En el marco de la Fiesta de San Juan María Vianney, el sacerdote católico Roger Landry compartió cuatro importantes pasos del Santo Cura de Ars para lograr reavivar el amor a la Eucaristía en su pueblo.
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| La Eucaristía y estatua del Santo Cura de Ars. Crédito: Maria-Oswalt/Unsplash y Wikimedia Commons/Romary (CC BY-SA 3.0) |
En
un artículo de National Catholic Register,
el P. Roger Landry explicó la exitosa estrategia pastoral que siguió el Santo
Cura de Ars en el siglo XIX para que su parroquia de Ars, Francia, renueve su
vida eucarística.
El
P. Landry dijo que el Santo Cura de Ars llegó a la Iglesia de San Sixto en 1818
y que la mayoría de los 230 residentes fueron a Misa el domingo para conocerlo.
No obstante, el santo observó que cada vez menos fieles comulgaban o asistían a
Misa.
“La
falta de amor a Dios, y la falta casi total de conciencia del don de Dios en la
Sagrada Eucaristía, desconcertaron al Padre Vianney”, pues para los católicos
de su tiempo el asistir a Misa, adorar el Santísimo y comulgar era “lo
suficientemente importante como para morir”, escribió.
El
P. Landry explicó que cuando el santo era niño viajaba de noche y a escondidas
con sus padres para asistir a Misa en graneros. Pues, durante la Revolución
Francesa, las Eucaristías se celebraban de forma clandestina y los sacerdotes
cuidaban que los católicos no sean descubiertos, pues sino el clero y los
fieles eran condenados a morir decapitados.
Fue
así que el santo desarrolló la siguiente estrategia de 4 pasos para reavivar el
amor a Jesús Sacramentado y renovar la vida eucarística de su pueblo:
1.
Recordar la importancia de asistir a Misa dominical
El
P. Landry dijo que lo primero que hizo el Santo Cura de Ars “fue ayudar a su
pueblo a recuperar el sentido de la importancia de santificar el Día del
Señor”.
Desde
el inicio de la Iglesia el domingo era considerado como una “pequeña Pascua”,
así que el santo siempre recordaba que el domingo era “un don divino para
ayudarnos a ser quienes debemos ser”, dijo. El santo solía ir de paseo al
pueblo antes de Misa para llevar a la gente del campo, e incluso, “no dudó en
usar fuego y azufre cuando era necesario”, agregó.
El
Santo Cura de Ars solía decir que el hombre “no sólo tiene necesidades
materiales y apetitos básicos, sino también necesidades del alma y apetitos del
corazón. Vive no sólo de pan, sino de oración, de fe, de adoración y de
amor”.
Con
el tiempo, la mayoría de aldeanos regresó a Misa dominical y eso le permitió
iniciar “el verdadero trabajo de formarlos para vivir vidas eucarísticas”, dijo
el P. Landry.
2.
Enseñar el verdadero significado de la Misa
Después,
el Santo Cura de Ars ayudó a su pueblo a recuperar el asombro por lo que pasa
en la Misa. Les enseñó a “reconocer que en el sacrificio de la Misa
participamos del sacrificio de Cristo […] que hizo posible la salvación; y que
en la consagración, el pan y el vino se transforman totalmente en Jesucristo,
real, verdadera y sustancialmente”, dijo el P. Landry.
Él
solía decir a los fieles que “asistir a Misa es la acción más grande que
podemos hacer”, pues durante la Eucaristía “¡la lengua del sacerdote y un
pedazo de pan hacen a Dios! ¡Eso es más que crear el mundo!”, dijo el P.
Landry, citando al santo.
Además,
dijo el sacerdote, San Juan María Vianney recordaba que “todas las buenas obras
en el mundo juntas no son equivalentes al sacrificio de la Misa, pues son obras
de los hombres, y la Santa Misa es obra de Dios”.
“El
mártir no es nada en comparación, pues el martirio es el sacrificio que el
hombre hace de su vida a Dios; la Misa es el sacrificio que Dios hace de su
Cuerpo y Sangre por el hombre”, dijo el santo.
3.
Promover la reverencia a la Eucaristía en Misa
El
P. Landry dijo que luego el santo ayudó a su pueblo a “crecer en la apreciación
práctica de la presencia real del Señor en la Eucaristía”, a través de su
ejemplo de vida: El santo solía hacer reverencia a la Eucaristía en Misa y
hacía oración ante el Santísimo.
El
Santo Cura de Ars solía decir que las personas nunca habríamos pensado en pedir
a Dios “que su Hijo muera por nosotros, que nos dé su cuerpo para comer, su
sangre para beber”, sino que “Dios en su amor lo ha dicho, concebido y
actuado”, recordó el sacerdote.
El
P. Landry dijo que el santo “solía predicar entre lágrimas, recordando a
su pueblo que Dios mismo estaba entre ellos en el altar y en el tabernáculo”; y
precisó que el Santo Cura de Ars les decía: “¡Él está aquí!” y los animaba a
dedicar más tiempo a la adoración eucarística y visitarlo como si fuera nuestro
amigo.
Jesús
“nos espera de noche y de día” para “decirle nuestras necesidades y para
recibirlo”, y se acomoda “a nuestra debilidad: si se apareciera en gloria ante
nosotros, nunca nos habríamos atrevido a acercarnos”, solía decir el santo.
4.
Alentar a recibir con frecuencia la Comunión
El
P. Landry dijo que el último paso fue ayudar a preparar el alma de su pueblo y
de toda Francia con el Sacramento de la Confesión para que reciban a Jesús
dignamente “no sólo cada domingo, sino con la mayor frecuencia posible, incluso
todos los días”.
El
Santo Cura de Ars confesó a muchas personas en jornadas de entre 12 a 18 horas
diarias por 31 años, y les decía que si rezaban y recibían la Sagrada
Eucaristía más seguido y con más amor “serían santos”.
El
santo decía que en la Comunión “¡Dios se entrega a vosotros! ¡Él se hace uno
contigo!”, y que si realmente comprendieran su felicidad, “no podrían vivir”
sino que “morirían de amor”. “¡Venid a comulgar, venid a Jesús, venid a vivir
de Él, para vivir por Él!”, recordó el P. Landry.
El
Santo Cura de Ars trabajó con paciencia y rezó por la conversión de su pueblo
hasta que logró que los fieles llenaran la iglesia todos domingos en la Misa de
las 7:00 a.m.
POR CYNTHIA PÉREZ
Fuente: ACI
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