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| Antoine Mekary | ALETEIA |
La mala
política alimenta el cansancio en la gente que la ve engordar de
corrupción, de avaricia, de injusticia social. Un mal que se nutre del miedo
a la diversidad, desgaste físico y moral, desazón e impotencia y, en
definitiva, exclusión de los más vulnerables y débiles, confinados a quedarse
en silencio durante la toma de las decisiones.
Es necesario
trabajar por una primavera de la política para salir de la
insatisfacción, del fracaso que promueve la corrupción. Pues, en un
plano espiritual y concreto: “El cansancio es selectivo: siempre nos
hace ver lo malo del momento que estamos viviendo y olvidar las cosas buenas que
hemos recibido” (Misa en la capilla de Casa Santa Marta, 09.04. 2019).
Francisco
deposita su esperanza en los jóvenes, en los pobres, organizados en movimientos
populares y en las mujeres para construir un mundo
más solidario y equitativo.
Diez claves del
Papa para entender la política y participar en ella:
1.La política
también es caridad
Frente a un
mundo tan lleno de violencia y egoísmo, el Papa invita a los jóvenes a no
«encerrarse en pequeños grupos», olvidando que «la vocación laical es ante todo
la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política» Exhortación apostólica postsinodal, Cristo vive, n.168.
2. Hacer
caridad sin buscar la propaganda
Debido a que la
política «es una de las formas más preciosas de la caridad«, porque busca
el bien común e ilumina las «relaciones sociales, económicas y políticas» (Evangelii Gaudium 205), además de superar el proselitismo
y la propaganda.
3. Levadura de
la política
Se trata de que
los católicos sean esa pequeña “levadura de las bienaventuranzas y el amor
fraterno” en cada sociedad y “suscitar transformación, estupor y compasión”
(Catedral de Rabat, 31.03.2019)
«Ser levadura
de valores» especialmente en el ámbito de la cultura y de la política. Y así
juntos, poder renovar el entusiasmo del pueblo a través de la entrega
en causas desinteresadas y que toquen la vida de los miembros de la comunidad.
4. Ensuciarse
las manos
«Hoy hacen
falta profetas de esperanza«, que no tengan «miedo de ensuciarse las
manos» (Audiencia Fundación Giorgio La Pira 23.11.2019).
Una invitación
para que hombres y mujeres busquen el diálogo en la política, a la manera de
Jesús, “con un amor ferviente y desinteresado, sin cálculos y
sin límites, respetando la libertad de las personas”, parafraseando a
Francisco.
5. No ser
insignificantes
En las
sociedades secularizadas, cada vez más resulta que el voto católico se muestra
fragmentado y pierde influencia. A esto, “el problema no es ser pocos, sino ser
insignificantes, convertirse en una sal que ya no tiene sabor de Evangelio, o
en una luz que ya no ilumina (cf. Mt 5,13-15)”.
Palabras del
Papa que tuvieron eco delante a la pequeña comunidad de católicos en Marruecos,
que a pesar de ser una minoría (25.000 fieles) en el país musulmán de
35 millones de personas, son apreciados por las autoridades civiles y
religiosas por su importante contribución social y cultural.
6. No ser
recluta de partido
Se trata de
entablar un diálogo por fidelidad a la propia fe, es decir, movidos por el
amor. «Ser católico en la política no significa ser un recluta de algún
grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de
una comunidad».(Audiencia Pontificia Comisión para América Latina 04.03.2019).
7. No a los
partidos políticos católicos
En este
sentido, considera que los partidos políticos católicos no son el
camino, por el contrario, según su opinión, representan una forma de “aburrida
melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y
neutralizante –y de por añadidura– quieta” (Audiencia Pontificia Comisión para América Latina 04.03.2019).
8. Sí a los
católicos en política
Asimismo, es
necesaria la presencia de católicos en política pero, esto no implica un
‘maquillaje’ con rostros nuevos en las campañas electorales, sino de métodos
originales para hacer política con un estilo crítico y constructivo (Audiencia Pontificia Comisión para América Latina 04.03.2019).
Una política
que se convierte en práctica del diálogo en nombre de la fraternidad
humana que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales, lejos
de la injusticia de una economía que mata, del sistema de ganancia insaciable y
de las ideologías que siembran odio, violencia y división.
9. Mujeres y
minorías en la política
Francisco
quiere más mujeres en política, jóvenes comprometidos que no se pensionen
a 20 o 30 años pegados al sofá, sino implicados en la cosa pública, y que se
abra espacio para los pobres y las minorías (indigenas, migrantes, cartoneros,
etc).
Tampoco es una
moda, ni un capricho piadoso, que el Papa pida respetar y escuchar, por
ejemplo, a los indígenas que tienen una voz autorizada, pero
silenciada por las sociedades tecnológicas e industriales: Ellos “ayudan a proteger
cerca del 80% de la biodiversidad” del Planeta, advirtió en la convocatoria del
Sínodo Panamazónico de octubre 2019.
En un panorama
de frágiles democracias,el Pontífice quiere alternativas y, en este
sentido, ha apoyado a los movimientos populares que expresan la
vitalidad, la historia y las luchas más auténticas de las comunidades excluidas y marginadas.
10. Pecadores
sí, corruptos no
Entretanto, la
corrupción, como en cualquier sistema mafioso, se alimenta del silencio de los
inocentes y posiblemente, es lo que causa mayor injusticia. Por eso, la
corrupción busca dejar en la periferia de las decisiones a las comunidades.
La corrupción
no se combate con el silencio, como indica el papa Francisco: “Debemos hablar
de ella, denunciar sus males, comprenderla para poder mostrar la voluntad de
hacer valer la misericordia sobre la mezquindad, la belleza sobre la nada”.
Por ende, hay
que pelear (no entre nosotros, sino contra esa perversión) para estar en
el centro de las decisiones, junto a nuestras comunidades, porque el
mal no vencerá, si los honestos gritan sus horrores.
Y no dejar que
otros decidan, sino implicarse con la esperanza y el entusiasmo necesario
para que haya plenitud a nivel social. De ahí su visión inclusiva y
sencilla: trabajo, techo y tierra, como derechos sagrados a los que toda
forma de política debería aspirar.
Ary
Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia
