¿Por qué san Antonio es el patrón de los objetos perdidos, o santa Bárbara la patrona de los bomberos? ¿Tradición popular o decreto eclesiástico? Descúbralo
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| Pascal Deloche / Godong |
«San Antonio, ayúdame a encontrar mis llaves».
Una de las mejores cosas de ser católico es tener a los santos para que vengan
a rescatarnos… Muchos cristianos invocan la intercesión de los santos cuando se
enfrentan a pruebas y tribulaciones.
«Cuando Dios nos elude y no nos sentimos dignos
de su atención, buscamos intermediarios que transmitan nuestras intenciones y
que, a cambio, nos transmitan la gracia de Dios», explica el padre
Maximilien de la Martinière, sacerdote de la diócesis de Versalles y
experto en piedad popular. A continuación, enumera otras posibles formas de
mediación, como los ángeles u objetos como estatuas y medallas, o lugares como
santuarios.
En cuanto a los santos patronos, explica: «Nos
decimos que cuanto más cerca esté ese santo de Dios, más posibilidades
tendremos de que le haga llegar nuestras oraciones. Y al mismo tiempo, tenemos
un afecto especial por los que están cerca de nosotros en lo que nosotros
mismos vivimos en la tierra». Esto incluye santos regionales o locales
vinculados a un lugar y su historia, santos que ejercieron una profesión
concreta que compartimos, o santos que afrontaron situaciones similares a las
nuestras.
Santos que «nos
hablan»
«Lo que pone en
marcha la devoción es la amistad con los santos: ellos ‘nos hablan’… Pero
también se basa en experiencias que hemos tenido («San fulano atendió mi
oración») o en la tradición («Mi abuela rezaba mucho a este santo…»).» Con el
tiempo, nos «familiarizamos» con los santos.
Los santos
patronos han sido invocados por la gente -creyentes y no creyentes- desde la
Edad Media. En aquella época, los gremios se reunían por oficios para obtener
la protección de un santo, como san Honorato para los panaderos. Otra patrona
popular es santa Bárbara, que nació en el
siglo III y fue torturada por su padre por elegir entregarse a Cristo. Su padre
fue alcanzado por un rayo justo después de decapitarla. Este vínculo con el
rayo la convirtió en patrona de armeros, artilleros y bomberos.
Conexiones
indirectas
A veces, la
razón de un determinado patronazgo es una anécdota atribuida a un santo muy
antiguo. Tales historias, sumadas a una vida verdaderamente edificante, han
llevado a la tradición popular a asignar a los santos el patronazgo de causas
específicas. San Antonio de Padua, como todos sabemos, es venerado por
las personas que pierden cosas. ¿Por qué? Porque se dice que este discípulo de
san Francisco recuperó milagrosamente su precioso salterio anotado, que le
habían robado.
Hasta el siglo
XVI, la piedad popular designaba a numerosos santos para invocar la protección
contra una determinada plaga o enfermedad, a veces basándose en leyendas y
difuminando la línea entre fe y superstición. Por ejemplo, a san Wilgeforte,
que se dice vivió en Portugal en el siglo IV, le rezaban las esposas infelices.
Los santos y
sus patronazgos proliferaron tanto en estas circunstancias que en 1630 el Papa
Urbano VIII decidió regular el nombramiento de los santos patronos. «A finales
del siglo XVI, la Congregación Pontificia para los Sacramentos recibió el
encargo de enumerar a los santos y autorizar (o no) su veneración. Estas
funciones se confiarían más tarde a la Congregación para las Causas de los Santos, que sigue
siendo la encargada y ratifica los patronazgos», se lee en un artículo del 20
de abril de 2018 en la web de La Croix.
Iglesia y
piedad popular: un doble movimiento
La Iglesia nos
invita así a inspirarnos en la vida ejemplar de los santos que, como nosotros,
han vivido en medio del mundo. De hecho, «cuando se trata de la devoción a los
santos, la institución eclesiástica y la piedad popular se alimentan
mutuamente», resume el P. Maximilien.
«La Iglesia
puede proponer un santo que los fieles harán suyo, como san Lucas, patrón de
los médicos. O, las más de las veces, es el pueblo el que reconoce la santidad
de alguien por los milagros, por la tradición oral… Lo que lleva a la Iglesia a
estudiar su canonización», concluye.
¡Así que no
dudes en pedir la intercesión de estas grandes figuras de la fe!
Marthe
Taillée
Fuente: Aleteia
