En la homilía de la vigilia ecuménica que presidió este sábado en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco hizo votos para que, en el Sínodo de la Sinodalidad, el Espíritu Santo purifique a la Iglesia.
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| Vigilia Ecuménica. Dominio público |
La
“previgilia” se inició con el testimonio de tres jóvenes: Emile, del Líbano;
Agata, de Indonesia; y Tilen, de Eslovenia, quienes compartieron su experiencia
en el proceso del camino sinodal.
El
Sínodo de la Sinodalidad fue convocado en el mes de octubre de 2021 bajo el
lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. A la sesión
que se desarrollará este mes de octubre están convocadas 365 personas, entre
ellos obispos, religiosos, sacerdotes, diáconos y laicos. Por primera vez,
quienes no son obispos —entre ellos 54 mujeres— tendrán derecho a voto.
Tras
los testimonios se realizó una dramatización de la parábola del Buen
Samaritano, durante la cual se leyó el pasaje evangélico, seguida de un alegre
canto nigeriano.
Luego, un joven refugiado, Wael de Siria; y la migrante
colombiana Daniela, hicieron una reflexión por separado sobre la importancia de
la construcción de la paz, colaborando con los desplazados en distintas partes
del mundo, para después rezar la oración final de la encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco.
Después se realizó el Vía Creationis, compuesto de siete estaciones para dar gracias por la
creación de Dios, en el marco del Tiempo de la Creación, que la Iglesia celebra
del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís.
A
continuación se inició propiamente la vigilia, con hubo una invocación del
Patriarca Ortodoxo Bartolomé I, seguida de la lectura del libro de la Carta de
San Pablo a los Efesios (Ef.4,1-7) a cargo de la Dra. Anne Burghardt, de la
Federación Luterana Mundial. El Evangelio de San Mateo (5:1-12) fue pronunciado
por Mar Paulus Benjaminm de la Iglesia Oriental de Asiria.
Después
hubo un momento de silencio de 8 minutos, introducidos por la frase “Durante
este tiempo de silencio, permanezcamos ante el Señor que está presente y nos
une”, en la que los presentes también podían reflexionar en unas de las
Bienaventuranzas.
Luego
se realizaron algunas “oraciones de intercesión” a cargo de diversos líderes
cristianos.
En
la vigilia se pidió también “por todos los que sufren la violencia y la guerra
en Ucrania, Afganistán, Myanmar, Pakistán, Haití, Nicaragua, Congo, Siria,
Sudán, Etiopía y en muchos otros lugares del mundo”.
Al
concluir, se rezó el Padre Nuestro y diversos líderes cristianos recibieron
“unas semillas, como signo de las semillas de unidad / sinodalidad, para
plantarlas en casa y hacerlas crecer (cf. 1Co 3, 6: «Yo planté, Apolo regó,
pero fue Dios quien la hizo crecer»)”, indica el folleto de la vigilia.
La homilía del Papa Francisco
El
Santo Padre reflexionó sobre la importancia del silencio, en primer lugar, como
algo “esencial en la vida del creyente. En efecto, está al principio y al final
de la existencia terrena de Cristo. El Verbo, la Palabra del Padre, se hizo
‘silencio’ en el pesebre y en la cruz, en la noche de la Natividad y en la de
Pascua”.
“Esta
tarde nosotros cristianos hemos permanecido en silencio ante el Crucifijo de
San Damián, como discípulos a la escucha ante la cruz, la cátedra del Maestro.
Nuestro silencio no ha sido vacío, sino un momento lleno de espera y de
disponibilidad”, agregó.
“Nosotros,
como Abraham, como Elías, como María necesitamos liberarnos de tantos ruidos
para escuchar su voz. Porque sólo en nuestro silencio resuena su Palabra”,
resaltó el Papa.
El
Pontífice destacó asimismo que “en segundo lugar, el silencio es esencial en la
vida de la Iglesia”. “El silencio, en la comunidad eclesial, hace posible una
comunicación fraterna, en la que el Espíritu Santo armoniza los puntos de
vista. Ser sinodales quiere decir acogernos así, unos a otros, con la
convicción de que todos tenemos algo que testimoniar y aprender, poniéndonos
juntos a la escucha del «Espíritu de la verdad» (Jn 14,17) para conocer lo que
Él «dice a las Iglesias» (Ap 2,7)”, refirió.
En
ese sentido, continuó, “el silencio permite precisamente el discernimiento, mediante
la escucha atenta de los «gemidos inefables» (Rm 8,26) del Espíritu que
resuenan, a menudo ocultos, en el Pueblo de Dios”.
En
tercer lugar, “el silencio es esencial en el camino de unidad de los
cristianos; de hecho, este es fundamental para la oración, de la que parte el
ecumenismo y sin la cual es estéril”.
Sobre
las semillas recibidas por los líderes cristianos, el Papa Francisco finalmente
destacó que “serán un signo para nosotros, llamados también a morir
silenciosamente al egoísmo para crecer, por la acción del Espíritu Santo, en la
comunión con Dios y en la fraternidad entre nosotros”.
Por Walter
Sánchez Silva
Fuente: ACI
