El Papa recibió en audiencia a los participantes en el congreso
“Educar para la democracia en un mundo fragmentado”, organizado por la
Fundación Pontificia Gravissimum Educationis, en curso del 17 al 19 de marzo en
la Universidad Lumsa, de Roma. Francisco les propuso tres caminos orientados a
“la civilización del amor”, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania,
“una derrota para la humanidad”.
“Estamos acostumbrados a escuchar noticias de las guerras, pero
lejanas. Siria, Yemen… Habituales. Ahora la guerra se acercó, a nuestra casa,
prácticamente, y esto nos hace pensar en el salvajismo de la naturaleza humana,
hasta donde somos capaces. Asesinos de nuestros hermanos. Nosotros hablamos de
educación y, cuando uno piensa en la educación, piensa en los niños, los
chicos. Pensemos en tantos soldados que han sido enviados al frente,
jovencísimos, soldados rusos, pobre gente. Pensemos en tantos soldados jóvenes
ucranianos, pensemos en los habitantes, los jóvenes, las jóvenes, niños, niñas…”
Con estas palabras
Francisco comenzó su discurso en la mañana de este viernes 18 de marzo, a los
asistentes al congreso “Educar para la democracia en un mundo fragmentado”,
organizado por la Fundación Pontificia Gravissimum Educationis,
instituida por el Papa el 28 de octubre de 2015 con el propósito de aplicar las
disposiciones del documento
homónimo emanado del Concilio Vaticano II. La actividad se
desarrolla desde el jueves 17 hasta el sábado 19 de marzo en Roma, en la Lumsa (Libera
Università Maria Santissima Assunta).
Este drama de la guerra, que es
una locura, como lo ha dicho el Papa en reiteradas oportunidades, sucede “cerca
de nosotros”. “Solo el Evangelio nos pide que no miremos para otro lado, que es
precisamente la actitud más pagana de los cristianos: el cristiano, cuando se
acostumbra a mirar para otro lado, se convierte poco a poco en un pagano disfrazado
de cristiano.
“La guerra no está lejos: está en
nuestra puerta. ¿Qué voy a hacer? Aquí en Roma, en el Bambino Gesù, hay niños
heridos por los bombardeos. Se los llevan a casa. ¿Rezo? ¿Ayuno? ¿Hago
penitencia? ¿O acaso vivo despreocupado, como normalmente vivimos las guerras
lejanas? Una guerra siempre - ¡siempre! - es la derrota de la humanidad:
siempre. Nosotros -los cultos, los que trabajamos en la educación- somos
derrotados por esta guerra, porque del otro lado somos responsables. No existen
las guerras justas: ¡no existen!”
El Santo Padre agradeció al
Cardenal Giuseppe Versaldi, Prefecto de la Congregación para la Educación
Católica, por sus palabras de presentación y también a cada uno de los
participantes, que aportaron la riqueza de su propio contexto cultural, de su
propio ámbito profesional y de investigación”. El Pontífice recordó que el
encuentro aborda la cuestión de la democracia desde un enfoque educativo. “Pero
no es frecuente que se aborde desde el punto de vista de la educación. Sin embargo,
este enfoque, que pertenece de manera especial a la tradición de la Iglesia, es
el único capaz de dar resultados a largo plazo”, subrayó el Obispo de
Roma.
Francisco propuso una breve
reflexión inspirada en el Evangelio del día: la parábola de los viñadores
homicidas (cfr. Mt. 21,33-43.45-46). Contextualizando el pasaje, el Santo Padre
subrayó que Jesús advierte contra una tentación que está presente en todos y en
todo momento: la tentación del poseer.
Los viñadores de la parábola,
sostuvo Francisco, cegados por su deseo de apoderarse de la viña, no dudan en
utilizar la violencia y matar. Esto nos recuerda que, cuando el hombre niega su
propia vocación de colaborador en la obra de Dios y pretende ponerse en su
lugar, pierde su dignidad de hijo y se convierte en enemigo de sus hermanos.
“Los bienes de la creación se
ofrecen a todos y cada uno en proporción a sus necesidades, para que nadie
acumule lo superfluo ni le falte lo necesario. Por el contrario, cuando la
posesión egoísta llena los corazones, las relaciones y las estructuras
políticas y sociales, entonces se envenena la esencia de la democracia. Y se
convierte en una democracia formal, no real”
La democracia y sus
dos degeneraciones
El Sucesor de Pedro se centró en
“dos degeneraciones” de la democracia, como las denominó con contundencia: el
totalitarismo y la secularización. Comentó que San Juan Pablo II subrayó que un
Estado es totalitario cuando “tiende a absorber en sí la nación, la sociedad,
la familia, las comunidades religiosas y las propias personas”, citando el
punto 45 de la Encíclica Centessimus annus, publicada por el
Papa polaco en 1991, con motivo del centenario de la Rerum novarum.
Francisco afirmó que, al ejercer
la opresión ideológica, el Estado totalitario devalúa los derechos fundamentales
del individuo y de la sociedad, hasta el punto de suprimir la libertad. “Es una
opresión ideológica, y podemos hablar de las colonizaciones ideológicas, que
siguen y siguen y nos llevan a este estado”, puntualizó.
Respecto al laicismo radical, que
es en sí mismo ideológico –dijo Francisco-, deforma el espíritu democrático de
una manera sutil e insidiosa: al eliminar la dimensión trascendente, debilita y
anula gradualmente toda apertura al diálogo. “Si no existe una verdad última,
las ideas y convicciones humanas pueden ser fácilmente explotadas en aras del
poder”, añadió. En este aspecto, el Papa Francisco retomó la idea de Benedicto
XVI en la Encíclica Caritas in veritate, en cuyo punto 78 se lee
que “el humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano”. Y, en este
punto, el Papa aseveró que está la diferencia, pequeña pero sustancial, entre
una sana laicidad y un laicismo envenenado: “Esto envenena los vínculos y
también la democracia”, remarcó.
Educar para la
democracia, un desafío
Según el Papa, los miembros de la
Fundación Pontificia han contrarrestado a estas degeneraciones con el poder
transformador de la educación. Francisco recordó que, en algunas universidades
de todo el mundo, la entidad puso en marcha actividades de formación, “buscando
las estrategias más eficaces para transmitir los principios democráticos,
para educar en la democracia”.
El Pontífice los invitó a seguir
en esta línea y compartió algunas propuestas, que confió a los que están
implicados en los distintos ámbitos: alimentar en los jóvenes la sed de la
democracia, enseñar a los jóvenes que el bien común está amalgamado con el amor
(porque “solo el amor puede salvar la familia humana”) y educarlos en vivir la
autoridad como servicio. “Son tres caminos educativos orientados, como diría
San Pablo VI, a la civilización del amor, y que hay que recorrer con valentía y
creatividad”, declaró Francisco.
El Papa consideró que los
susodichos principios se adecuan al marco del Pacto Educativo, que se inició
con la Congregación para la Educación Católica, firmado el 15 de octubre de
2020, y aprovechó la ocasión para relanzarlo. Es “una alianza que pretende
reunir a todos los que se preocupan por la educación de las jóvenes
generaciones y que puede convertirse en un instrumento para perseguir el bien
común mundial”.
En el contexto provocado por la
guerra en Ucrania –apuntó Francisco-, destaca aún más el valor del Pacto
Educativo para promover la fraternidad universal en la única familia humana,
basada en el amor.
“La oración por la paz debe ir
acompañada de un compromiso paciente con la educación, para que los niños y los
jóvenes desarrollen una firme conciencia de que los conflictos no se resuelven
con la violencia y la opresión, sino con la confrontación y el diálogo”
Francisco agradeció a los
participantes en el congreso por el trabajo que realizan, así como a sus
instituciones, y les impartió, de corazón, una bendición a todos, pidiéndoles
que no se olviden de rezar por él.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
Vatican News