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| Nuevos Cardenales. Dominio público |
El Papa Francisco ha aludido a un detalle del pasaje
evangélico, fijándose las palabras expresadas por los judíos que dijeron
"somos «partos, medos y elamitas». Esta larga enumeración de pueblos me
hizo pensar en los cardenales, que gracias a Dios provienen de
todas partes del mundo, de las naciones más diversas. Ese es el motivo por el
cual elegí este pasaje bíblico".
Esos “partos, medos,
elamitas” que el Papa ha asociado a los cardenales, "no pertenecían al
grupo de los discípulos, estaban fuera del cenáculo, eran parte de esa
«multitud» que «se congregó» al oír el ruido semejante a una fuerte ráfaga de
viento. Los Apóstoles eran “todos galileos”,
mientras que la gente allí congregada había venido «de todas las naciones del
mundo», precisamente como los obispos y cardenales de nuestro tiempo".
Evangelizados que evangelizan
Francisco
ha incidido en esta inversión de roles para reflexionar y porque además
"revela una perspectiva interesante": "Se trata de que hagamos
nuestra —y me incluyo también yo— la experiencia de esos judíos que por un don
de Dios se encontraron siendo protagonistas del acontecimiento de Pentecostés.
Redescubrir con asombro el don de haber recibido el Evangelio. Recordar con gratitud el don de haber sido
evangelizados y de haber sido sacados de pueblos que, cada uno en su momento,
recibió el Kerigma, el anuncio del misterio de la salvación, y acogiéndolo
fueron bautizados en el Espíritu Santo y entraron a formar parte de la Iglesia.
La Iglesia Madre, que habla en todas las lenguas, que es una y es católica".
La
fe es transmitida “en dialecto” por las madres y las abuelas."Somos
evangelizadores en la medida que conservamos en el corazón el asombro y la
gratitud de haber sido evangelizados; más aún, de ser evangelizados, porque en
realidad se trata de un don siempre actual, que requiere ser renovado
continuamente en la memoria y en la fe", ha insistido el Papa. "La Iglesia —y cada uno de sus miembros—
vive de este misterio siempre actual. No vive «de rentas», ni mucho menos de un
patrimonio arqueológico, por valioso y noble que sea".
Orquesta sinfónica
"Ustedes,
neocardenales, han venido de diversas partes del mundo y el mismo Espíritu
Santo que fecundó la evangelización de sus pueblos ahora renueva en ustedes su
vocación y misión en la Iglesia y para la Iglesia". El Colegio
Cardenalicio está llamado "a asemejarse a una orquesta sinfónica, que
representa la sinfonía y la sinodalidad de la Iglesia".
El
Papa ha hablado de la “sinodalidad” no sólo porque estamos en la vigilia de la
primera Asamblea del Sínodo que tiene precisamente este tema, sino porque
"la metáfora de la orquesta puede iluminar bien el carácter sinodal de la
Iglesia. Una sinfonía cobra vida de la sabia
composición de sonidos de los diferentes instrumentos. Cada uno brinda su
aporte, a veces solo, a veces unido a algún otro, a veces con todo el conjunto.
La diversidad es necesaria, es indispensable".
Cada sonido debe
contribuir "al proyecto común" y para eso es fundamental "la
escucha recíproca". "Cada músico debe escuchar a los demás. Si uno
sólo se escuchase a sí mismo, por más sublime que pudiera ser su sonido, no
beneficiará a la sinfonía; y lo mismo sucedería si una sección de la orquesta
no escuchase a las otras, sino que sonara como si estuviera sola, como si fuera
el todo. Y
el director de la orquesta está al servicio de esta especie de milagro que
representa cada ejecución de una sinfonía".
Él debe
escuchar más que todos los demás "y al mismo tiempo su tarea es ayudar a
cada uno y a toda la orquesta a desarrollar al máximo su fidelidad creativa,
fidelidad a la obra que se está ejecutando, pero creativa, capaz de darle un
alma a esa partitura, de hacerla sonar en el aquí y ahora de una manera
única".
Por SARA DE LA TORRE
