"Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por Él, elige a Dios una y otra vez"
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Palabras del
Papa al recibir a los participantes de la segunda parte del Capítulo General de
la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, a quienes les habló de los
sueños de Cristo sobre la comunión, la participación, la misión y la formación,
plasmados en los Evangelios.
“Al Espíritu Santo le encanta avivar las
diferencias y hacer de ellas una armonía”
El Papa Francisco recibió, pasado el mediodía de este
16 de setiembre, a los participantes en la segunda parte del Capítulo General
de la Orden Cisterciense, acompañados por el Padre Abad General, elegido en la
primera parte del capítulo, que dirigió sus palabras de saludo al
Pontífice.
El Abad General, apenas elegido se puso en camino para
visitar las doce regiones donde se encuentran los monasterios, recogiendo los
“sueños de los superiores”. A Francisco le llamó la atención gratamente esa
forma de expresarse del superior, porque, dijo, él entiende también el “soñar”
en sentido positivo, “no utópico sino proyectual”. Sueños que se resumen, en
este caso, en “sueño de comunión, de participación, de misión y sueño de
formación”.
Antes de ofrecer su reflexión sobre ellos, el Santo
Padre ofreció una indicación: interpretarlos a través de Cristo,
identificándose con Él a través del Evangelio.
Libres de la uniformidad y las
divisiones
Pensando en la oración de Jesús al Padre “que todos
sean uno, como nosotros somos uno” (cfr Jn 17, 22-23), Francisco evidenció que
ella permite soñar con Jesús en la comunión de sus discípulos. Es una comunión
que no consiste en “uniformidad, homogeneidad, compatibilidad, más o menos
espontánea o forzada”, precisó, sino “en la común relación con Cristo, y en Él
con el Padre en el Espíritu”.
Jesús no tuvo miedo de la diversidad que existía entre
los Doce, y por lo tanto nosotros tampoco debemos temer la diversidad, porque
al Espíritu Santo le encanta avivar las diferencias y hacer de ellas una
armonía.
Sin embargo, advirtió que sí deben temerse los
particularismos y los exclusivismos, porque ellos causan divisiones, mientras
que el sueño de comunión de Jesús “libera de la uniformidad y las
divisiones”.
Testigos de un estilo de fraternidad
participativa
También a la luz del Evangelio (Mt. 23, 8-10) el
Pontífice evidenció el sueño de Jesús de una comunidad fraterna, en la que
todos participan sobre la base de una relación filial común con el Padre y como
discípulos de Jesús.
En particular, una comunidad de vida consagrada puede
ser un signo del Reino de Dios al testimoniar un estilo de fraternidad
participativa entre personas reales y concretas que, con sus limitaciones,
eligen cada día, confiando en la gracia de Cristo, vivir juntos.
Todos los carismas para la
evangelización del mundo
El mandato de Jesús de hacer discípulos a todos los
pueblos (Mt. 28, 19-20), muestra el sueño del Maestro de una Iglesia
“totalmente misionera”, continuó diciendo el Papa, que añadió:
No hay carismas que sean misioneros y otros que no lo
sean. Todos los carismas, tal y como han sido dados a la Iglesia, son para la
evangelización del mundo; por supuesto, de formas diferentes, muy diferentes,
según la " fantasía " de Dios.
La formación según la vía de Dios
Por último, el Papa evidenció el sueño de la formación
en los Evangelios, que muestra a Jesús que cuida de sus discípulos, los educa
con paciencia y con el testimonio de su forma de vida y de sus
gestos (Jn 13, 15); y afirmó que el Maestro “sueña con la formación de sus
amigos según la vía de Dios, que es la humildad y el servicio”.
Cuando dice: "Todavía tengo muchas cosas que
decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora." (Jn 16,12), Jesús
deja claro que los discípulos tienen un camino que recorrer, una formación que
recibir; y promete que el Formador será el Espíritu Santo (v. 13).
Elige a Dios una y otra vez
Para finalizar, el Obispo de Roma resumió los sueños
en uno: el sueño de la santidad. Y concluyó renovando una invitación:
Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por
Él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del
Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto
del Espíritu Santo en tu vida.
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