Crónica e imágenes del impresionante «Rosario de hombres» en Buenos Aires con la intervención de Mons. Aguer
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| «Rosario de hombres» en Buenos Aires, mayo 2022. Dominio público |
En los días previos, otras
ciudades, como Rosario -a merced, literalmente, hoy, del «narco-porno-liberal-sucialismo
del siglo XXI»- habían tomado la posta; y, en varias otras, ya se
está programando. O sea, gracias a Dios, llegó a nuestro arrabal del mundo,
para quedarse...
Como siempre ocurre, a la hora de dar el puntapié inicial, los entusiasmos son muchos, y las preocupaciones intensas. ¿Se responderá numéricamente a la convocatoria?; ¿seremos pocos, y objeto de inevitables burlas?; ¿se podrá hacer frente a los costos espirituales y materiales de la organización?, fueron, entonces, preguntas inevitables. De cualquier modo, un entusiasta grupo de jóvenes seglares, con Segundo Carafí a la cabeza -y trabajando como el que más-, lo hizo posible.
¡Gracias a Dios, sin dejarse vencer por el desánimo y
las siempre desventajosas fuerzas humanas! «¿Y si somos cuatro gatos locos?
¡Gracias a Dios somos hijos de Dios, y no gatos. Y locos fueron y son, para el
mundo, todos los santos» Por eso, más allá de los dos millares
de varones que, según los cálculos, fueron de la partida, el Cielo se abrió en
el mediodía porteño, para escuchar las oraciones de sus hijos; y derramar sobre
ellos abundantes bendiciones.
A los pies de tres imágenes de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, de la Virgen de Luján, y de la Virgen de Fátima, el compacto grupo de varones, frente a la Catedral de Buenos Aires, en la histórica Plaza de Mayo, fue desgranando los Cinco Misterios Dolorosos. Y fueron los Dolorosos, aunque correspondiesen los Gozosos del sábado, «por poner más de relieve el sacrificio y el combate de Cristo, hasta la Cruz»; según se anunció. Claro que sí: al pedirse por la familia, la masculinidad de los varones, y la defensa del orden natural, en estos «tiempos recios» se libra, de por sí, una batalla.
Porque, en definitiva,
como dice la Escritura, «milicia es la vida del hombre sobre la tierra» (Job 7,
1). Sí, milicia; viril y lúcida, para anunciar, y dar testimonio del Evangelio
en un mundo que no soporta oír hablar de Dios, y mucho menos de la Iglesia.
Sacerdotes y seglares se alternaron el rezo de los distintos Misterios; y, a su término, se rezaron las Letanías Lauretanas, dando vueltas por la Plaza. Momentos de gran intensidad se vivieron cuando, al pasar frente a la Casa de Gobierno -hoy ocupada por abortistas, y declarados enemigos del Señor-, se entonaron vivas a la Realeza Social de Cristo, y a la Patria.
A su término, la compacta columna
ingresó en la Catedral, adonde recibió la Bendición del Arzobispo Emérito de La
Plata; quien -con su «carrocería desgastada, pero con el motor bien firme»,
como él mismo lo dice, con humorada- alentó a seguir dando la batalla por la
vida, la familia, y el orden natural. «El desprecio a la Ley de Dios se expresa
en el desprecio al Orden Natural. El demonio serpentea en la ciudad -enfatizó-.
Y nuestra lucha es contra esos poderes preternaturales».
Conmovió
ver, entre la concurrencia, papás con varios hijos; jóvenes fervorosos, que no
son esclavos del qué dirán; abuelos y Veteranos de Malvinas; y numerosos
convertidos, o que retornaron a la Iglesia, luego de recorrer otros caminos.
Hubo sacerdotes diocesanos y religiosos. Se destacaron, entre estos últimos,
Legionarios de Cristo, y Escolapios.
«Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer», repetían nuestras abuelas, sin complejos de ningún tipo; en tiempos en que la ideología de género, ni remotamente, se avistaba en el horizonte. Hoy volvimos a comprobarlo: en frente, y a los costados del grupo de varones que concurrimos, una discreta presencia de mujeres (abuelas, esposas, madres, novias), con recatada actitud, se unió también de rodillas a la plegaria.
Conscientes, claro está, de que el
feminismo actual, en clave marxista, solo busca terminar con mujeres y varones;
y ofrendar sus despojos al mundialismo materialista y masónico. Sí, por supuesto,
detrás de varones y mujeres está la mujer llena del Sol (Ap
12, 1); que nos trajo en su Divino Hijo la verdadera y única Salvación.-
+ Pater Christian Viña.
Fuente: infoCatólica
