Desde el balcón pontificio, este mediodía el Papa Francisco explica la diferencia entre pecador y corrupto y asegura que para el pecador “hay siempre esperanza de redención”, mientras que, para el corrupto, en cambio, “es mucho más difícil”
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A mediodía de este domingo de la XXVI semana
del Tiempo Ordinario, el Pontífice ha comentado el evangelio hodierno según San
Mateo, en el que el evangelista presenta la parábola de los dos hijos. “Hoy el
Evangelio habla de dos hijos, a los que el padre pide ir a trabajar en la viña.
El primero responde inmediatamente “sí”, pero luego no va. El segundo, en
cambio, al inicio se opone, pero luego lo piensa bien y va”.
Francisco explica que el problema no está aquí
tan ligado a la resistencia a ir a trabajar en la viña, “sino en la sinceridad o
menos frente al padre y frente a uno mismo”. De hecho, continúa el Papa,
“aunque ninguno de los dos hijos se porta de manera impecable, el primero
miente, mientras que el segundo se equivoca, pero permanece sincero”.
El Papa nos invita hoy a mirar al primer hijo,
aquel que dice “sí”, pero luego no va
“Él no quiere hacer la voluntad del padre, pero
tampoco quiere ponerse a discutir y hablar. Así se esconde detrás de un “sí”,
detrás de un falso asenso, que esconde su pereza y por el momento le salva la
cara”. Francisco asegura que “se escabulle sin conflictos, pero engaña y
desilusiona a su padre, faltándole el respeto de peor forma de lo que habría
hecho un franco “no””. En este punto se para a reflexionar el Papa, explicando
que “el problema de un hombre que se comporta así es que no es solo un pecador,
sino también un corrupto, porque miente sin problemas para cubrir y
camuflar su desobediencia, sin aceptar algún dialogo, o enfrentamiento
honesto”.
Miremos al segundo hijo, aquel que dice “no”
pero luego va
El segundo hijo, en cambio, “es sincero” – dice
el Papa – “no es perfecto pero sincero”. Aunque nos hubiera gustado verlo decir
“sí” inmediatamente, al menos – explica Francisco – “manifiesta de manera
franca y en un cierto sentido valiente su reticencia. Se asume, por lo tanto,
la responsabilidad de su comportamiento y actúa bajo la luz del sol. Luego, con
esta honestidad de base, termina poniéndose en discusión, llegando a entender
que se ha equivocado y regresando por sus pasos”. “Es, podremos decir, un pecador, pero
no un corrupto” señala el Papa.
El Papa diferencia el pecador del corrupto
Francisco asegura que para el pecador “hay
siempre esperanza de redención”, mientras que, para el corrupto, en cambio, “es
mucho más difícil”. “De hecho – dice – sus falsos “sí”, aparentemente elegantes
pero hipócritas y sus ficciones convertidas en habito son como un grueso “muro
de goma”, detrás del cual se resguarda de la voz de la conciencia”.
Las preguntas que el Papa aconseja hacerse a
uno mismo
Tras presentar el evangelio del día, el santo
Padre ha invitado a “mirarse a uno mismo” y preguntarse: “¿Frente al cansancio
de vivir una vida honesta y generosa, de comprometerme según la voluntad del
Padre, estoy dispuesto a decir “sí” cada día, aunque cueste?” Y cuando no lo
conseguimos, “¿soy sincero en el enfrentarme con Dios sobre mis dificultades,
mis caídas, mis fragilidades? ¿Cuándo me equivoco, estoy dispuesto a
arrepentirme y a regresar sobre mis pasos? ¿O hago como si nada y vivo llevando
una máscara, preocupándome solo en aparecer como bueno y correcto? En
definitiva, soy un pecador, como todos, ¿o hay en mi algo de corrupto?
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
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