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El saludo del Papa el pasado domingo 23 de marzo desde el Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Dominio público |
En medio de la incertidumbre generada por la administración Trump con su atípico modo de negociar la paz entre Ucrania y Rusia, el pasado 4 de marzo, la presidenta, Ursula von der Leyen, presentó “ReArm Europe”, un plan de inversión en armamento y defensa europea por un valor de 800 mil millones de euros.
Desarmar el rearme…
Diez días después, el Papa con la mano
hinchada firmaba una carta dirigida
a Luciano Fontana, director de “Il Corriere della Sera”, uno de los
diarios de mayor tirada en Italia.
En la misiva, desde su lecho de hospital,
el Papa compartía su experiencia como enfermo: la “fragilidad humana tiene la
capacidad de hacernos más lúcidos ante todo lo que queda y todo lo que pasa,
ante lo que da vida y lo que mata”. En vez de rearme, consideraba el
pontífice, “tenemos que desarmar las palabras, para desarmar las mentes, y
desarmar la Tierra”.
“Existe
una gran necesidad de reflexión, de calma, de sentido de la complejidad –añadía
el pontífice en su sorprendente misiva que logró firmar con letra minúscula–. Mientras,
el conflicto no hace más que devastar a las comunidades y al medio ambiente,
sin ofrecer soluciones a los conflictos, la diplomacia y las organizaciones
internacionales necesitan nueva savia y credibilidad”.
El
máximo representante de la Santa Sede después del Papa, el cardenal
Pietro Parolin, secretario de Estado, respaldó esas palabras
días después, el 18 de marzo, en declaraciones a un grupo de periodistas en la
embajada de Marruecos ante el Vaticano, manifestando su profunda inquietud ante
el plan de rearme europeo y sus posibles consecuencias.
“Cuando uno se rearma, tarde o temprano acaba utilizando las armas, ¿no?”, preguntó el purpurado italiano a los periodistas. La Santa Sede mantiene su posición de siempre, subrayó: “insistir a nivel internacional para que se dé un desarme controlado y general. No se puede estar contento con la dirección que están tomando las cosas”, confesó.
Cuando la diplomacia languidece
La Santa
Sede ha expuesto su oposición ante el rearme europeo de manera más detallada y
argumentada en un editorial firmado el 6 de marzo por
Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para la Comunicación.
El
representante vaticano señaló que “Europa, en los últimos tres años, se ha
mostrado lamentablemente incapaz de tomar iniciativas y mostrar creatividad
diplomática. Sólo ha sido capaz de suministrar
armas a Ucrania, injustamente atacada por las tropas rusas,
pero no de proponer ni impulsar, al mismo tiempo, vías concretas de negociación
para poner fin al sangriento conflicto”.
“Ahora
se dispone a invertir, siguiendo la estela de iniciativas similares adoptadas
por otras potencias mundiales, la exorbitante suma de
800 mil millones en armas —señala el director editorial de los medios
informativos vaticanos—. No los invierte en combatir la pobreza;
tampoco en financiar programas que mejoren las condiciones de vida de quienes
huyen de sus países a causa de la violencia y la miseria; ni en mejorar el
bienestar, la educación y las escuelas; tampoco en garantizar un uso humano de
la tecnología o en ayudar a los ancianos”.
“Los invierte en engrosar los arsenales y, por tanto, los bolsillos de los fabricantes de muerte, pese a que el gasto militar de los países de la Unión ya supera al de la Federación Rusa –reconoce Tornielli–. ¿Es este el camino para asegurar un futuro de paz y prosperidad al Viejo Continente y al mundo? ¿Es la carrera armamentista la verdadera garantía? ¿Es esta realmente la clave para reencontrarnos con nuestras raíces y valores?”.
Propuestas episcopales para las negociaciones de paz
En este
contexto, la presidencia de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión
Europea (COMECE, por sus siglas en inglés) difundió el 4
de marzo una Declaración “en apoyo a
Ucrania y a su pueblo en un medio de la creciente complejidad e
incertidumbre geopolítica“.
El
episcopado ante la Unión Europea considera que “una paz global, justa y duradera en
Ucrania sólo puede lograrse mediante negociaciones. Cualquier
esfuerzo de diálogo creíble y sincero debe estar respaldado por una solidaridad
transatlántica y mundial sólida y continua, y en él debe participar la víctima
de la agresión: Ucrania”.
Los
obispos europeos rechazan “firmemente cualquier intento de distorsionar la
realidad de esta agresión. Para que sea sostenible y justo, un
futuro acuerdo de paz debe respetar plenamente el derecho internacional y estar
respaldado por garantías de seguridad efectivas que impidan la reanudación del
conflicto”.
“La comunidad internacional debe seguir ayudando a Ucrania en la reconstrucción de las infraestructuras destruidas –afirma el episcopado de los países de la Unión Europea–. Rusia, el agresor, debe participar adecuadamente en este esfuerzo”.
Difícil misión para el hasta ahora nuncio en España
A la luz
de esta profunda preocupación del Papa y la Santa Sede ante el rearme europeo,
así como de la sensación de confusión que desprende la vieja Europa, se
comprende mejor el nombramiento del hasta hace pocos días nuncio apostólico en
España, monseñor Bernardito Auza, como nuncio apostólico ante
la Unión Europea.
Al
arzobispo de origen filipino le corresponderá ahora hacer audible la
voz del Papa ante Ursula von der Leyen y los miembros de la Comisión Europea.
En su contra tendrá 800 mil millones de argumentos con los que muchos ya están
soñando hacer el negocio de su vida.