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| El Papa bendice la mesa antes de comenzar el almuerzo. Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News |
El almuerzo fue
organizado por la Congregación de la Misión en nombre de todos los misioneros
vicencianos del mundo, quienes celebran este año el 400º aniversario del
nacimiento de su fundador, y de las Hijas de la Caridad, que también forman
parte de la familia vicentina.
El menú
incluyó lasaña, pollo empanado con patatas y el tradicional postre italiano
babà, servido por los propios voluntarios de estas organizaciones católicas.
Para este
almuerzo especial, el Vaticano optó por un servicio cuidado y digno: los
comensales no utilizaron platos de plástico ni desechables, sino vajilla de
calidad, con cubiertos y mantelería, como signo de respeto y cercanía hacia las
personas necesitadas. De este modo, la jornada no solo ofreció una comida, sino
también una experiencia de dignidad y cuidado, subrayando que todos merecen ser
tratados con respeto y atención.
Tras el
almuerzo, el Papa León XIV destacó la importancia de la labor que desempeña la
Congregación de la Misión con los más vulnerables: “Este almuerzo que ahora
recibimos es ofrecido por la Providencia y por la gran generosidad de la
Comunidad de San Vicente, a quienes queremos agradecer”.
“Mi amado
predecesor, el Papa Francisco”
Durante su
intervención, el Pontífice expresó su alegría por compartir este momento con
los más necesitados: “Con gran alegría nos reunimos esta tarde para este
almuerzo, en la Jornada de los Pobres que tanto quiso mi amado predecesor, el
Papa Francisco”.
Hizo además un
reconocimiento al esfuerzo de quienes trabajan con los pobres: “Tantos
sacerdotes, religiosas y laicos voluntarios dedican su vida a ayudar a personas
que viven diversas necesidades. Estamos llenos de gratitud por ellos”.
El Papa también
dirigió una oración sobre la comida y sobre todos los presentes: “Que el Señor
bendiga los dones que recibiremos, bendiga la vida de cada uno de nosotros,
nuestros seres queridos y todos los que nos han acompañado en el camino”.
Recordó además a quienes sufren en el mundo: “Demos la bendición del Señor a
quienes sufren por la violencia, la guerra y el hambre, y que podamos celebrar
hoy esta fiesta en espíritu de fraternidad”.
En su mensaje
final, el Papa subrayó la importancia de caminar juntos en el amor y la
solidaridad: “Bendice nuestra vida, nuestra fraternidad. Ayúdanos a caminar
siempre unidos en tu amor. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro
Señor. Amén. ¡Muchos saludos y buen provecho!”.
El almuerzo fue
animado, con momentos musicales y piezas clásicas de la tradición napolitana,
interpretadas por 100 jóvenes del barrio Rione Sanità de Nápoles, participantes
en los programas educativos Sanitansamble y Tornà a Cantà, promovidos por la
Fundación Nova Opera ETS. Sus interpretaciones de piezas clásicas y melodías
napolitanas ofrecieron un mensaje de alegría y esperanza, símbolo de una
caridad que también se expresa en el arte y la belleza compartida.
Como en años
anteriores, la Santa Sede, a través del limosnero papal, el Cardenal polaco
Konrad Krajewski, invitó a este almuerzo a un grupo de personas trans que viven
en la localidad romana de Torvaianica. El P. Andrea Conocchia confirmó a ACI
Prensa que eran más o menos 50 de los 1300 invitados por el Vaticano.
Al finalizar el
almuerzo, la Familia Vicenciana de Italia entregó a cada invitado la “Mochila
de San Vicente”, con alimentos y productos de higiene, como gesto de cercanía y
continuidad en el acompañamiento.
Por Victoria
Cardiel
Fuente: ACI
