Cuestión de higiene
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Llevaba toda la
tarde sintiendo las manos resecas, ¡me picaban incluso! Así que, cuando iba
hacia la capilla a rezar completas, di un desvío para coger crema hidratante.
Me eché generosamente (muy mucho) y me fui frotándome las manos, feliz de
arreglar la cuestión.
Y, justo cuando
la comunidad empezaba el rezo, con las manos aún embadurnadas… caí en la cuenta
de que tenía que tocar el órgano.
¡¡Horror!!
Si tocar con
las manos secas ya es todo un desafío de resultado impredecible, ¡¡imagina con
las manos grasientas!! Yo ya veía mis dedos en caída libre por las teclas
negras, derrapando por las blancas… ¡Catástrofe total!
Pero de pronto
tuve una idea: ¡¡frotarme las manos en un pañuelo!! Disimuladamente, me
restregué con todas mis ganas… ¡y la situación quedó resuelta!
¡¡Y cómo sentí
al Señor tras esto!! Porque tocar el órgano requiere destreza y delicadeza…
pero no es nada comparado al cuidado y respeto que require “tocar” el corazón
de una persona.
En efecto,
somos instrumentos muy delicados, a los que una sola palabra puede lograr
desafinar por completo… o puede sacar su mejor melodía.
Cada persona
tiene un valor infinito. Es un hijo de Dios, amado por Él… y, por esa persona
que tienes delante, Cristo ha derramado toda Su sangre. Le pertenece.
Por eso, al
acercarnos a hablar a alguien, también el Señor podría decirnos como a Moisés:
“Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado”
(Ex 3, 5).
¡Qué bueno
sería que cada una de nuestras conversaciones estuviese marcada por ese
respeto, ese cariño! Pero también nosotros podemos sentirnos muchas veces con
las manos “embadurnadas”, sin saber muy bien qué palabras usar, sin precisión,
con riesgo de “resbalones”… ¡¡La solución entonces sigue siendo el pañuelo!!
Jesucristo es
ese pañuelo que siempre está disponible para ti. Él es el único que puede
preparar tus manos, tu corazón y tus palabras para que sean delicadas,
acogedoras, ¡para que saquen del otro sus mejores acordes!
Hoy el reto del
amor es preparar una conversación. No me refiero a calcular qué vas a decir…
¡¡lo que quiero es invitarte a usar “el Pañuelo”!! Antes de encontrarte con tu
marido, con tu hija o con ese amigo, dedica unos minutos a orar. Porque la
mejor melodía es la que nace de unas manos… ¡preparadas por el amor de Cristo!
¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
09 abril 2022
Fuente:
Dominicas de Lerma
