Iba para franciscano, pero años después terminó en la cárcel. Allí escribió un vía crucis que ha conmovido a los espectadores y del que él ha podido disfrutar al encontrarse en libertad condicional
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| Según el autor, no se trata de una obra de teatro, sino de una dramatización litúrgica de su particular vía crucis. Foto: Paco León |
El primer día
del mes de marzo la Hermandad de la Merced y la Pastoral Penitenciaria de
Córdoba estrenaron, en la parroquia de San Antonio de Padua, Pasión de la
Merced, un vía crucis como cualquier otro, pero que destaca, sin embargo, por
la historia de redención que contiene y que involucra de pleno a su autor: un
interno del centro penitenciario de Córdoba al que todavía le queda un año de
condena.
Juanjo acabó
entre rejas, pero inicialmente bien podrían haber sido las de un convento.
Creció en una familia creyente y practicante. Muy practicante. «Mi padre iba a
Misa a diario y en casa rezábamos todos los días el rosario a las ocho de la
tarde», recuerda el presidiario, quien además reconoce que siempre se sintió
llamado a la vocación sacerdotal. De hecho, «estuve cinco años en el seminario
menor de la Orden Franciscana de la provincia Bética, e incluso llegué a tomar
los hábitos en Guadalupe con 15 años». Su padre fue testigo de ello, aunque dos
días después falleció, y esto desató una tormenta en el interior de Juanjo, que
decidió dejar la vida religiosa. «Él lo era todo para mí».
Tras salir del
convento, el autor de Pasión de la Merced asegura que construyó el
mensaje de Dios a su manera. «Fue un proceso. Me fui, poco a poco, dando
licencias y acabé haciendo una serie de cosas para sentirme bien que, a su vez,
me llevaron a hacer lo que no debería haber hecho nunca», trata de explicar sin
dar muchos detalles. Juanjo acabó en la cárcel por una agresión sexual. «Estoy
todavía cumpliendo condena. Me cayeron ocho años y el último me han permitido
hacerlo en libertad condicional». El todavía presidiario vive actualmente en
el Hogar San Gabriel, un antiguo seminario donde la Pastoral
Penitenciaria de la diócesis de Córdoba ayuda a los internos en su proceso de
reinserción en la sociedad.
Durante su
etapa en prisión Juanjo se sometió a una dura terapia que se alargó durante dos
años. «La idea era entrar en mi interior, repasar las cosas que había mal
puestas, reconocer mi parte de culpa en todos aquellos actos en los que antes
me había sentido el bueno de la película». El proceso fue como volver a regar
una tierra agrietada por la sequía.
Por otro lado,
Juanjo no abandonó la práctica del vía crucis, que le acompañaba desde pequeño,
y «todos los viernes rezaba el que escribió san Josemaría Escrivá», fundador
del Opus Dei, «que es una maravilla». Hasta que un día se obró el milagro. «Me
encontraba leyendo este vía crucis cuando me di cuenta de que lo estaba
haciendo como si fuera un simple espectador. Entonces, de pronto, entendí que era
yo la causa de todo ese sufrimiento de Jesús, y me llené de dolor y llanto»,
rememora. «Yo había sido su amigo y fui capaz de desoír su mensaje y
convertirme en lobo para todos los que me rodeaban». Cuando Juanjo se dio
cuenta de esto, le salió del corazón ponerse a escribir su propio vía crucis,
que él mismo describe así: «Son las catorce estaciones de mis pecados, y
también las catorce estaciones de mi salvación».
Un antes y un
después
El preso tardó
dos años en terminar el texto y, una vez que lo tuvo acabado, se desprendió de
él. En uno de sus encuentros con José Antonio Rojas, director de la Pastoral
Penitenciaria de la diócesis de Córdoba, le dijo: «Os quiero regalar este vía
crucis, por si lo queréis utilizar en alguna ocasión o por si le puede venir
bien a alguien». A partir de ahí, surgió la idea de representarlo en la
prisión, y «empezamos a prepararnos para estrenarlo durante la Cuaresma de hace
dos años», esa misma que todos vivimos encerrados por culpa de la pandemia. La
dramatización, como todo en España, tuvo que suspenderse.
El proyecto
solo se pudo retomar dos años después, y Pasión de la Merced, por
fin, se estrenó el pasado 1 de abril. Tras la representación «he estado tres
días tocado. Lo mismo que hubo un antes y un después cuando lo escribí, también
ha habido un antes y un después de verlo en un escenario. Mira que conocía el
texto, pero ahí no estaba viendo el texto que redacté yo. Algo pasó allí. Me
tocó de forma profunda». No fue el único al que le sucedió esto. Hubo una
señora que «escribió un mensaje de WhatsApp a los organizadores que pone los
pelos de punta. Dice que “su vida cambió a raíz del vía crucis y que le
gustaría, si pudiera ser algún día, conocerme y poder hablar largo y tendido”».
Para Juanjo
este es uno más de los muchos milagros que Dios ha hecho en su vida, por los
que está convencido que el Señor le pedirá cuentas. «Me exigirá mucho más que a
otros, porque me ha dado mucho más que a otros». Pero está dispuesto a ello, si
esto sirve para acercar almas al cielo. «Ojalá que quien lea el vía crucis o lo
vea representado se dé cuenta de que la única verdad en esta vida es
Jesucristo. No son ideologías ni filosofías. Es la persona real, Dios hombre,
que es Jesús», concluye con la voz entrecortada por la emoción y no sin antes
agradecer a sus padres que le hayan dejado «la fe como única herencia. Les
estaré eternamente agradecidos. Es lo más importante que le puedes dejar a un
hijo».
Plasencia:
Interés Turístico Nacional
Con 800 años,
la Semana Santa de Plasencia es la más antigua de Extremadura. Por ello, la
Unión de Cofradías y Hermandades está intentando que sea declarada de Interés
Turístico Nacional. «Es una ilusión que tenemos desde que, en 2012, fuera
declarada Fiesta de Interés Turístico de Extremadura», confiesa Pedro Cordero,
presidente de la unión, quién destaca al Cristo de la Cofradía del Santo
Sepulcro. «Es una pieza única en el mundo al ser de corcho policromado de una
sola pieza y tallada a navaja». Cordero subraya también el templo cofrade, que
alberga una exposición permanente. «Está abierta 365 días al año para poder ver
los pasos de Semana Santa».
José Calderero de Aldecoa
Fuente: Alfa y
Omega
