Francisco recuerda hoy, en su última catequesis sobre este tema, cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús
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| Audiencia General |
El Papa Francisco termina hoy su ciclo de catequesis sobre la
oración cristiana durante la audiencia general en el patio de San Dámaso y
exhorta a tener el valor y la esperanza de sentir la presencia de Cristo en
nosotros: que nuestra vida sea "para dar gloria a Dios".
Después de varios meses en los
que el Pontífice ha reflexionado sobre la oración cristiana, Francisco recuerda
hoy, en su última catequesis sobre este tema, cómo la oración es una de las
características más evidentes de la vida de Jesús: “Jesús rezaba y rezaba tanto
- ha dicho el Papa – y durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el
diálogo con el Padre es el núcleo incandescente de toda su existencia”.
De hecho – continúa el Papa –
“los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más
intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte”, asegurando que estos
sucesos culminantes constituyen el núcleo central de la predicación cristiana,
el kerygma: “esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son
el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas
reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la
muerte y resurrección arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús”.
Jesús no ofrece
salvación episódica, sino la salvación total
Francisco después ha explicado
que Jesús no fue “un filántropo” que se hizo cargo de los sufrimientos y de las
enfermedades humanas: “fue y es mucho más” dice el Papa. “En Él no hay
solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una
salvación episódica – la que me salva de una enfermedad o de un momento de
desánimo – sino la salvación total”.
La oración de Jesús
es intensa, constante y única
Después, el Papa enumera una
serie de acontecimientos en los que vemos a Jesús rezando: “Son las horas
decisivas de la pasión y de la muerte, en las que vemos una oración intensa,
única y que se convierte en el modelo de nuestra oración” asegura el Papa.
“Él reza de forma dramática en el
huerto del Getsemaní, asaltado por una angustia mortal. Reza también en la
cruz, envuelto en tinieblas por el silencio de Dios. Es la oración más audaz,
porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los otros, por
todos, también por aquellos que lo condenan, sin que nadie, excepto un pobre
malhechor, se ponga de su lado. Todos estaban en contra de Él o eran
indiferentes. Sólo ese malhechor reconoció el poder. En medio del drama, en el
dolor atroz del alma y del cuerpo, Jesús reza con las palabras de los salmos;
con los pobres del mundo, especialmente con los olvidados por todos. Sintió el
abandono; y rezó”.
Al final, en la cruz “se cumple
el don del Padre – dice el Papa – que ofrece el amor, es decir, se cumple
nuestra salvación”.
Jesús nunca nos
abandona, siempre reza por nosotros
Al final de su reflexión,
Francisco recuerda que incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos,
“nunca estamos solos” y “la oración de Jesús está con nosotros para que su
palabra nos ayude a avanzar”.
“Recordad – dice el Papa – la
gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos
sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la
comunión del Espíritu Santo”. Y no olvidemos – prosigue – que “Jesús reza por
mí, incluso en los peores momentos”.
La exhortación final del
Pontífice es a “tener coraje y esperanza para sentir fuertemente la oración de
Jesús y seguir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios sabiendo que
Él reza por mí”.
Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano
Vatican News
