Hay una demonización de todo lo que tiene que ver con el cristianismo
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Hoy el
adoctrinamiento más efectivo se produce a través de películas y series que
acaban normalizando a base de repetir una y otra vez todo aquello que las
distintas ideologías pretenden imponer. Juan Orellana y José María Pérez
Chaves, críticos de cine, explican para Misión cómo detectar la propaganda de
estas ideologías en el cine.
El visionado de
películas y series se ha disparado en los últimos años. Si la televisión era ya
el gran medio de masas, el auge de las plataformas de streaming como
Netflix, Amazon o HBO y la penetración de las nuevas tecnologías ha hecho que
las personas consuman contenido audiovisual de continuo. Precisamente, esta
naturaleza de masas y el hecho de que no requiera un esfuerzo intelectual
grande, convierte al cine en un objetivo prioritario de las ideologías en su
afán de adoctrinar a la sociedad.
Este riesgo ha
existido desde los inicios del séptimo arte. Sólo que ahora han ocupado este
espacio totalitarismos blandos como la cultura woke, la ideología
de género o el feminismo radical. Juan Orellana, crítico de
cine y profesor en la Universidad CEU San Pablo, y el padre José María
Pérez Chaves, experto en cine y autor de 100 películas
cristianas (Homo Legens, 2020), nos ofrecen algunas claves para
detectar la ideología que pretenden inocularnos a través de películas y series.
1. Un
terreno propicio.
La tentación de
las ideologías por asaltar el cine ha estado presente desde sus inicios .
“Ahora hay mucha ideología, pero siempre la ha habido porque el cine es un
instrumento extraordinario de transmisión de ideas que ha sido utilizado por
los distintos poderes, tanto políticos como económicos”, explica Orellana. En
su momento, la Unión Soviética y la Alemania nazi utilizaron las películas para
adoctrinar. En tiempos de guerra, las películas han servido para demonizar al
enemigo. En la actualidad, el bombardeo persiste para introducir las agendas
culturales dominantes, de corte woke y de género.
2. Aprovecha
la guardia baja.
El cine –indica
Pérez Chaves– “es un producto de consumo rápido, más o menos barato, y que no
requiere un esfuerzo intelectual grande, simplemente hay que sentarse y dejarse
embeber por la imagen”. Esto crea el escenario perfecto para que cuando la
persona baja la guardia, las ideologías influyan en ella con mayor facilidad.
3. Auge del
sentimentalismo.
La manipulación
de los sentimientos es una de las armas más poderosas del cine, pues de forma
sutil puede convencer al espectador presentando lo más terrible como algo
bueno. Orellana afirma que “el cine tiene esta gran capacidad para transmitir
porque primero conecta con el sentimiento del espectador. Luego, a través de
los sentimientos llegan las ideas. Si ves una película donde sientes compasión
por el personaje, como ocurría con Mar Adentro, luego es más
fácil apoyar la eutanasia”.
“Hoy el cine
se utiliza para introducir las agendas culturales dominantes, de corte woke y
de género”
4. El sesgo
anticristiano.
Las creencias
cristianas son en muchas producciones blanco de los ataques. Juan Orellana no
lo considera algo casual. “Un profesor de la UFV me comentó que, en muchas
películas, sobre todo policiacas y thrillers, el personaje que
llevara un crucifijo era al final el villano. Lo he confirmado. Los personajes
que llevan símbolos cristianos, que son piadosos o son amigos del sacerdote son
los malos. No es una mera estrategia para ocultar en una película quién es el sospechoso,
sino que hay una demonización de todo lo que tiene que ver con el
cristianismo”.
5. Confundir
ficción y realidad.
El cine tiene
una capacidad única para hacernos creer que algo es real sólo porque haya
aparecido en una película. Pérez Chaves pone un ejemplo desideologizado: “La
película Tiburón suscitó en el espectador un terror cerval al
mar y todo el mundo conoce anécdotas de personas que tienen miedo al agua
debido a esa película”. Y yendo a un ejemplo con más tinte ideológico
cita El cautivo, que presenta a Miguel de Cervantes como
homosexual y que a pesar de la ausencia total de evidencias históricas “es
probable que haya gente que por haberlo visto en el cine crea que es real”.
6. El efecto
cuota.
Quien ve con un poco de ojo crítico las películas y series actuales puede percatarse de la existencia de cuotas completamente fuera de lugar y metidas con calzador. Ya sea un multiculturalismo multiétnico en una película ambientada en Noruega en el siglo x, por ejemplo, o la representación forzada de personajes LGTBI en tramas. Juan Orellana considera que los directores y productores pagan esa cuota para poder optar a los Premios Óscar o para no ser excluidos del sistema a pesar de que la introducción de estos personajes “rompa completamente la verosimilitud de las historias” coartando la “libertad creativa”.
7. Efecto
rebote.
La propaganda
sutil es normalmente la más efectiva a largo plazo pues va calando sin que el
espectador lo note. Sin embargo, la impunidad que han sentido los referentes de
estas ideologías les ha hecho realizar un bombardeo a gran escala dejando de
lado la sutileza. Es tal la cantidad de propaganda que aparece hoy en películas
y series que está empezando a generar el efecto contrario al deseado. “Se
empieza a ver hartazgo y cierto rebote. Por ejemplo, la presencia de las tramas
de género en las series es tan apabullante que ya resulta cansino”, señala
Orellana.
8. Formarse
para ser libre.
Orellana indica
que “la detección de las ideologías en el cine va muy pareja con la formación
del espectador. Cuanto más mirada crítica tengas sobre el momento presente y
más te sitúes fuera del sistema cultural ideológico impuesto, más capacidad
tendrás de descubrir ese adoctrinamiento”.
9. Cuidar lo
que ven los hijos.
Una ayuda
sencilla para que no haya sorpresas desagradables es que los padres vean antes
cualquier contenido que vayan a poner a sus hijos. Si no hay tiempo –añade el
sacerdote experto en cine– existen webs donde aparecen críticas con las que se
pueden inspirar. “Aun así yo aconsejo siempre ver las películas o series
infantiles clásicas como David el Gnomo, Los Mosqueperros o Érase una
vez, porque en ellas no hay ni trampa ni cartón, porque se instruye a los
niños en valores buenos”, asegura.
10. Apostar
por los valores.
En los últimos
años se ha producido un boom de producciones de temática
cristiana y que transmiten buenos valores. En gran parte de los casos son
producciones pequeñas, pero la calidad poco a poco va mejorando. “El
cristianismo ofrece esperanza y sentido a la vida. Y las películas que buscan
esto tienen un mensaje para nosotros y pueden aportarnos muchas cosas”,
concluye el padre Pérez Chaves.
Por Javier
Lozano
Fuente: Revista Misión
