No pasan inadvertidos los dos enormes relojes en la fachada de la basílica de san Pedro, realizados en 1785 por Giuseppe Valadier
![]() |
| Shutterstock | Hunterframe |
Si prestas
mucha atención, parecería que uno no funcionara, y hasta que perdió una de las
agujas, sin embargo funcionan perfectamente e indican la misma hora.
¿Cómo es
posible?
Simplemente
porque tienen dos tipos de medición diferentes.
El reloj de la
izquierda apodado “Oltremontano” (más allá del monte), indica la hora de la
forma que todos conocemos, dividida en 24 horas, es decir, con el método
francés.
En cambio el
reloj de la derecha, posee una sola aguja que cruza toda la esfera en diagonal
e indica la hora en “cursiva”, el llamado sistema itálico, que fue el más usado
hasta 1797.
Este tipo de
medición comienza al atardecer de cada día y la finalización de la vigésima
cuarta hora ocurre en la siguiente puesta del sol.
El conteo según
la hora itálica comienza al atardecer de cada día, es decir, a partir de la
hora XII (alrededor de las 6.00 pm), y se completa al día después de la puesta
del sol.
![]() |
| Shutterstock | ncristian |
¿A qué servía
la hora itálica?
La hora en
cursiva permitía en la vida diaria de aquella época, ilustrar de inmediato las
horas de luz que quedaban en el día: bastaba con restar la hora indicada en el
reloj a las 24.
Si el reloj
indicaba 8, restaba 8 de 24 y el resultado, 16, eran las horas restantes de luz
del día. Saber cuánto quedaba de luz durante el día era muy importante en
aquella época, para el trabajo, comercio y vida diaria, no había una
iluminación eléctrica como en la actualidad.
El marco de la
cúpula
Desde abajo no
se puede apreciar ni la belleza ni la grandeza de los relojes.
Cada uno mide 4
metros de diámetro. Los cuadrantes están realizados en mosaico y se colocaron
entre dos ángeles de travertino. Están coronados por la tiara papal y las
llaves cruzadas, símbolos de la Santa Sede.
Los relojes
estéticamente tienen la función de elevar lateralmente la fachada y enmarcar
visualmente la cúpula.
Trata de ver la
fachada de la basílica sin estos maravillosos relojes, sin duda le quitarían
magnificencia…
Maria
Paola Daud
Fuente: Aleteia

