Catherine, sin trabajo y dos hijos, había sido abandonada por su esposo
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| Catherine creció en un ambiente ateo y anticlerical. Dominio público |
La
"gran prueba" para ella vino años después: "En 1989 mi marido me
dejó. Yo tenía dos niños, de 8 y 10 años. Era justo antes de Navidad y yo me
veía en Chartres, sola en aquella gran casa. Me tentó el suicidio. Yo no quería, porque tenía ganas de
vivir, y no quería hacerles eso a mis hijos. Entonces dije, con todo mi
corazón: 'Dios, si
existes, haz algo ¡ahora!'".
Sucedió
"algo increíble": "Me puse a llorar como un niño de cinco años, todas las lágrimas
que podía dar mi cuerpo. Me sentí invadida inmediatamente de una gran paz. Me fui a dormir.
La tentación había desaparecido por completo. Y a día siguiente, sentí
como que alguien me empujaba a ir a la catedral de Chartres. Yo vivía muy cerca
de ella. Me senté delante de la Santísima Virgen y le dije: 'Tú eres una mujer. Tú me
comprenderás'. Y durante tres meses me iba delante de María y pasaba una hora o dos horas ante
la Santísima Virgen, mientras esperaba a ir a buscar a los niños al
colegio".
Pasado
ese tiempo, sucedió un nuevo hecho extraordinario, que relata a Découvrir Dieu.
"Recibí
una llamada, que ahora sé que fue una efusión del Espíritu", explica, pues entonces apenas
conocía "cuatro cosas del catecismo". Se acercó hasta una imagen del Sagrado Corazón de Jesús,
al fondo de la cripta: "Había una vela y una rosa, ¡lo recordaré toda mi
vida! Me sentí como impulsada a arrodillarme, ¡yo, que era muy tímida! La imagen me dijo: 'Perdona a tu
marido'. Yo comencé a excusarme: 'No puedo, sufro
demasiado'... Pero luego comprendí que tenía que recorrer ese camino. Y
Cristo me dijo: 'No te inquietes, yo te acompañaré'”.
"Comencé
entonces ese camino de perdón con el Señor. Sentí realmente su presencia y la presencia de María.
Fue algo increíble", resume Catherine.
Increíble
porque, a pesar de que su situación no había cambiado, la forma de verla era
completamente distinta: "No sé cómo describirlo. Era como una luz que me iluminaba
completamente a través de mi sufrimiento. Me sentía invadida de una
gran alegría: no tenía marido, no tenía trabajo, tenía dos hijos a mi cargo...
y, sin embargo, me sentía radiante. Porque todos los días -soy muy mariana- le rezaba a María: mañana, tarde,
noche... Y la Santísima Virgen estaba a mi lado".
Para
los escépticos, alegra: "Parece algo completamente loco, pero es realmente lo que viví durante
dos años".
Y
ésta es la razón: "Todo
cambia cuando conoces a Cristo. Te sientes amada, profundamente
amada".
C. L.
Fuente: ReL
