"No tiene sentido un funeral católico para un ser que no tiene una inmortalidad independiente de nuestro recuerdo, de nuestras emociones”
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| Crédito: Oscar Sutton / Unsplash. |
Los perros, los
gatos y otros animales domésticos son un motivo de alegría y descanso para
muchos hoy en día, cuando parece que aumenta la soledad y se acrecienta en
algunos una mirada pesimista sobre los demás, prefiriendo la compañía de las
mascotas a la de otras personas e incluso optando por no tener hijos.
La fiesta de
San Antonio Abad, patrón de los ganaderos y protector de los animales
domésticos, a quien la Iglesia celebra el 17 de enero, permite recurrir a
la antigua tradición de bendecir animales. Entonces
surgen preguntas como si acaso los animales van al cielo y si se puede realizar
un funeral católico para las mascotas.
Las
mascotas: Un puente afectivo
Fray Nelson
Medina, Doctor en Teología Fundamental que hace apostolado en las redes
sociales, explicó a ACI Prensa que para muchos las mascotas “son un puente
afectivo. Muchas personas encuentran cariño, compañía, afecto y emociones
positivas” con ellas.
Un segundo
aspecto está en que “nosotros, los seres humanos, tenemos la tendencia de
proyectar nuestras capacidades humanas en el mundo exterior, simplemente porque
el lenguaje con el que contamos es un lenguaje que describe fundamentalmente
interacciones humanas” como cuando, por ejemplo, se dice que una selva o un
espacio es “aterrador”.
El sacerdote
dominico comentó que, siguiendo esa lógica, él comprendería que alguien quiera
hacer un funeral para una mascota, entendiéndolo como “un elemento social y
emocional muy significativo”.
Entonces,
¿es posible un funeral católico para mi mascota?
Sin embargo,
precisa el experto teólogo, “cuando hablamos de un funeral católico, el
elemento principal ya no es el sentimiento o la emoción”, sino “la oración y
los actos de fe, de esperanza y de caridad con que acompañamos la partida de un
ser que ha muerto”.
En ese sentido
“es necesario que ese ser al que hemos despedido de esta tierra pueda
beneficiarse de nuestra fe, esperanza y amor. Esto sucede con los seres
humanos, ya que la persona tiene una existencia que trasciende la muerte: la
inmortalidad del alma”.
“De estos
análisis concluimos que no tiene sentido un funeral católico para un ser que no
tiene una inmortalidad independiente de nuestro recuerdo, de nuestras
emociones”, subraya el Doctor en Teología.
“Así que la
respuesta es no. No hay lugar para un funeral católico cuando se trata de una
mascota”, precisa.
¿Los
animales van al cielo?
“La
bienaventuranza celestial tiene su origen en el conocimiento pleno de Dios, lo
cual requiere de una naturaleza racional. Esa naturaleza no la tienen
las mascotas”, señala el dominico.
Los animales,
continuó, “tienen una capacidad de conocimiento de estímulos, tienen una
capacidad de afecto y de emociones, pero no tienen capacidad de un conocimiento
propiamente intelectual que es indispensable para la contemplación de Dios y
por lo tanto la bienaventuranza eterna”.
El P. Francisco
Javier “Patxi” Bronchalo, sacerdote de la Diócesis de Getafe (España), recuerda
por su parte que “los animales no tienen alma espiritual e inmortal como el ser
humano, por lo que no van al cielo del mismo modo que nosotros. Su vida
termina con la muerte”.
“Ahora bien (y
esto es importante decirlo con delicadeza), la fe cristiana enseña que toda la
creación será transformada y renovada por Dios al final de los tiempos. San
Pablo habla de una creación que ‘gime con dolores de parto’ esperando su
redención. Eso nos permite confiar en que nada bueno, bello o amado se pierde
en Dios”, señala el sacerdote que tiene más de 56.000 seguidores en X.
“Si Dios quiere
que en la creación nueva estén presentes de algún modo, lo estarán. Pero no
podemos afirmarlo como afirmamos la vida eterna del ser humano”, añade el
sacerdote en declaraciones a ACI Prensa.
Por otro lado,
el P. Mauro Carlorosi, experto en la Divina Misericordia, indicó a ACI Prensa
que está bien dar gracias a Dios por las mascotas y los animales que nos han
acompañado y que hicieron “más llevaderas las durezas de la vida”, como
hicieron San Juan Bosco, San Roque, Santo Domingo, San Huberto o San Francisco
de Asís, y precisó que eso es muy distinto a “tratarlos como humanos o extender
sacramentos sobre ellos, eso dista una enormidad y contradice la enseñanza de
la Iglesia”.
El P.
Carlorosi, también miembro del Faustinum, asociación dirigida por la
congregación a la que perteneció Santa Faustina Kowalska, la Apóstol de la
Divina Misericordia, advierte que “con las mascotas no puede haber una
equiparación ni remota a un funeral católico, bajo pena de rebajar al ser
humano en su dignidad y tergiversar lo sagrado”.
¿El Papa
Francisco dijo que los animales van al cielo?
No, el
fallecido Papa Francisco no dijo que los animales van al cielo. A finales de
2014, diversos medios dieron cuenta de la catequesis que hizo Francisco el 26
de noviembre, cuando explicó qué es el cielo. La confusión se habría dado
porque algunos interpretaron las palabras del Pontífice argentino como si
hubiese señalado que los animales tienen como destino al cielo, cuando nunca
usó esa palabra.
Lo que el Papa
sí dijo, relacionado a la creación, fue lo siguiente: “la Sagrada Escritura nos
enseña que el cumplimiento de este diseño maravilloso no puede no interesar
también todo aquello que nos rodea, y que ha salido del pensamiento y del
corazón de Dios. El apóstol Pablo lo afirma explícitamente, cuando dice que
también ‘la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para
participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios’”.
“Lo que se
prospecta, como cumplimiento de una transformación que en realidad ya está en
acto a partir de la muerte y resurrección de Cristo, es por lo tanto una nueva
creación; no una aniquilación del cosmos y de todo lo que nos rodea, sino que
es llevar cada cosa a su plenitud de ser, de verdad, de belleza”, añadió.
¿Cómo se
pueden explicar estas realidades a los católicos hoy?
Fray Nelson
comenta que “se requiere en primer lugar una gran dosis de comprensión de por
qué se han vuelto tan importantes las mascotas. Conozco varias personas que
tienen casi como única compañía, como única fuente de cariño, como única
realidad amable y acogedora la presencia de sus mascotas. Esa soledad afectiva
explica mucho”.
Junto con eso
es importante comprender el temor de que este lazo termine, teniendo al mismo
tiempo “una claridad en cuanto a los afectos, concretamente una claridad en la
prioridad de los afectos. Básicamente de lo que se trata es de una adecuada
escala de valores”.
“El amor a
Dios, el amor al prójimo, el amor a la naturaleza, el amor a la patria, el amor
a ciertos lugares o gustos no están en el mismo rango. En la medida en que
vamos recuperando una adecuada escala de valores, también estamos recuperando
un modo apropiado de abordar la relación con las mascotas, tanto cuando están
vivas como cuando llegan a su final”, resaltó el sacerdote dominico.
El P. Bronchalo dijo a ACI Prensa que es necesario
acercarse a los fieles “con mucha calma, ternura y verdad, sin ridiculizar ni
herir. Hay que recordar que amar a los animales es bueno, pero igualarlos a las
personas termina empobreciendo la dignidad humana”.
“Cuando una
sociedad llora más la muerte de un animal que el sufrimiento de una persona, no
es señal de mayor sensibilidad, sino de una confusión profunda del corazón. La
Iglesia no desprecia a los animales, pero defiende con fuerza que la vida
humana vale más, siempre, desde el más débil hasta el más olvidado”, subrayó.
La
diferencia entre bendición y funeral
“La Iglesia
puede bendecir a los animales porque son criaturas de Dios y un bien para el
hombre. En la bendición no se ora por el animal sino que se da gracias a Dios
por él y se pide que su presencia sea para bien de las personas”, precisó el
sacerdote español.
¿Qué dice el
Catecismo de la Iglesia Católica sobre los animales?
El Catecismo de la Iglesia Católica señala
en su numeral 2416 que “los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su
solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria.
También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a
los animales San Francisco de Asís o San Felipe Neri”.
El numeral 2417
precisa que Dios confió al hombre su administración, por lo que es “legítimo
servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los
puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los
experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente
aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o
salvar vidas humanas”.
El numeral 2418
advierte luego que “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente
a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”.
“Es también
indigno –precisa– invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la
miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar
hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos”.
Por Walter
Sánchez Silva
Fuente: ACI Prensa
