Todo egoísmo nos aísla de los demás y “esparce el veneno de una competencia que a menudo genera conflictos”. Por ello, instó a administrar los dones recibidos, nuestra propia vida, con cuidado y responsabilidad, sabiendo que no somos sus dueños y que lo más importante no es acumularlos.
En la catequesis del Ángelus del último domingo de septiembre, el Papa León XIV comentó la parábola evangélica del administrador deshonesto (Lc 16,1-13) y, completando lo que ya había ofrecido como meditación en la homilía de la misa celebrada en la parroquia de Santa Ana en el Vaticano, planteó una serie de preguntas sobre cómo administramos nuestra vida y los bienes recibidos.
Un día seremos llamados a rendir cuentas de la gestión de los
recursos de la tierra, ante Dios y ante los hombres, ante quienes vendrán
después de nosotros. El Pontífice, por tanto, puso de relieve un fundamento:
“No somos dueños de nuestra vida ni de los bienes de los que disfrutamos; todo
nos ha sido dado como don por el Señor y Él ha confiado este patrimonio a
nuestro cuidado, a nuestra libertad y responsabilidad”.
Los amigos, verdadera riqueza de este mundo
En su reflexión, el Santo Padre explicó el sentido del
comportamiento y las valoraciones del administrador en el relato bíblico:
En esta difícil situación, comprende que la acumulación
de bienes materiales no es lo más importante, porque las riquezas de este mundo
son pasajeras; y entonces se le ocurre una idea brillante: llama a los deudores
y «condona» sus deudas, renunciando así a la parte que le correspondería. De
esta manera, pierde la riqueza material, pero gana amigos, que estarán
dispuestos a ayudarlo y apoyarlo.
Salir del egoísmo
A continuación, el Papa Prevost evidenció la
diligencia con la que el protagonista del pasaje evangélico sale de su soledad,
de su egoísmo. Esto, advirtió, es lo que realmente importa:
Debemos usar los bienes del mundo y nuestra propia
vida pensando en la verdadera riqueza, que es la amistad con el Señor y con los
hermanos.
Construir el bien
Finalmente, el Obispo de Roma subrayó que lo que se
necesita es el sentido de la justicia y la responsabilidad:
Podemos seguir el criterio del egoísmo, poniendo la
riqueza en primer lugar y pensando solo en nosotros mismos; pero esto nos aísla
de los demás y esparce el veneno de una competencia que a menudo genera
conflictos. O bien podemos reconocer todo lo que tenemos como un don de Dios
que debemos administrar, y utilizarlo como instrumento para compartir, para
crear redes de amistad y solidaridad, para construir el bien, para construir un
mundo más justo, más equitativo y más fraterno.
Fuente: Vatican News
