Este 6 de enero, el Santo Padre
presidió la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, en la solemnidad de la
Epifanía del Señor.
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Al inicio de la
celebración, el Pontífice realizó el rito del cierre de la Puerta Santa de la
Basílica Vaticana y con ello clausuró el Jubileo Ordinario de 2025. El Papa:
“En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada
no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor”.
“El Niño que los magos
adoran es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la
gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades
humildes”, lo dijo el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió
en la Basílica de San Pedro, en la solemnidad de la Epifanía del Señor. Al
inicio de la celebración Eucarística, el Santo Padre realizó el rito del cierre
de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana y con ello clausuró el Jubileo
Ordinario de 2025, dedicado a la Esperanza.
La manifestación de Dios es el
inicio de la esperanza
En
su homilía, el Pontífice destacó la “grandísima alegría de los magos al ver la
estrella, pero también la turbación experimentada por Herodes y por toda
Jerusalén ante su búsqueda”. Cada vez que se trata de las manifestaciones de
Dios, recordó el Papa, la Sagrada Escritura no esconde este tipo de contrastes:
alegría y turbación, resistencia y obediencia, miedo y deseo.
“Celebramos
hoy la Epifanía del Señor, conscientes de que ante su presencia nada sigue como
antes. Este es el comienzo de la esperanza. Dios se revela, y nada puede
permanecer estático. Se termina un cierto tipo de tranquilidad, la que hace
repetir a los melancólicos: «No hay nada nuevo bajo el sol» (Qo 1,9). Empieza
algo de lo que dependen el presente y el futuro, como anuncia el Profeta:
«¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla
sobre ti!» (Is 60,1)”.
El contraste por la revelación del
Señor
En
este sentido, el Santo Padre dijo que, nos sorprende el hecho de que sea
precisamente Jerusalén, la ciudad testigo de tantos nuevos comienzos, la que
esté turbada. Y es esta misma reacción, indico, la que nos interpela a
nosotros, como Iglesia.
“Es más, la
ciudad está atemorizada por el que, movido por la esperanza, llega a ella desde
lejos, hasta el punto de considerar como amenaza aquello que debería, por el
contrario, causarle mucha alegría”.
La
búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos
Al
finalizar el Año Jubilar y después de haber cerrado la Puerta Santa de la
Basílica de San Pedro, el Papa León manifiesta su preocupación por “la búsqueda
espiritual de nuestros contemporáneos”, que es mucho más rica de lo que quizá
podamos comprender. Y también se pregunta: “¿Quiénes eran y qué les movía?” a esos
innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, que se han puesto en
camino en este Año de gracia.
“Millones de
ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado?
¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad? Sí, los magos aún existen. Son
personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en
un mundo complicado como el nuestro —en muchos aspectos excluyente y peligroso—
sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda”.
Homo Viator, somos
vidas en camino
Y
en esa búsqueda del hombre, el Pontífice recordó que, el Evangelio lleva a la
Iglesia a no temer este dinamismo, sino a valorarlo y a orientarlo hacia el
Dios que lo suscita. Es un Dios que nos puede desconcertar, porque no podemos
asirlo en nuestras manos como a los ídolos de plata y oro, porque está vivo y
vivifica, como ese Niño que María tenía entre sus brazos y que los magos
adoraron.
“Lugares
santos como las catedrales, las basílicas y los santuarios, convertidos en meta
de peregrinación jubilar, deben difundir el perfume de la vida, la señal
indeleble de que otro mundo ha comenzado”.
“Preguntémonos:
¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y
anunciamos a un Dios que nos pone en camino?”
La
alegría del Evangelio nos libera
Y
volviendo al texto bíblico de esta solemnidad, el Santo Padre resaltó el
contraste entre la alegría del Evangelio que libera y el miedo de Herodes que
teme por su trono, se agita por lo que se le escapa de su control. Intenta
aprovecharse del deseo de los magos manipulando su búsqueda en beneficio
propio. Está listo para mentir, está dispuesto a todo; el miedo, en efecto,
enceguece.
“La alegría
del Evangelio, en cambio, libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces,
atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos”.
El Jubileo nos recuerda que se puede
volver a empezar
Al
citar la pregunta “sencilla y esencial” de los magos, que dicen: «¿Dónde está
el rey de los judíos que acaba de nacer?» (Mt 2,2), el Papa dijo que es
importante quien cruza la puerta de la Iglesia, se percate de que el Mesías
recién ha nacido allí, que allí se reúne una comunidad donde ha surgido la
esperanza, que allí se está realizando una historia de vida.
“El Jubileo
ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que estamos aún
en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el
Dios-con-nosotros. Sí, Dios cuestiona el orden existente; tiene sueños que
inspira también hoy a sus profetas; está decidido a rescatarnos de antiguas y
nuevas esclavitudes; en sus obras de misericordia, en las maravillas de su
justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y
mujeres, a santos y pecadores”.
“Sin hacer
ruido; sin embargo, su Reino ya está brotando en todo el mundo”
Amar
la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo
“¡Cuántas
epifanías nos han sido dadas o se nos darán!”, indicó el Papa León, pero deben
sustraerse de las intenciones de Herodes, de los miedos siempre al acecho para
transformarse en agresión. «Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el
Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan
arrebatarlo».
“Esta
misteriosa expresión de Jesús, indicada en el Evangelio de Mateo, nos hace
pensar en los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e
incluso atacar la Novedad que Dios ha reservado para todos. Amar la paz, buscar
la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está
naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño. A nuestro alrededor, una
economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado
transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de
recomenzar”.
“Preguntémonos:
¿nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce
cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor? Después de este año, ¿seremos
más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un
buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?”
Dios
no nos espera en los lugares prestigiosos
Asimismo,
el Santo Padre subrayó que, el modo en el que Jesús salió al encuentro de todos
y dejó que todos se le acercaran nos enseña a valorar el secreto de los
corazones que sólo Él sabe leer. Con él aprendemos a captar los signos de los
tiempos. El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida.
Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino
en las realidades humildes.
“Cuántas
ciudades, cuántas comunidades necesitan que se les diga: ‘Ciertamente no eres
la menor’. Sí, ¡el Señor nos sigue sorprendiendo! Se deja encontrar. Sus
caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni
los poderes del mundo los pueden obstruir. Aquí reside la grandísima alegría de
los magos, que dejan atrás el palacio y el templo para ir hacia Belén; ¡y es
entonces cuando vuelven a ver la estrella!”.
La fidelidad de Dios siempre nos
sorprenderá
Finalmente,
el Papa León alentó a todos a “convertirse en peregrinos de esperanza” y dijo
que “es hermoso seguir siéndolo, juntos”, ya que la fidelidad de Dios siempre
nos sorprenderá.
“Si no
reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten
en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos
la generación de la aurora. María, Estrella de la mañana, caminará siempre
delante de nosotros. En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad
magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que
se hizo carne por amor”.
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Fuente:
Vatican News
