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| Los beatos mártires Michał Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y Alessandro Dordi, Crédito: David Ramos/EWTN News. |
En un mensaje publicado con ocasión de los 10
años de la beatificación de los tres mártires, que se cumplieron el 5 de
diciembre, el Santo Padre expresó su deseo de “unirme a la gratitud de la
Iglesia en Perú, en Polonia, en Italia y en otros tantos lugares donde su
recuerdo permanece como estímulo de fidelidad”.
“Estos tres sacerdotes misioneros compartieron la vida de sus
comunidades, celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos,
organizando la catequesis y sosteniendo la caridad en contextos de pobreza y
violencia. En 1991, tras haber decidido permanecer donde desempeñaban su
ministerio y en medio del rebaño como auténticos pastores, fueron asesinados
por odio a la fe”, recordó.
Los tres mártires de Chimbote
Los franciscanos Michele Tomaszek (31) y Zbigneo Strzalkowski
(33) eran sacerdotes polacos de la Orden de los Hermanos
Menores Conventuales, y desarrollaron su ministerio misionero en la localidad
peruana de Pariacoto, en la zona andina de la región Ancash.
Durante once años llevaron adelante una labor evangelizadora
entre los más pobres hasta que fueron asesinados por terroristas de Sendero
Luminoso, el 9 de agosto de 1991, grupo que los acusaba de “engañar a la gente”
y adormecer “el ímpetu revolucionario con la predicación de la paz”.
Poco más de dos semanas después, el 25 de agosto, el grupo
terrorista acabó con la vida de otro sacerdote misionero, el italiano
Alessandro Dordi, que llevaba adelante su labor en la región del Santa,
también en Ancash.
El P. Dordi, sacerdote de la Diócesis italiana de Bérgamo, había
llegado a Perú en 1980 como misionero fidei donum, como se conoce a
quienes son enviados de una diócesis a otra, comúnmente territorio de misión,
para la evangelización a la población. El término Fidei donum proviene de la encíclica
del mismo nombre publicada por el Papa Pío XII en 1957, en la que
animaba a los católicos a “llevar hasta los confines de la tierra la luz del
cristianismo y el progreso de la civilización”.
Abimael Guzmán, fallecido cabecilla del grupo terrorista, le confesó al
obispo Luis Bambarén que él fue el que dio la orden de asesinar a los tres
sacerdotes por odio a la fe, “porque la religión es el opio del pueblo”.
El Papa Francisco aprobó el 3 de febrero de 2015 el decreto que
reconocía su martirio, y los tres sacerdotes fueron proclamados beatos en
Chimbote, capital de la región Ancash, el 5 de diciembre de ese año, en una
ceremonia presidida por el Cardenal Angelo Amato, entonces prefecto de la
Congregación para las Causas de los Santos.
Una diversidad que “no generó distancia” sino que fue “un
aporte”
El Papa recordó en su mensaje que los tres sacerdotes eran
“claramente distintos: dos jóvenes frailes franciscanos polacos y un presbítero
diocesano italiano. Llevaban consigo lenguas, culturas, formaciones, carismas,
espiritualidades y modos de proceder diferentes”.
“Cada cual tenía una manera única de acercarse a las personas y
de vivir el ministerio. Pero en el Perú esa diversidad no generó distancia; al
contrario, se volvió un aporte”. resaltó.
Los franciscanos en Pariacoto y el diocesano fidei
donum en el Santa “compartieron el mismo celo, la misma
entrega y el mismo amor a la gente —particularmente a los más necesitados—
llevando en el corazón, con afecto pastoral, las preocupaciones y los
sufrimientos de los habitantes de esas tierras”.
Un testimonio ante “dicotomías o dialécticas estériles”
León XIV compartió luego su cercanía al haber sido él también
misionero en Perú: “Habiendo servido también en ese querido país, encuentro en
ellos algo profundamente familiar para quien ha vivido la misión, y al mismo
tiempo esencial para toda la Iglesia: la comunión que nace cuando historias tan
distintas se dejan reunir por Cristo y en Cristo, de modo que lo que cada uno
es y aporta —sin dejar de ser propio— termina confluyendo en un único
testimonio del Evangelio para el bien y la edificación del pueblo de Dios”.
“Por eso creo firmemente que sus vidas, así como su martirio,
pueden ser hoy una llamada a la unidad y a la misión para la Iglesia
universal”, subrayó.
“En un tiempo marcado por sensibilidades diversas en el que con
facilidad se cae en dicotomías o dialécticas estériles, los Beatos de Chimbote
nos recuerdan que el Señor es capaz de unir lo que nuestra lógica humana tiende
a separar. No es la plena coincidencia de pareceres lo que nos une, sino la
decisión de conformar nuestro parecer con el de Cristo”, dijo, recordando la
constitución dogmática Lumen gentium.
Ante “los desafíos pastorales y culturales que la Iglesia
atraviesa”, dijo León, la memoria de los mártires de Chimbote “nos pide un paso
decisivo: volver a Jesucristo como medida de nuestras opciones, de nuestras
palabras y de nuestras prioridades. Volver a Él con aquella firmeza del corazón
que no retrocede, ni siquiera cuando la fidelidad al Evangelio reclama el don
de la propia vida”.
“¡No teman la llamada del Señor!”
El Santo Padre alentó a que este décimo aniversario “sea para la
Iglesia de Chimbote una ocasión para renovar la disponibilidad al apostolado”,
haciendo un llamado a que las comunidades en las que los mártires evangelizaron
“continúen hoy la misión por la que ellos dieron su vida, la de anunciar a
Jesús con palabras y con obras”.
También hizo un llamado a los jóvenes tanto de Perú como de
Polonia, de Italia “y del mundo entero”: “¡no teman la llamada del Señor! Sea
al sacerdocio, a la vida consagrada o incluso a la misión ad
gentes, para ir allí donde Cristo aún no es conocido”.
“Invito también al clero —especialmente a los sacerdotes
jóvenes— a considerar con generosidad la posibilidad de ofrecerse como fidei
donum, siguiendo el ejemplo del beato Alessandro; y motivo a
los obispos, a sostener el ardor de los sacerdotes jóvenes y a socorrer a las
Iglesias más necesitadas mediante el envío fraterno de ministros que prolonguen
la caridad pastoral de Cristo allí donde más se requiere”, expresó.
“Que la memoria de estos testigos ilumine el camino de la
Iglesia que peregrina en Chimbote y de cuantos, en todo el mundo, desean seguir
e imitar a nuestro Salvador con corazón generoso”, concluyó.
Por David Ramos
Fuente: ACI
