Esta semana el proyecto #HazMemoria se centra en los mayores, siempre dispuestos a dar un buen consejo, una explicación de vida, una interpretación acertada de los tiempos
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| Dominio público |
La aspiración de cada persona
es muchas veces aspiración a la sabiduría. Queremos conocer
los qués y los porqués de las cosas que nos pasan, el sentido de la vida y de
la historia, los motivos y las consecuencias del tiempo que vivimos. Pero muchas veces nos faltan maestros.
Maestros con experiencia y con conocimiento. Maestros con sabiduría.
Una buena parte de
nuestro tiempo lo empleamos en encontrar al que sabe para pedirle
respuestas. A
veces, sin éxito: no encontramos la persona o la persona no tiene respuestas.
Sin embargo, si miramos a nuestro lado encontramos una sabiduría cercana,
accesible, disponible, paciente. Es la sabiduría de los mayores, de los
ancianos. Siempre dispuestos a dar un
buen consejo, una explicación de vida, una interpretación acertada de los
tiempos.
Cuando la vida se
oscurece y las explicaciones desaparecen, ellos continúan dando luz y esperanza porque a ellos ya les ha
pasado de todo y saben que el sol está siempre detrás de las nubes;
que a la noche le sigue el día. Los ancianos son, a un tiempo, un complejo de
fortaleza, sabiduría, experiencia y amor.
Muchas veces, para no molestar,
esperan la pregunta que necesitas hacerle para iluminar tu vida, pero en
ocasiones esa pregunta no llega. Su sabiduría pasa desapercibida y
desaprovechada. Cuando se es joven uno parece capaz de toda la ciencia, de
todas las respuestas, de encontrar la salida para cualquier dificultad. Pero muy pronto, quizá con la llegada del
dolor o del sufrimiento, uno descubre que no se sostiene solo, que no es capaz
de dar sentido a la vida y que muchas preguntas están sin respuesta.
Y entonces caben dos salidas: el silencio de la incertidumbre o la consulta a
los mayores.
En este tiempo muchas veces
queda descartada la vejez. Se
pondera la juventud y la belleza, la salud y el estar en forma.
Se denigra la enfermedad y la vejez. Lo hemos visto especialmente durante la
pandemia. Se ha oscurecido la referencia
de los mayores y ahora, en tantos hogares, se les echa en falta.
Bastaba su sola presencia para que hubiera paz, concordia, encuentro. Su
ausencia nos ha privado de cosas muy valiosas en la familia. Se nos olvida en
la familia que, como dice Francisco L. Bernárdez, lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
Es el momento
de volver a mirar la ancianidad como lugar de paz y esperanza y reconocer y
agradecer su presencia, hacerla valiosa, dotar su vida de sentido. Las
jóvenes generaciones deben encontrar en ellos el sentido profundo de su tiempo
y una experiencia de vida que les permita mirar el futuro sin temor.
Fuente: ECCLESIA
