«El futuro de la humanidad se fragua en la familia»
Este 27 de
julio, el Santo Padre dirigió un discurso a las autoridades civiles, los
representantes de los pueblos indígenas y el Cuerpo Diplomático, reunidos en la
Citadelle de Québec, Canadá, a quienes alentó a “promover políticas creativas y
con visión de futuro, que sepan romper los esquemas de los bandos para dar
respuestas a los retos globales”.
“Es
escandaloso que la riqueza generada por el desarrollo económico no beneficie a
todos los sectores de la sociedad. Y es triste que sea precisamente entre los
nativos donde se registran a menudo muchos índices de pobreza, a los que se
unen otros indicadores negativos, como la baja escolarización, el no fácil
acceso a la vivienda y a la asistencia sanitaria”, lo dijo el Papa Francisco
este 27 de julio durante el Encuentro con las autoridades civiles, los
Representantes de los pueblos indígenas y el Cuerpo Diplomático, reunidos en la
Citadelle de Québec, Canadá, en el marco de su 37 Viaje Apostólico.
La capacidad de escuchar a Dios, a las personas y a la
naturaleza
En
su discurso a las personas que tienen la responsabilidad de servir a los
habitantes de este gran país que, “de mar a mar”, ofrece un extraordinario
patrimonio natural, el Santo Padre resaltó los inmensos y espectaculares
bosques de arce, que hacen que el paisaje canadiense sea único y colorido, y
son el símbolo por excelencia de estas tierras: “Aunque esto haya sucedido en
tiempos bastante recientes, los arces custodian sin embargo el recuerdo de
muchas generaciones pasadas, mucho antes de que los colonos llegaran a suelo
canadiense. Los pueblos nativos extraían de ellos savia con la que elaboraban
nutritivos jarabes”.
"Esto
nos lleva a pensar en su laboriosidad, siempre atentos a salvaguardar la tierra
y el medio ambiente, fieles a una visión armoniosa de la creación, un libro
abierto que enseña al hombre a amar al Creador y a vivir en simbiosis con los
demás seres vivos", dijo.
“Las grandes hojas de arce, que absorben el aire
contaminado y restituyen oxígeno, nos invitan a maravillarnos con la belleza de
la creación y a dejarnos atraer por los sanos valores presentes en las culturas
indígenas: son una inspiración para todos nosotros y nos pueden ayudar a sanar
los dañinos hábitos de explotar. Explotar, además de la creación, también las
relaciones y el tiempo, y orientar la actividad humana únicamente en función de
la utilidad y del beneficio”
“Renuevo mi petición de perdón por el mal cometido”
Sin embargo, el Papa Francisco señaló que, estas
lecciones vitales han sido objeto de una violenta oposición en el pasado.
“Pienso especialmente en las políticas de asimilación y desvinculación, que
incluían el sistema de escuelas residenciales y que dañaron a muchas familias
indígenas, minusvalorando su lengua, su cultura y su visión del mundo. En ese deplorable
sistema promovido por las autoridades gubernamentales de la época, que separó a
tantos niños de sus familias, estuvieron involucradas varias instituciones
católicas locales, por lo que expreso vergüenza y dolor y, junto con los
Obispos de este país, renuevo mi petición de perdón por el mal cometido por
tantos cristianos contra los pueblos indígenas. Es trágico cuando algunos
creyentes, como ocurrió en ese período histórico, no se adecuan al Evangelio
sino a las conveniencias del mundo".
“Si la fe cristiana ha desempeñado un papel esencial
en la conformación de los más altos ideales de Canadá, caracterizados por el
deseo de construir un país mejor para todos sus habitantes, es necesario,
admitiendo las propias faltas, comprometerse juntos a realizar aquello que sé
que todos ustedes comparten: promover los derechos legítimos de los pueblos
originarios y fomentar procesos de sanación y reconciliación entre ellos y los
no indígenas del País”
Voluntad concreta para la promoción de las culturas
indígenas
En
este sentido, el Santo Padre dijo que, la Santa Sede y las comunidades
católicas locales mantienen una voluntad concreta respecto a la promoción de
las culturas indígenas, con caminos espirituales específicos y apropiados, que
incluyan la atención a sus tradiciones culturales, sus costumbres, sus lenguas
y sus procesos educativos propios, en el espíritu de la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
“Es
nuestro deseo -expresó- renovar la relación entre la Iglesia y los pueblos
indígenas de Canadá, una relación marcada tanto por un amor que ha dado grandes
frutos como también, lamentablemente, por heridas que nos estamos esforzando en
comprender y sanar”.
“Estoy realmente agradecido por haber conocido y
escuchado a varios representantes de los pueblos indígenas durante los últimos
meses en Roma, y por poder afianzar, aquí en Canadá, las hermosas relaciones
que hemos entablado. Los momentos que vivimos juntos han dejado en mí una
huella y el firme deseo de responder a la indignación y la vergüenza por el
sufrimiento que soportaron los indígenas, recorriendo un camino fraternal y
paciente con todos los canadienses conforme a la verdad y la justicia,
esforzándonos por la sanación y la reconciliación, animados siempre por la
esperanza”
El peligro de las colonizaciones ideológicas
El
Papa Francisco también señaló que, aquella «historia de dolor y de desprecios»,
originada por una mentalidad colonizadora, «no se sana fácilmente». Al mismo
tiempo, nos advierte que «la colonización no se detiene, sino que en muchos
lugares se transforma, se disfraza y se disimula». Este es el caso de las
colonizaciones ideológicas. Si en su momento la mentalidad colonialista se
desentendió de la vida concreta de los pueblos, imponiendo modelos culturales
preestablecidos, tampoco faltan hoy colonizaciones ideológicas que contrastan
la realidad de la existencia y que sofocan el apego natural a los valores de
los pueblos, intentando desarraigar sus tradiciones, su historia y sus vínculos
religiosos. Es una mentalidad que, presumiendo de haber superado “las oscuras
páginas de la historia”, da cabida a la así llamada cultura de la cancelación,
que juzga el pasado sólo en función de ciertas categorías actuales.
“Así se implanta una moda cultural que estandariza,
que vuelve todo igual, que no tolera las diferencias y se centra sólo en el
momento presente, en las necesidades y los derechos de los individuos,
descuidando a menudo los deberes hacia los más débiles y frágiles; los pobres,
los emigrantes, los mayores, los enfermos, los no nacidos... Son ellos los
olvidados por las sociedades del bienestar; son ellos los que, en la
indiferencia general, son descartados como hojas secas para ser quemadas”
«El futuro de la humanidad se fragua en la familia»
Por
otro lado, el Santo Padre resaltó que, el rico follaje multicolor de los
árboles de arce nos recuerda la importancia de la totalidad, la importancia de
promover comunidades humanas que no uniformen, sino que sean realmente abiertas
e inclusivas. Y así como cada hoja es esencial para enriquecer el follaje,
también cada familia, célula fundamental de la sociedad, debe ser valorada,
porque «el futuro de la humanidad se fragua en la familia». Ella es la primera
realidad social concreta, pero se ve amenazada por muchos factores, como la violencia
doméstica, la intensificación del trabajo, la mentalidad individualista, el
afán desenfrenado de hacer carrera, el desempleo, la soledad de los jóvenes, el
abandono de los mayores y de los enfermos... Los pueblos indígenas tienen mucho
que enseñarnos sobre el cuidado y la protección de la familia, donde ya desde
niños se aprende a reconocer lo que está bien y lo que está mal, a decir la
verdad, a compartir, a corregir los errores, a empezar de nuevo, a darse ánimo,
a reconciliarse.
“Que el mal sufrido por los pueblos indígenas nos
sirva de advertencia hoy, para que no se deje de lado el cuidado y los derechos
de la familia en nombre de eventuales necesidades productivas e intereses
individuales”
No necesitamos dividir el mundo en amigos y enemigos
Volvamos
a la hoja de arce. En tiempos de guerra, los soldados la utilizaban como venda
y emplasto para las heridas. Hoy, ante la locura sin sentido de la guerra,
necesitamos de nuevo calmar los extremismos de la contraposición y curar las
heridas del odio. Una testigo de algunas trágicas violencias del pasado dijo
recientemente que «la paz tiene su propio secreto: no odiar nunca a nadie. Si
se quiere vivir no se debe odiar nunca». No necesitamos dividir el mundo en
amigos y enemigos, distanciarnos y armarnos hasta los dientes: no será la
carrera armamentística ni las estrategias de disuasión las que traigan la paz y
la seguridad.
“No hay que preguntarse cómo continuar las guerras,
sino cómo detenerlas. E impedir que los pueblos vuelvan a ser rehenes de las
garras de espantosas guerras frías que se extienden. Se necesitan políticas
creativas y con visión de futuro, que sepan romper los esquemas de los bandos
para dar respuestas a los retos globales”
Memoria y sabiduría impulso para el futuro
El
Papa Francisco además señaló que, los grandes retos actuales, como la paz, el
cambio climático, los efectos de las pandemias y las migraciones
internacionales, están unidos por una constante: son globales, afectan a todos.
Y si todos ellos hablan de la necesidad del conjunto, la política no puede
quedar prisionera de los intereses partidistas. Hay que saber mirar, como
enseña la sabiduría indígena, a las siete generaciones futuras, no a la
conveniencia inmediata, a los plazos electorales o al apoyo de los lobbies. Y
también valorar los deseos de fraternidad, justicia y paz de las jóvenes
generaciones. Sí, para recuperar la memoria y la sabiduría es necesario
escuchar a los mayores, y para tener impulso y futuro es necesario abrazar los
sueños de los jóvenes. Ellos se merecen un futuro mejor que el que les estamos
preparando, se merecen participar en las decisiones sobre la construcción del
hoy y del mañana, especialmente sobre el cuidado de la casa común, para el cual
los valores y las enseñanzas de los pueblos indígenas son valiosos.
“A este respecto, me gustaría agradecer el encomiable
compromiso local en favor del medio ambiente. Casi se podría decir que los
emblemas extraídos de la naturaleza, como el lirio en la bandera de esta
provincia de Quebec, y la hoja de arce en la del país, confirman la vocación
ecológica de Canadá”
El multiculturalismo es un reto permanente
Cuando
la comisión correspondiente evaluó los miles de bocetos recibidos para la
realización de la bandera nacional, muchos de ellos presentados por personas
comunes, sorprendió que casi todos ellos contuvieran la representación de la
hoja de arce. La participación en torno a este símbolo compartido me sugiere
subrayar una palabra clave para los canadienses: multiculturalismo. Este está
en la base de la cohesión de una sociedad tan diversa como son los colores de
las copas de los árboles de arce. La misma hoja de arce, con su multiplicidad
de puntas y lados, sugiere una figura poliédrica, mostrando que ustedes son un
pueblo capaz de incluir, para que los que vengan puedan encontrar un lugar en
esa unidad multiforme y aportar su propia y original contribución.
“El multiculturalismo es un reto permanente; se trata
de acoger y abrazar a los distintos componentes presentes, respetando, al mismo
tiempo, la diversidad de sus tradiciones y culturas, sin suponer que el proceso
esté concluido de una vez para siempre”
Superar la retórica del miedo hacia los inmigrantes
En
este sentido, el Santo Padre expresó su agradecimiento por la generosidad en
acoger a numerosos inmigrantes ucranianos y afganos. Pero también es necesario
trabajar para superar la retórica del miedo hacia los inmigrantes y darles,
según las posibilidades del país, una oportunidad concreta de participar
responsablemente en la sociedad. Para ello, los derechos y la democracia son
indispensables. Pero también es necesario hacerle frente a la mentalidad individualista,
recordando que la vida en común se basa en premisas que el sistema político por
sí solo no puede producir. También en esto, la cultura indígena es un gran
apoyo al recordarnos la importancia de los valores de la socialización. Y
también la Iglesia católica, con su dimensión universal y su atención hacia los
más frágiles, con su legítimo servicio a favor de la vida humana en todas sus
etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, se complace en ofrecer su
contribución.
Remediar la radical injusticia que contamina nuestro
mundo
Finalmente,
el Santo Padre indicó que, en estos últimos días, numerosas personas
necesitadas llaman a las puertas de las parroquias. Incluso en un país tan
desarrollado y avanzado como Canadá, que dedica mucha atención a la asistencia
social, no son pocos los indigentes que dependen de las iglesias y los bancos
de alimentos para obtener la ayuda y el apoyo básicos, que —no lo olvidemos— no
son sólo materiales. Estos hermanos y hermanas nos llevan a considerar la
urgencia de trabajar para remediar la radical injusticia que contamina nuestro
mundo, a causa de la cual la abundancia de los dones de la creación se
distribuye de forma demasiado desigual. Es escandaloso que la riqueza generada
por el desarrollo económico no beneficie a todos los sectores de la sociedad. Y
es triste que sea precisamente entre los nativos donde se registran a menudo
muchos índices de pobreza, a los que se unen otros indicadores negativos, como
la baja escolarización, el no fácil acceso a la vivienda y a la asistencia
sanitaria.
“Que el emblema de la hoja de arce, que aparece
habitualmente en las etiquetas de los productos del país, sea un incentivo para
que todos tomen decisiones económicas y sociales encaminadas al compartir y al
cuidado de los necesitados”
Renato
Martínez
Vatican
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