La caridad es una virtud teologal que Dios infunde en el Bautismo, y tiene una poderosa razón de ser en el cristiano para nuestro progreso espiritual.
![]() |
| Korawat photo shoot | Shutterstock |
En el Bautismo recibimos la gracia santificante que
nos convierte en hijos adoptivos de Dios y borra en nosotros el pecado
original. Y por si esto fuera poco, el Señor nos obsequia las virtudes
teologales de fe, esperanza y caridad, que, como dice el Catecismo de la
Iglesia católica:
"disponen a los cristianos a vivir en relación
con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y
Trino" (CEC 1812).
Por consecuencia, estas virtudes no podemos
adquirirlas por mérito humano:
"Son infundidas por Dios en el alma de los fieles
para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna".
(CEC 1813)
Fe, esperanza y caridad
De manera muy sencilla recordaremos que por la fe
creemos en Dios y en todo lo que nos ha revelado. Y por la esperanza
"aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad
nuestra" (CEC 1817).
Así mismo, las tres virtudes "Son la garantía de
la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser
humano" (CEC 1823).
Sin embargo, la caridad es la mayor de las tres
virtudes, como lo expresa San Pablo:
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la
esperanza y la caridad, pero la más grande todas es la caridad (1 Cor 13, 13).
Sin caridad no hay crecimiento
espiritual
El Catecismo aclara que la caridad es sinónimo de
amor:
La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a
Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros
mismos por amor de Dios (CEC 1822).
Pero hay que destacar que no se trata de
sentimentalismos, es decir, la caridad es ese amor sobrenatural va más allá de
"sentir bonito", y su efecto en el alma de la persona se enfoca en
hacer el bien a todos, aún y quizá más, a los enemigos, por amor a Dios.
Por eso, si no tuviéramos la caridad sería
prácticamente imposible amar a quien nos han dañado.
San Pablo resume de esta manera la caridad:
Si no tengo caridad nada soy.... Y todo lo que es privilegio,
servicio, virtud misma... si no tengo caridad, “nada me aprovecha” (1 Co 13,
1-4).
Caridad y progreso espiritual
En conclusión, si deseamos progresar espiritualmente,
debemos ejercitar la caridad amando a Dios, ¿cómo? obedeciendo sus
mandamientos, esforzándonos en dar testimonio cristiano, usando los sacramentos
para incrementar la gracias y superar nuestros defectos y pecados.
Y al prójimo, por supuesto, porque si no se demuestra
con el trato a nuestros semejantes, nuestro amor será vacío y sin sentido, como
lo remarca san Pablo:
"si no tengo amor, soy como una campana que
resuena o un platillo que retiñe" (1 Cor 13, 1).
Pidamos al Señor que cada día aumente en nosotros la
caridad que tendrá su plenitud el día que lo veamos en el cielo.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
