Doctora en derecho, madre de 7 hijos y experta en exponer la visión católica
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| Erika Bachiochi, con su admirada Mary Ann Glendon, en 2021. Dominio público |
Sus amigas y colegas dicen que tiene un don
"para acercar a la gente a Dios y a la Iglesia", porque en
conversaciones difíciles "es ecuánime e imparcial y siempre trata de ver
lo mejor en cada argumento".
Se considera feminista provida, asegura que el aborto "no es
una propuesta feminista" y convence a muchas mujeres de ello.
Una infancia y adolescencia dura
Aunque fue bautizada de bebé, Erika creció en
una familia sin fe y muy desestructurada. Su madre se divorció tres veces.
Dos amigas de su adolescencia se suicidaron. En ese contexto, las
adicciones le golpearon en la adolescencia. Pero a los 17 años empezó a ir a un
programa de "doce pasos" (basados en Alcohólicos Anónimos:
reconocer que se tiene un problema, contar con el apoyo de un Poder Superior,
etc...) y empezó a rezar. Consiguió retomar las riendas de su vida.
Como adulta joven estudió Sociología y Estudios sobre
la Mujer en Vermont. Es decir, el paquete estándar del progresismo
universitario. "Me llamaba a mí misma feminista socialista", cuenta al National Catholic
Register. Fue voluntaria un verano del congresista Bernie
Sanders, el único de EEUU en declararse socialista (y alcalde
durante 8 años en Burlington, Vermont). Hay que recordar que en EEUU la
izquierda radical usa muchas etiquetas, pero "socialista" casi
nunca.
Ella no sabía mucho sobre Dios, excepto que en la
oración le ayudaba a mantener el equilibrio. Erika reflexionaba sobre
sí misma y sus heridas, y oraba sobre ellas.
"Dejé de culpar a todos los que me rodeaban, especialmente
a mi madre", recuerda. Eso cambió su enfoque de muchas cosas. Dejar de
construir la propia vida sobre el resentimiento y el culpar a los demás, es una
opción que marca en todo.
Una abortista que admiraba a católicas provida
Erika se consideraba "rotundamente
proabortista". Pero le empezó a llamar la atención el trabajo de
algunas mujeres católicas relevantes en el mundo del derecho en EEUU. Por
ejemplo, Mary Ann Glendon,
católica devota, profesora de Harvard que en 1995 representó a la Santa Sede en
la Convención sobre la Mujer de la ONU en Pekín. De 2007 a 2009 sería
embajadora de EEUU.
Pero a la joven Erika lo que le interesaba en los años
90 es que Glendon formaba parte de un movimiento de mujeres de ambos partidos
(Republicano y Demócrata) que defendía el reforzar las comunidades y
criticaba el individualismo exacerbado. También le interesaba el trabajo de
la profesora de Derecho Helen Alvaré, que era
la portavoz de temas provida de los obispos de EEUU.
Erika empezó a interesarse en otros enfoques: la
"búsqueda de la verdad" y la filosofía antigua y clásica.
Jóvenes católicos: profundos, humildes, con amor por
Dios
Luego conoció estudiantes en el Club Newman de
Middlebury, gente culta e inteligente, pero que, sobre todo, se mostraban
humildes, profundos y llenos de amor por Dios. "Buscaban lo que
yo quería, pero se entremezclaba todo con charla católica que me hacía sentir
muy incómoda", recuerda.
"Así que fui a mi dormitorio, me puse de rodillas
-que era mi costumbre- y ante Dios me pregunté si yo tendría un hijo.
Este fue el comienzo de mi conversión religiosa".
Poco después, acudiendo a una misa, Erika vivió
una experiencia espiritual. No sé si fue porque me habían bautizado de
niña, que había una especie de arraigo, o si fue el crucifijo lo que me llegó
al corazón", recuerda, “pero supe que [en la Iglesia] estaba en
casa”.
Conoció a su marido, católico, después de su
conversión. Su primer hijo llegó mientras ella estaba en su tercer año de
estudios.
Libros de feminismo provida entre siestas de bebés
Aunque al principio deseaba ser madre en casa "a
tiempo completo", la familia necesitaba dinero, ella tenía mucho que decir
y escribir y empezó a escribir mientras dormían sus primeros bebés. Eran
ensayos sobre mujer, familia, sexo y defensa de la vida: The Cost of
Choice y después Women, Sex and the Church: A Case for
Catholic Teaching.
En 2011 escribió un artículo para una revista de temas
jurídicos con "las intuiciones de muchas feministas provida". Se dio
cuenta que ese iba a ser su gran campo.
La clave era negar que el aborto fuera necesario para
que las mujeres tuvieran igualdad respeto a los hombres.
Separar el grano de la paja
Dice que en sus libros aborda la teoría
jurídica feminista "con mucho respeto", analizando cada argumento,
para "separar el grano de la paja". Y así encontrar los puntos
comunes.
Por otra parte, reflexionó sobre la vida familiar
y el cuidado de niños: "Si te entregas como ellos necesitan, eso
proporciona sabiduría y puede convertirse en la cruz necesaria", dice,
para crecer en virtud e ir fortaleciéndose uno mismo.
En su último libro propone que los provida, en
vez de centrarse en "el derecho a vivir", planteen "los deberes
de cuidado que la madre y el padre deben a su hijo, y entre sí".
Anima a proponer un discurso sobre "responsabilidades mutuas", porque
"cumplir nuestras responsabilidades virtuosamente es lo que nos hace
felices como seres humanos. Inicia un ciclo virtuoso de cuidado mutuo". Y
siempre, añade, poniendo la caridad por delante de cualquier discusión.
P. J. G.
Fuente: ReL
