San Gregorio muestra cómo cualquier matrimonio puede ser más feliz y convertirse en una fuente de consuelo y estímulo a medida que avanzamos hacia la próxima vida
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| Andrii Medvediuk | Shutterstock |
Gregorio Magno
se convirtió en el Santo Padre en el año 590 y permaneció como Papa hasta el
año de su muerte en el 604. Procedía de una familia noble romana y fue elegido
para dirigir la Iglesia en un momento en el que el antiguo orden romano se
estaba desmoronando; el gobierno era menos eficaz y la Iglesia se estaba
convirtiendo en el pegamento social que mantenía unida a la ciudad de Roma. Sin
embargo, podemos aplicar sus consejos para fortalecer el matrimonio.
Gregorio
escribió un libro llamado La Regla Pastoral, en el
que enseña al clero cómo aconsejar mejor a quienes acuden a ellos con
problemas. Este mismo documento te ayudará en tu matrimonio.
A continuación,
san Gregorio ofrece algunos consejos básicos para las personas casadas que
continúan siendo muy relevantes para los casados.
1. Nunca
olvides que Dios es parte de tu matrimonio
Gregorio
escribió: "A los que están casados se
les debe advertir que, mientras se preocupan por el bien del otro, procuren,
ambos, agradar a sus cónyuges de tal manera que no
desagraden a su Creador".
El matrimonio
es, ante todo, una relación en la que un hombre y una mujer se convierten en
una sola carne con el fin de ayudarse mutuamente a llegar al Cielo. El camino
particular hacia la santidad para las personas casadas es la forma en que
expanden su amor a lo largo de los años.
Esto se logra
mediante una profundización de su fidelidad y consideración mutua y, si Dios
quiere, mediante el nacimiento de hijos con los que pueden compartir cada vez
más su amor. Pero Gregorio advierte que hay que tener cuidado de que la
relación incluya a Dios y no se desvíe hacia la complacencia de los malos
hábitos del otro.
2. No te
obsesiones demasiado con los detalles prácticos
Lo ideal sería
que un matrimonio "espere las cosas que son de Dios como fruto del fin de
su camino". Por el contrario, el matrimonio evitará dedicarse
"enteramente a lo que está haciendo ahora".
En otras
palabras, el matrimonio está destinado tanto a nuestro placer y felicidad ahora
como a nuestra felicidad eterna. No sabemos cómo se comportaban las
parejas en la época de Gregorio, pero sabemos que en la nuestra es fácil quedar
completamente absorbido por las preocupaciones y actividades cotidianas.
Hay facturas
que pagar, hijos que criar, prácticas deportivas que programar, platos que
lavar y casas que mantener ordenadas. Se pueden pasar días enteros concentrados
solo en preocupaciones prácticas; por ello, dediquen tiempo a ustedes, a
charlar o hacer actividades que les de paz.
3. Mejora tú antes de exigir mejoras a tu
cónyuge
"Se les
debe aconsejar que no se preocupen tanto por lo que deben soportar por parte de
su cónyuge, sino que consideren lo que su cónyuge debe soportar por causa de
ellos".
Este último
consejo, si lo pusiéramos en marcha, haría que nuestros matrimonios fueran
mucho más felices. Es bastante fácil culpar a la otra persona cuando una
relación atraviesa un momento difícil. Y es algo sencillo señalar lo que está
mal en un cónyuge y explicar cómo se puede corregir. Pero es mucho más difícil
ver lo que está mal en nosotros mismos y cambiar.
En parte, esto
se debe a que tenemos una persistente sensación de injusticia: no es justo que
me esfuerce por mantener la cocina limpia cuando ella no lo hace; no es justo
que yo haga ejercicio y me ponga en forma cuando él es un adicto al sofá; no es
justo que yo tenga que ser responsable y ahorrar para nuestra jubilación cuando
ella es una derrochadora...
Con estos tres
sencillos consejos, Gregorio Magno muestra cómo cualquier matrimonio puede ser
más feliz y, lo que es más importante, convertirse en una fuente de consuelo y
estímulo a medida que avanzamos hacia la próxima vida.
Michael Rennier
Fuente: Aleteia
