Este domingo, 23 de octubre, celebramos un año más la Jornada Mundial del Domund.
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| Cartel de la Jornada del DOMUND |
En
su mensaje para esta jornada mundial el Papa Francisco nos ha recordado tres notas
características de los discípulos de Cristo que, por naturaleza, son
misioneros.
La
primera es el carácter de testigo. «La esencia de la misión, nos recuerda el
Papa, es dar testimonio de Cristo, es decir, de su vida, pasión, muerte y
resurrección, por amor al Padre y a la humanidad». Con mucha frecuencia
pensamos que la misión es «hacer». Y ciertamente, el misionero hace muchas
cosas. Pero no servirán de nada si no trasparentan a Cristo, es decir, si la
vida del misionero no remite a Cristo por la identificación con él. Ser testigo
de Cristo significa que el misionero se deja trasformar cada día más por la
persona que anuncia: el Hijo de Dios nacido en nuestra carne. Cuando esto se
hace visible, la misión está asegurada. El misionero no se refiere a sí mismo,
ni se anuncia como líder o dirigente de una tarea que se da a sí mismo. El
misionero se remite a Cristo y anuncia el misterio de su persona.
Otra característica del discípulo de Cristo es la de no poner límites a su misión. «Hasta los confines de la tierra» debe llegar el evangelio de Cristo. Nunca dejará de haber misión por la sencilla razón de que siempre habrá gente que desconozca a Cristo. Nuestro mundo no es solo un mundo secularizado, sino que se ha convertido en un mundo idólatra. Reinan los ídolos: el poder, el dinero, la fama, la autosatisfacción, el placer. Para reconocer a Dios deben caer los ídolos. Para ello es preciso denunciar la falsedad, vanidad e inconsistencia de los ídolos como hacían los profetas y los sabios de Israel. Moisés lanzó las tablas de la alianza sobre el becerro de oro.
El evangelio es el único poder
que puede acabar con los ídolos. Los confines de la tierra no son solo los
geográficos, sino los sicológicos, morales, culturales, políticos donde el
hombre establece su dominio. Hay que llegar a esos confines como llegó Pablo a
Atenas y anunciar al verdadero Dios de modo que el hombre, liberado de la
esclavitud de los ídolos, pueda vivir en la libertad evangélica y adorar al
único Dios verdadero. Esta misión la tenemos todos al alcance de la mano, en el
hombre más cercano que vive sin conocer a Dios.
Por
último, el Papa nos recuerda que contamos con la fuerza del Espíritu Santo que
ha venido sobre nosotros para hacernos capaces de vivir y hablar al estilo de
Cristo. El Espíritu del Señor está sobre mí, dijo Cristo y dice el cristiano
unido a él. Es verdad que la misión necesita recursos, ayudas económicas,
medios materiales. Sin estos apoyos difícilmente podemos emprender obras de
justicia, caridad, de desarrollo integral de la persona. Pero nada de esto es
tan necesario como el Espíritu que nos capacita para vencer miedos, superar
escepticismos, vencer resistencias egoístas y mundanas. Es preciso reconocer la
importancia del Espíritu en la vida de la iglesia y del creyente y suplicar
constantemente su ayuda y sabiduría.
María es modelo del discípulo misionero de Cristo. Fue siempre testigo inconfundible de su Hijo. Vivió a su lado con su misma pasión por Dios y por los hombres. No hizo cosas llamativas, pero nos dejó el Magníficat como testimonio de la grandeza y belleza de su alma. Vivió junto a Cristo la expansión del evangelio y aglutinó a los apóstoles en Pentecostés mediante la oración y la docilidad al Espíritu. Nadie como ella puede enseñarnos el secreto de la misión y la fuerza renovadora de la obediencia a los planes de Dios. Que ella nos enseñé a decir sí y a vivir la fe con la humildad de los siervos que dejan al Señor todo el espacio de su vida para realizar la renovación de este mundo.
César Franco
Obispo de Segovia.
Fuente: Diócesis de Segovia
