
signo e instrumento de unión con Dios y con toda la humanidad
Una
convocatoria que, querida por Dios, no puede, según el Papa León, «limitarse a
un grupo de personas», sino que está destinada a todos los seres humanos. Por
eso, los padres conciliares, al comienzo de Lumen gentium, afirman que « La
Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión
íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano».
Con el uso
del término “sacramento” y la consiguiente explicación, se quiere indicar que
la Iglesia es en la historia de la humanidad expresión de lo que Dios quiere
realizar; por lo que, al mirarla se capta en cierta medida el plan de Dios, el
misterio: en este sentido la Iglesia es un signo.
A través de la
Iglesia Dios nos hace partícipes de su vida gloriosa
Al término
«sacramento», recuerda el Papa, se añade también el de «instrumento», porque
cuando Dios obra en la historia, a través de la Iglesia «involucra en su
actividad a las personas que son destinatarias de su acción», y mediante la
Iglesia «alcanza el objetivo de unir a a sí mismo las personas y de reunirlas
entre ellas». Así se convierte en la ‘experiencia de la salvación’: en el n.º
48 de Lumen gentium, el Concilio dice que Cristo «resucitado de entre los
muertos (Rm 6, 9), envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por
El hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación;
estando sentado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo para
conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a sí más
estrechamente y para hacerlos partícipes de su vida gloriosa alimentándolos con
su cuerpo y sangre». Un texto que, para León XIV, permite comprender «la
relación entre la acción unificadora de la Pascua de Jesús, que es misterio de
pasión, muerte y resurrección, y la identidad de la Iglesia».
Al mismo
tiempo, nos hace sentir agradecidos por pertenecer a la Iglesia, cuerpo de
Cristo resucitado y único pueblo de Dios peregrino en la historia, que vive
como presencia santificadora en medio de una humanidad todavía fragmentada,
como signo eficaz de unidad y reconciliación entre los pueblos.
Fuente: Vatican News