De Letrán al Vaticano: el largo viaje de la residencia papal
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| Foto: CNS. Pablo Esparza |
Probablemente,
en alguna conversación familiar o con algún niño, se haya planteado la
siguiente pregunta: ¿Dónde vive el Papa? Y la respuesta más rápida y directa
que nos darían sería: en el Vaticano. Y es verdad, los niños no saben si en
Santa Marta o en los palacios apostólicos. Pero los Papas no siempre han vivido
en el vaticano, es más, ni siquiera en Roma, o en Italia…
De Laterano
a Letrán: los primeros mil años
Pero comencemos
por el inicio. Después de las primeras persecuciones y con Constantino, durante
aproximadamente diez siglos, la residencia oficial del Papa estuvo en el
Palacio de Letrán. Al lado de la basílica del mismo nombre, la catedral de Roma
y madre de todas las iglesias del mundo.
A día de hoy,
se puede visitar el Santo Sanctorum, y desde la plaza de San Giovanni Laterano,
mirando de frente a la basílica, a la derecha podemos ver un ábside, de lo que
seguramente fuese el comedor del palacio. Allí vivieron y gobernaron los
pontífices hasta que un incendio y las circunstancias políticas forzaron el
cambio de aires.
Santa María
in Trastevere y otras moradas romanas
En tiempos más
turbulentos, y de mucho movimiento político, la residencia papal fue moviéndose
entre varias localizaciones. En alguna ocasión, el Papa se trasladó a vivir a
Santa María in Trastevere, pegado a la basílica que lleva ese nombre o incluso
a Santa María la Mayor. Hay que pensar que Roma en la edad media no era el
lugar tan seguro como lo que tenemos en mente ahora. De hecho, la población de
Roma podría rondar los 50.000 habitantes.
Aviñón: el
«exilio dorado»
Resumiendo
mucho, con algunas tensiones entre las familias y los Papas, algunos pensaron
que el lugar más seguro pasaba por salir de Roma. Por eso, entre 1309 y 1377,
siete Papas se fueron al «exilio» y posicionaron la residencia en Aviñón, al
sur de Francia, al amparo de la corona francesa que les brindaba esa seguridad
que en Roma no tenían —quizás pudo influir que muchos de los cardenales fueran
franceses—.
A este periodo
de tiempo los historiadores lo han llamado como el «exilio de Aviñón». Fue una
etapa de tensiones y división, pero también de avances en la doctrina. Por
ejemplo, Benedicto XII proclama la bula Benedictus Deus, para hablar del
dogma de fe del purgatorio. Sin embargo, el pueblo de Roma clamaba: por un Papa
romano, o, al menos, que viviese allí. Finalmente, Gregorio XI, con el consejo
de la gran Santa Catalina de Siena, vio que lo más prudente era regresar a la
residencia romana.
El Quirinal
y los estados pontificios.
En el centro de
Roma, en una de sus siete colinas se levanta el palacio del Quirinal, hoy
residencia del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella. Lo que
muchos no saben es que ese palacio hasta 1870 fue la residencia de los Papas.
Papas con un estado a su cargo, los Estados Pontificios.
Allí vivieron
hasta la unificación de Italia y la toma de Roma por Víctor Manuel II. En ese
momento, el Papa Pío IX se retiró al Vaticano como «prisionero en su propio
palacio», y el Quirinal pasó al nuevo jefe de Estado italiano. No faltaron
excomuniones, asaltos simbólicos y largos silencios diplomáticos. No fue hasta
los Pactos de Letrán, en 1929, cuando se restableció la paz.
Y desde
entonces: el Vaticano
Ya desde ese
momento, la residencia del Papa se ha establecido en los palacios apostólicos,
en los cuales también vive el secretario de Estado. Estos palacios datan del
siglo XVI. Es aquí donde se celebran las audiencias privadas, donde se asoma el
Papa para el rezo dominical del ángelus, donde reside, trabaja, y reza.
Y aunque de
manera sencilla el papa Francisco quiso alojarse en Santa Marta, para estar más
cerca de los trabajadores, León XIV podría volver a los palacios
apostólicos.
Como se ve a lo
largo de la historia, son las circunstancias políticas, personales, civiles las
que hacen que uno u otro sitio sea el idóneo para vivir, pero el amor al papa
está por encima de su lugar de residencia, porque no siempre fue en el mismo
lugar.
Como dice el
dicho romano: Roma locuta, causa finita est… pero la casa del Papa, sea
donde sea, siempre tendrá la puerta abierta.
Por Álvaro
Serrano Bayán
Fuente: Ecclesia
