El Arzobispado Castrense, que atiende a las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y la Policía Nacional, recibe este domingo a su nuevo pastor tras el fallecimiento, hace casi un año, de Juan del Río
| Foto: Fandiño |
Usted nació en
Éibar, pero más tarde toda la familia se trasladó a Tudela. ¿Le afectó?
Fue como cambiar de planeta. Éibar está en el fondo de un valle, rodeado de
montañas, y se ve poco el sol. Tudela es todo lo contrario: a orillas del Ebro,
llano y con mucha luz. Me sentó muy bien. Me fui con 13 años y la transición
fue beneficiosa. Allí encontré a los amigos, a la cuadrilla con los que me sigo
reuniendo de vez en cuando. Para mi padre era volver a casa. Los demás íbamos
por primera vez a Navarra. Me he sentido muy bendecido allí.
Se encontró con
el Camino Neocatecumenal. ¿Le cambió la vida?
Hasta ese momento, el Señor me mantuvo en la Iglesia. Tuve contacto con la
Adoración Nocturna, con los capuchinos, con la Milicia… Pero hacer las
catequesis del Camino Neocatecumenal fue un momento fuerte.
¿Cómo llegó a
ellas?
El sacerdote que nos daba Religión en el instituto nos dijo que había unas
charlas y en aquellos tiempos hacíamos caso a los curas. Fui y quedé impactado
por ese anuncio del amor gratuito de Dios. Me llamó la atención que de los que
nos hablaban solo había un cura, los demás eran laicos. Además, una mujer, que
era médico, venía desde Pamplona. Escuché unas cuantas catequesis y dejé de ir.
No sabía que continuaba, que había una convivencia, una comunidad… La siguiente
vez que las hice fui para entrar.
¿Sigue formando
parte del Camino Neocatecumenal?
Hasta la actualidad. Como vicario general y luego como obispo muchas veces no
he podido ir a las reuniones, pero estoy muy agradecido de todo este tiempo. Es
un don de Dios.
Antes de entrar
en el seminario estudió Filología Hispánica. ¿Por qué?
Son varios los motivos. Tuve una profesora de Literatura muy buena. Luego fui
descartando opciones hasta que me quedé con esta, y también por el poder y la
riqueza de la Palabra de Dios, que es lengua.
¿Tuvo algo que
ver en que luego se especializara en Sagrada Escritura?
Este vínculo lo estableció el Señor. Cuando entré en el seminario renuncié a
todo lo anterior. La filología quedaba atrás. Pero a los tres años de ordenado,
mientras ejercía en Mendavia, el arzobispo me pidió ir a estudiar Biblia a Roma.
Yo no moví un dedo. Pero ahora veo que todas las piezas encajan. Fue una buena
base para afrontar la especialización.
Llega al
Arzobispado Castrense, pero no es su primera experiencia en el mundo militar.
Al terminar los estudios tenía pendiente el servicio militar. Estuve un mes en
Albatera (Alicante) y doce en Bétera (Valencia) como cabo. Tuve cierta
responsabilidad en el almacén. Tengo un buen recuerdo de los compañeros y del
conocimiento de una realidad importante como es el Ejército.
Su hasta ahora
arzobispo, Francisco Pérez, ya ocupó el Arzobispado Castrense. ¿Le ha dado
algún consejo?
Sobre todo me ha hablado muy bien de la relación con los militares, la Guardia
Civil y la Policía Nacional. Qué mejor preparación que su experiencia.
Llega a una diócesis
sin territorio. Sus fieles están repartidos por todo el país e incluso por el
extranjero. ¿Cómo afronta esta misión?
Con ánimo. Iremos organizando las visitas para saludar a todos los que
pertenecen a esta diócesis. Quiero decirles que no están solos, conocer sus
necesidades y ayudarlos.
¿Qué es lo
primero que va a hacer?
Lo primero, y obvio, es ver y escuchar. Luego, Dios dirá qué puedo aportar yo.
Antes de tomar ningún tipo de decisión o fomentar cualquier iniciativa, tengo
que conocer lo que hay. Dicho esto, una prioridad en todos los campos es la
evangelización. Es la prioridad de las prioridades. Que el Evangelio resuene en
todos los rincones de la archidiócesis. También el cuidado del clero.
Hay quien pone
en cuestión la presencia de la Iglesia en la Fuerzas Armadas. ¿Por qué es
importante?
Porque los militares son bautizados y tienen derecho a ser alimentados con la
Palabra y los sacramentos, y a ser acompañados y atendidos. También tienen que
asumir su responsabilidad en la catequesis, en la caridad, en la familia…
Tienen su peculiaridad por su servicio y dispersión, pero es su derecho como
bautizados.
En medio de
ellos están los páter, muy valorados.
Lo he podido comprobar y es verdad. Destacan por su disponibilidad, cercanía y
servicio a los servidores del bien común.
Fran Otero
Fuente: Alfa y Omega