El padre Henrykh Akalatovich se encuentra en prisión en condiciones inhumanas desde 2023, condenado arbitrariamente por «alta traición»
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| Henrykh Akalatovich/ |
No; la frase no
la pronunció alguno de los incontables prisioneros de la época de Stalin.
La ha dicho Andrei Krylov, un preso político recién
liberado tras cumplir una condena de cinco años por «organizar
disturbios masivos» en Bielorrusia: «He estado en estrecho contacto, mientras
permanecía preso en Babruisk, con el padre Henrykh Akalatovich, el
anciano y enfermo párroco de Valožyn, condenado a 11 años de prisión el
pasado diciembre por 'alta traición'». Según el testimonio de Krylov, «el
sacerdote había resistido la presión de la policía del KGB para que testificara
falsamente contra otros clérigos católicos y se había negado a
solicitar el indulto, creyendo que estaba siendo retenido como 'rehén y
prisionero de guerra' debido a su fe».
El pasado 11 de
septiembre, 52 presos políticos liberados de Bielorrusia
fueron recibidos en la embajada de Estados Unidos en Vilna, Lituania. Abrazos,
lágrimas y besos se alternaron entre los recién liberados y sus familiares.
Pero el padre Akalatovich no estaba entre ellos. Aún tiene que
penar su larga condena. Para cuando salga en libertad –si sale–, tendrá
casi 80 años de edad. Le tendieron una trampa para atraparle: un falso
feligrés le pidió en noviembre de 2023 que acudiera un cementerio de Valozyn
para atender un entierro. Una vez allí, fue esposado y encapuchado por
la policía del KGB.
Según The
Human Rights Center Viasna, poco antes de ser detenido, el padre
Akalatovich «había sufrido un infarto y se había sometido a una cirugía
de estómago por cáncer». «Requiere supervisión médica y medicación
constante», subraya la asociación que vela por los derechos humanos. Al poco de
ingresar en prisión, las autoridades «le negaron ropa de abrigo y comida.
Durante los primeros días de su detención, el sacerdote solo recibió artículos
de aseo, ropa interior y pastillas; padece enfermedades graves y
necesita tomar varios tipos de medicamentos».
Nunca se
declaró culpable
El 30 de
diciembre de 2024, el tribunal bielorruso comunicó su veredicto: 11
años de prisión. «Se sabe que Akalatovich no se declaró culpable»,
apostilla la organización. «A principios de abril de 2025, el sacerdote envió
un mensaje a sus fieles. Les explicó que lo acusaban de 'espiar para Polonia y
el Vaticano'. Enfatizó que nunca había sido espía de nadie y que era un
siervo de Dios. Según el sacerdote, no hay 'ni una sola palabra de verdad
en el caso contra él, ni un solo hecho que lo involucre en espionaje, mientras
que toda la acusación se basa en mentiras, amenazas y chantaje'»,
prosigue la asociación pro derechos humanos. Todo al más puro estilo
comunista soviético.
El régimen
de Alexander Lukshenko en Bielorrusia «es una entidad
criminal, y la única presión que teme es la publicidad de los medios», afirmó
Krylov. «Necesitamos que esto llegue al mundo; necesitamos que esto llegue al
Vaticano, para que puedan hacer algo y liberar a la gente»,
enfatizó el preso político recién liberado.
Un carmelita
polaco se ha convertido en el último detenido por presunto espionaje.
«El Estado bielorruso considera a Polonia y a la Iglesia católica como
enemigos… Por eso organizan estos montajes», ha explicado Andrei Krylov
a Catholic Review. Se trata del padre Grzegorz Gawel,
de 27 años, y que atendía la basílica de la Visitación de la Bienaventurada
Virgen María de Cracovia. Fue detenido el 4 de septiembre pasado en un
aparcamiento en Lepel, cerca de la ciudad bielorrusa de Vitebsk, y acusado de
recopilar información sobre «Zapad-2025», un ejercicio militar ruso-bielorruso.
Acusaciones
falsas
Decenas de
clérigos católicos, ortodoxos y protestantes se han enfrentado a arrestos en
Bielorrusia, como el padre oblato Andrzej Juchniewicz, quien fue
sentenciado a 13 años en abril en un juicio a puertas cerradas cuando su cargo
de «actividades subversivas» no especificadas se cambió a «delitos penales»,
que involucran relaciones sexuales con menores. Otro de los presos políticos
liberados explicó que el padre Juchniewicz, aunque encarcelado por
cargos falsos, era obligado a realizar los «trabajos más sucios y
humillantes», como limpiar suelos y baños, y requeriría un extenso
«tratamiento psicológico y psicoterapéutico» si alguna vez era
liberado.
Al padre
Akalatovich se le negó durante su detención todo apoyo espiritual, incluido el
acceso a una capilla ortodoxa en Bobruisk. Se le llegó a ofrecer la libertad si
ayudaba a comprometer al nuncio del Vaticano, el arzobispo Ceffalia,
plantando un dispositivo en su equipaje. Sin embargo, según Krylov, aseguró que
nunca «traicionaría a Dios» al «cometer semejante crimen».
Los católicos
representan alrededor de una décima parte de los 9,4 millones
de habitantes de Bielorrusia y han visto sus parroquias reducidas de 94
a 85 en virtud de una ley de libertad de conciencia de 2023, que
prohíbe las actividades religiosas que se consideren que infringen la
«soberanía, el sistema constitucional y la armonía civil» de Bielorrusia.
Álex Navajas
Fuente: El Debate
