La Iglesia continua con su proyecto #HazMemoria y cada semana se recuerda lo que hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace
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| Ecclesia |
La Iglesia
continua con su proyecto #HazMemoria y cada semana se recuerda lo que
hace en relación a un campo concreto de su actividad y porqué lo hace. Durante
esta semana se recordará el trabajo de la Iglesia en las misiones.
El anuncio del
Evangelio es un mandato del Señor que afecta a todos los cristianos. Todos
los bautizados están llamados a difundir la fe que han recibido en la familia,
en la catequesis, en la parroquia, en la celebración. La fe se conserva en el
corazón, se alimenta en la oración, pero se comparte con la palabra, con el
ejemplo, incluso con la propia vida.
Aunque todos
somos llamados al anuncio, algunos son llamados a consagrar la vida entera
a ese anuncio. Son llamados a cumplir con el "Id por todo el mundo y
anunciad el Evangelio" en toda su extensión. Así, son miles de
hermanos nuestros los que lo han dejado todo para ganarlo todo. Han dejado su
familia, su trabajo, su tierra para para ganar una familia y una tierra
trabajando para el Señor.
Conscientes de
que la mayor pobreza es no conocer a Jesucristo, los misioneros buscan liberar
a las personas de todas las otras pobrezas: de la falta de educación, de la
falta de salud, de la falta de medios de subsistencia para que, una vez,
liberados puedan acoger libremente a Jesucristo. La evangelización culmina
con la incorporación a la Iglesia, con la fe recibida que acaba encarnada en
una nueva persona, en una nueva familia, en un nuevo territorio de misión.
La misión de la
lglesia que afecta a todos se sostiene con la oración de miles de personas
consagradas y de comunidades cristianas que rezan por los misioneros. También
se sostiene en la ayuda económica que a través de diversas organizaciones se
les hace llegar. Es otra forma de participar en la misión de la Iglesia y de
hacer real el compromiso con el anuncio del Evangelio de todos los bautizados.
De esta manera,
religiosas, religiosos, sacerdotes y laicos, también, cada vez más, familias
enteras se arraigan en una tierra nueva para hacer presente El Señor y a su
Iglesia. Lo hacen en primer lugar con el testimonio de su vida desde la escucha
orante de lo que el pueblo concreto con el que viven necesita. Después con el
trabajo al servicio de la comunidad, en lo material y en lo espiritual. Y
siempre con el afán de que, en el tiempo, vayan surgiendo vocaciones nativas
que implican ya la continuidad de la vida cristiana.
Nunca como hoy
ha habido tantos seguidores de Jesucristo en esta tierra. El trabajo fecundo de
aquellos primeros doce ha dado fruto en todo el mundo. Pero también, al mismo
tiempo, hay que reconocer que nunca como hoy hay tanta gente en el mundo
que no conoce al Señor. Esta convicción debe remover a todos los cristianos
para asumir un compromiso misionero en la propia tierra, en el propio
vecindario y hasta los confines del mundo.
Fuente: Ecclesia
