Una carta conservada en Baviera muestra cómo la liturgia y la devoción marcaron la infancia del futuro Papa Benedicto XVI
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| Foto de archivo de Joseph Ratzinger |
Era la Navidad
de 1934 y un niño de siete años, sentado ante su escritorio, escribía con la
caligrafía cursiva de la época sus deseos para el Niño Jesús. Sus
peticiones no eran juguetes ni golosinas, sino reflejos de una
devoción que ya marcaba su vida: un devocionario, una casulla verde para la
Misa y una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Ese niño era Joseph
Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI.
«Celebrábamos
misa con casullas hechas por la costurera de nuestra madre solo para nosotros.
A veces yo era el sacerdote o el monaguillo», recordaba en una entrevista su
hermano Georg Ratzinger, quien falleció en julio de 2020.
En la carta,
hallada en 2012 mientras se trabaja en la restauración de la vivienda en la que
nació Ratzinger, posteriormente conservada por su hermana María y
ahora expuesta en la casa-museo dedicada al Pontífice en Baviera,
Joseph escribía:
El pequeño
Joseph escribió al Niño Jesús con una caligrafía conocida como Sütterlin,
popularizada a partir de 1911 por Ludwig Sütterlin, pero que
hoy en día ya no se usa ni se enseña. El primero de los tres regalos es
el Volks-Schott, quizá el menos conocido, era un misal
en alemán con la particularidad de incluir una columna paralela en latín, muy
utilizado en aquella época.
Junto a este mensaje, en la casa de Baviera también se encontraron los de los hermanos Georg y María, de 10 y 13 años entonces. Él pidió una casulla blanca y ella, un libro con dibujos. La carta del pequeño Joseph revela que, incluso desde la infancia, la liturgia ocupaba un lugar central en la vida de Joseph Ratzinger.
El propio Benedicto XVI lo confirmaría décadas más tarde: «Cuando, tras algunas vacilaciones, me decidí a aceptar el proyecto de una edición de mis obras completas, me resulto claro que en ellas debía primar el orden de prioridades del Concilio y que, por tanto, el volumen de mis escritos sobre liturgia debía ir al principio. La liturgia de la Iglesia fue para mí, desde mi infancia, una realidad central en mi vida, y luego… se convirtió también en el centro de mi trabajo teológico».
María Rabell García
Corresponsal en
Roma y El Vaticano
Fuente: El Debate
