Atentas a las necesidades de las “periferias existenciales”
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| Participantes del Capítulo General de las Hijas de María Santísima del Huerto |
Frente a las 33
participantes en el XX Capítulo General de las Hijas de María Santísima del
Huerto, el Papa dirigió un discurso esta mañana en la Sala del Consistorio,
invitándolas a seguir con su misión atentas al mundo, a las necesidades de las
"periferias existenciales". Les recordó la importancia de acercarse a
los hermanos que más sufren: "Tocar con la mano nos humaniza", afirmó
el Santo Padre.
En
la mañana del sábado 26 de marzo, Francisco recibió, en la Sala del Consistorio
del Vaticano, a las Hijas de María Santísima del Huerto, quienes comenzaron su
XX Capítulo General el 18 de marzo.
El Papa las saludó y se detuvo en el sentido del
Capítulo, que, en cada familia religiosa, representa un “momento fundamental
del camino de su vida, significa encuentro, diálogo, responsabilidad, comunión
evangélica”. Al Pontífice le agradó el hecho de que las Hermanas decidieron
poner los trabajos del Capítulo General y sus frutos bajo la custodia de San
José, pues iniciaron en la víspera de su Solemnidad. “Él, el artesano de
Nazareth, que también con su trabajo, participó en el designio de salvación y
lo sirvió fielmente, como hombre justo que era”, subrayó.
Según el Obispo de Roma, este modelo de San José también está presente
en el Fundador de la congregación, San Antonio María Gianelli, a quien
consideró “un apóstol del Evangelio del trabajo, elemento esencial de la vida
personal, familiar y social”. Él fue, puntualizó Francisco, un “celoso
trabajador en el campo del Señor, dedicado al servicio a la Palabra de Dios,
tanto en la predicación como en los hechos”.
En la
predicación –subrayó el Pontífice- Gianelli testimoniaba y proclamaba la fe en
la providencia de Dios. “Con sus obras de misericordia mostró el camino de la santidad
y atrajo a la gente a seguirlo, dando ejemplos de caridad concreta y solidaria
con los más pequeños y marginados de la sociedad”, añadió.
Atentas a
las necesidades de las “periferias existenciales”
En 1829,
como explicó Francisco, San Antonio María Gianelli dio vida a un servicio
caritativo confiado a algunas mujeres, llamadas “Damas de la Caridad”, del que
tomó forma el Instituto de las Hijas de María Santísima del Huerto, más
conocidas como Gianellinas.
“En poco tiempo se
han dado a conocer en diferentes partes del mundo y buscaron cumplir con la
vocación recibida, llevando a cabo la misión evangelizadora con el trabajo de
la caridad”.
Las
religiosas eligieron el lema “Atentas al mundo, con el corazón en Dios” para el
Capítulo General, que “traduce bien la inspiración gianelliana de cuidar, de
ser prójimo, de hacer el bien, enraizado en la vida consagrada al Señor”,
consideró el Santo Padre. “Ciertamente se han preguntado cómo responder al
desafío actual de una cultura de la autorreferencialidad, de la indiferencia y
del egoísmo, que perturba el orden de las relaciones humanas y abre los
múltiples atajos de la esclavitud, la injusticia y la explotación, que ofenden
la dignidad de las personas”, agregó.
Francisco
se refirió a la presencia de las Hermanas en distintos países, donde encuentran
“tantas situaciones de sufrimiento, pobreza, prepotencia”.
“También
vuestra misión de evangelizar tiene obstáculos y resistencias, pero, sobre el
ejemplo de San Antonio Gianelli, en lugar de desanimarse, afronten estas
dificultades con confianza y esperanza, sabiendo que ustedes mismas son las
primeras pobres y necesitadas de Dios. Esta actitud humilde y valiente se
asemeja a la de la Virgen María ante sus pruebas. Hace de cada una de ustedes
una buena tierra en la que puede brotar la semilla de la caridad, que están
llamadas a ‘regar’ cada día con la oración, especialmente con la adoración,
para permanecer ‘con el corazón en Dios’, como dice vuestro lema”
La
atención como realismo, sencillez
Con estas
raíces y con esta solidez interior, afirmó el Papa, “ustedes pueden salir a las
calles del mundo y pueden hacerse, como se proponen, “atentas al mundo”.
Francisco les sugirió dos simples consejos para su reflexión y camino.
La primera
es: “Atento al mundo -en el sentido evangélico- es alguien que sabe
sorprenderse, alguien que está abierto a captar las semillas del reino de Dios
presentes en la realidad, porque sabe que el Espíritu Santo está siempre
actuando y actúa libremente y a menudo de forma sorprendente”. Francisco aclaró
que “atención” no significa juicio, prejuicio, sospecha, desconfianza o miedo,
sino “sano realismo, sencillez, sabiendo tomar las situaciones y las personas
como son, y acompañándolas en el camino de la cercanía a Dios y de la madurez
en el Señor”.
El segundo
fue acercarse, agacharse, tocar con la mano, porque “tocar con la mano nos
humaniza”, dijo, no quedándose en el balcón: “Esta es una de las cosas más
feas, el cristiano que está en el balcón”. En este sentido, el Papa recordó uno
de sus términos recurrentes, balconear, que alude a la actitud de mirar las
cosas con asepsia, sin entrar en contacto con el mundo.
“Normalmente,
cuando ... en las confesiones o en el diálogo, le pregunto a una persona:
"Pero dime: ¿tú das limosna?". - "Sí, Padre: doy limosna" -
"Y dime, cuando das limosna, ¿tocas la mano de la persona que pide, o le
miras a los ojos?" - "Pero, no sé...": esta limosna no es tuya,
mecánica. Si eres capaz de tocar, de mirar a los ojos, eso es hermoso. Eso es
importante: no balconear, tocar. Atención, pues, como proximidad, para
convertirse en vecino, para cuidar”
“Cada vez
que nos acercamos a una persona con caridad, con amor, le devolvemos su
dignidad”, enfatizó.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
Vatican News
