Al avanzar en el camino hacia el cielo, lleva a tantas personas como puedas, incluidos amigos y familiares
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A veces puede resultar tentador quedarnos con el cielo «para
nosotros». Nos contentamos con progresar en el camino de la virtud y
perfeccionar nuestra vida de oración de manera solitaria.
Sin embargo, Jesús no quería que fuéramos santos
aislados de otras personas. Jesús animó a sus apóstoles:
“Vayan por
todo el mundo y proclamen el evangelio a toda criatura”.
Marcos
16,15
El cielo está destinado a ser una gran «fiesta», en la
que nos reunimos con amados amigos y familiares compartiendo las glorias y la
felicidad de la visión beatífica.
Esta es una de las razones por las que debemos hacer todo lo
posible para llevar a otros con nosotros en el viaje al cielo. Queremos que
compartan la alegría del cielo y no queremos ser los únicos.
Nunca pierdas la esperanza
El padre Francis Xavier Lasance expresó una idea similar en su
libro My
Prayer Book de principios del siglo XX.
¡No vayas al
cielo solo! Lleva a alguien contigo. Madres, lleven a sus hijos con ustedes.
Ora mientras tengas aliento en tu cuerpo; nunca te desesperes y nunca pierdas
la esperanza de que tus seres queridos, sin importar cuán lejos hayan vagado
sus pasos, algún día estarán contigo ante el Gran Trono Blanco.
Incluso si nuestros amigos y familiares nos abandonan debido a
nuestra fe, debemos esforzarnos por “llevarlos al cielo” a través de la oración y
el ayuno.
Todavía podemos tener un efecto en sus vidas en el
ámbito espiritual, incluso si ya no tenemos ningún contacto con ellos.
Sobre todo, ¡no nos contentemos con ir solos al cielo, sino que
llevemos con nosotros a tantos de nuestros seres queridos como sea posible!
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia