ESTE MANDAMIENTO TIENE PROMESA DE VIDA PARA QUIEN LO CUMPLE

Diez mandamientos de la Ley de Dios, cinco de la Santa Madre Iglesia..., y este mandamiento tiene promesa de vida para quien lo cumple al pie de la letra

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El católico común sabe que, desde el Antiguo Testamento, Dios dejó por escrito Diez mandamientos en las Tablas de la Ley. Luego la Iglesia nos ha dado cinco mandamientos para fortalecer nuestra fe y ayudar a sus necesidades. Pero solo un mandamiento contiene una gran promesa para quien lo observa de manera puntual.

El respeto hacia los padres

Por supuesto, es en la Sagrada Escritura en donde encontramos este hermoso mandamiento. Y mejor aún, es en el libro del Eclesiástico - también llamado Sirácida o Sirácides -, donde se ha conservado la sabiduría del hombre que teme a Dios, donde lo podemos leer.

Pero, ¿de qué trata este mandamiento? Del respeto que deben los hijos para con sus padres:

"El Señor honra al padre en los hijos
y respalda la autoridad de la madre sobre la prole.
El que honra a su padre queda limpio de pecado;
y acumula tesoros, el que respeta a su madre.

Quien honra a su padre,
encontrará alegría en sus hijos
y su oración será escuchada;
el que enaltece a su padre, tendrá larga vida
y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.

Hijo, cuida de tu padre en la vejez
y en su vida no le causes tristeza;
aunque se debilite su razón, ten paciencia con él
y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor.
El bien hecho al padre no quedará en el olvido
y se tomará a cuenta de tus pecados".

Eclo 3, 3-7. 14-17a

La promesa de vida

Es fácil entender por qué Dios prometió bendiciones y vida larga a quienes honren a sus padres. Digamos que, en el orden de los mandamientos de la Ley de Dios, es el más importante porque viene inmediatamente después de los que ordenan servirlo y honrarlo a Él. El cuarto mandamiento nos exige respetar a nuestros padres porque representan la autoridad de Dios.

El mismo Señor Jesús, siendo Dios, "Vivía sujeto a ellos" (Lc 2, 51).

Además, de ellos aprendemos a vivir la fe y a ser personas de bien. Ambos están encargados de brindar al mundo cristianos responsables y útiles. Por supuesto, no son perfectos y en ocasiones no cumplen con su deber. Es entonces cuando los hijos debemos orar por ellos, porque nunca encontraremos en la Biblia una línea en contra de los padres que olvidan a sus hijos. Ni siquiera si han sido malos.

Por estas razones, veamos con los ojos de Dios a quienes nos han dado la vida y ganemos las promesas que Dios ha hecho a quienes honren a sus padres, porque lo que el Señor da, lo regala a manos llenas.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia